Una buena costumbre argentina, ¡comer en familia! Una buena costumbre argentina, ¡comer en familia!

Comer en familia es quizá el momento más significativo del día, ya que se reúnen todos (o casi) los miembros de la misma para compartir una comida.

La innumerable proliferación del delivery de todo tipo de comidas, los locales de comida rápida y la conveniencia de comprar alimentos listos para consumir parecen haber derrotado a la cocina casera y a la posibilidad de sentarse a comer en familia. Pero no todo está perdido. Es una ocasión en el que se fomenta la pertenencia de los integrantes y es un punto de encuentro común en la vida diaria que fortalece la unidad familiar.
Incluso hay estudios científicos que abordaron la temática y concluyeron que comer en familia con frecuencia aporta importantes beneficios para la salud, la calidad de la dieta y la calidad de vida de los participantes.

Buenas noticias

En cuanto a sentarse a la mesa, los argentinos somos los campeones. Una encuesta mundial aseguró que siete de cada diez argentinos preparan comida casera más de seis veces por semana, por sobre Europa, los Estados Unidos y el resto de América latina. Lo mismo ocurre con la frecuencia con la que padres e hijos comparten la mesa: el 95 por ciento de las comidas del día se disfrutan alrededor de la mesa hogareña: “En Argentina, el 95 por ciento de las comidas del día se disfrutan alrededor de la mesa hogareña”. 
Definitivamente comer en familia solo tiene beneficios y sería interesante conocerlos como para reafirmarlos y fomentar la mesa familiar.
• Las comidas familiares (frecuencia, lugar, orden, estructura) fomentan la alimentación saludable. La familia tienen un rol fundamental en la educación de los chicos de la casa en la adquisición de hábitos alimentarios adecuados, que se mantendrán de por vida.
• Diversos estudios concluyen que los niños y adolescentes que comen con mayor frecuencia en familia poseen dietas de mayor calidad, con un mayor consumo de frutas y verduras, cereales integrales y alimentos ricos en calcio y un menor consumo de comidas preparadas, de alimentos ricos en grasa y gaseosas, y menor prevalencia de padecer comportamientos alimentarios nocivos como anorexia y bulimia.
• Lo que una familia come cuando se reúne, cómo y cuándo lo hace refleja su identidad y herencia cultural, étnica y religiosa. Cuando los niños participan de estas comidas comienzan a aprender más sobre esa herencia e historia familiar.

Lo fundamental

Es cierto que comer en familia es fundamental para el desarrollo físico, emocional y social de los hijos, y el bienestar y la calidad de vida de los padres, pero lo difícil, a veces, es fomentar el hábito sobre todo cuando los chicos van creciendo y tienen sus actividades independientes del núcleo familiar.
Aquí algunos consejos:
1. Intentar comer toda la familia junta al menos una vez al día, en el mismo espacio del hogar. No necesariamente debe ser la cena.
2. Comer sentados a la mesa y mantener una charla, es decir, no a la televisión y dispositivos como celulares ni tablets en la mesa.
3. Tratar de incluir menús variados que aporten diferentes sabores, texturas y colores.
4. Ir presentando a los más pequeños que se incorporan a la mesa familiar alimentos nuevos, con preparaciones distintas que no hayan probado antes, en pequeña cantidad (las guarniciones son una buena forma de hacerlo) de manera que vayan adaptándose a la alimentación del adulto.
5. Sí a beber agua. Dígale no a las gaseosas en la mesa. 
6. Es preferible que el postre sea una fruta.

¿Quiere que su hijo se alimente bien?

Si los chicos tienen hambre y no es hora de comer es posible que se deglutan cualquier cosa comestible que encuentren. Es un riesgo para la dieta si hallan papas fritas, galletitas, alfajores, gaseosas, etc. Por eso, es importante que ese tipo de alimentos no estén tan al alcance de ellos. Lo recomendable es tener “a mano” alimentos saludables como frutas, frutos secos, cereales, etc.

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