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Llega San Valentín y con él, el oso de peluche. Estos peludos animalitos sin embargo parecen no sonreír: ¿Siempre fueron así de serios?

El origen del famoso Teddy Bear

Si se considera que la industria del juguete está repleta de imágenes que agradan a los niños, y la expresión de felicidad es el rasgo obligado de muñecas y peluches, uno se pregunta por qué los osos de peluche tienen un gesto tan adusto. Por lo tanto, fue necesario contactar a artistas, diseñadores, coleccionistas y fabricantes de osos de peluche para sacar a la luz qué es lo que realmente le preocupa a los ositos que, comúnmente, fruncen el ceño.

Curiosamente, los primeros osos de peluche se fabricaron en Alemania y en los Estados Unidos en el mismo año: 1902. Mindy Kinsey, editora de la revista Teddy Bear and Friends (Los osos de peluche y sus amigos), cuenta la historia. Al menos en un comienzo, los osos de peluche se diseñaban para parecer reales: en Alemania se diseñaban a partir del modelo de los osos que Richard Steiff observó en el zoológico y en el circo. En los Estados Unidos, se inspiraron en los osos que cazaba Teodoro Roosevelt (y en una ocasión especial en la que falló el tiro) y se los bautizó con el mismo nombre del presidente (Teddy por Teodoro). En consecuencia, los primeros osos tenían hocicos y brazos largos, espaldas combadas y pequeñas orejas; eran bastante parecidos a los osos reales.

La boca se bordaba como una línea recta, lo que podía hacerlos verse poco felices, pero la finalidad era que se asemejaran a los osos de verdad. En algunas empresas importantes que fabrican osos de peluche, como Gund, Steiff y Russ Berrie, los diseñadores no pudieron explicar por qué los muñecos tienen esa expresión.

¿Y los osos de ahora?

En la actualidad, los osos de peluche también muestran sonrisas abiertas o diáfanas, o nostálgicas; pueden tener los labios fruncidos o cualquier otra expresión imaginable. Algunos todavía conservan la boca bordada con una línea recta, pero prefiero pensar que son expresiones de sabiduría, de contemplación, de confianza o de sinceridad; no ceños fruncidos. Jo Rothery, editor de la revista inglesa Teddy Bear Times (La época de los osos de peluche), sostiene que uno de los atractivos de los osos de peluche reside en la variedad: los que vienen con un corazón en sus brazos parecen mas tiernos que malhumorados, así que aprovechemos para regalarle tranquilos a ese ser querido. 

A
unque “todos se parezcan”, aun cuando veamos una fila de osos de peluche iguales, cada uno tendrá una expresión diferente y habrá uno que nos atraiga más que el resto y nos pedirá que lo llevemos a casa. Fue sorprendente que tres diseñadores de Gund no supieran explicar por qué diseñan el rostro de los osos de determinado modo, pero una de las artistas, Linda McCall, lo describe casi como un proceso místico: algunas de las bocas de mis osos sonríen; otros se enojan, o parecen estar realmente ¡de muy mal humor! Tan sólo depende del “sentimiento” que me provoca tal o cual oso, ¡o de quién me lo regaló!. 


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