Humor: consejos graciosos que dan las madres Humor: consejos graciosos que dan las madres

Eso dijo tu mamá ¿Su madre tiene la costumbre de decir cosas que no debería? Entonces, seguramente le cause gracia nuestra  colección de divertidos “mamapropismos”.

Recién nos mudamos al barrio, así que mis padres invitaron a algunas parejas a casa a jugar al bridge. Se intercambiaron cumplidos, se habló sobre las familias, se compararon las historias de cada uno.

“Eres de Nueva Inglaterra”, declaró mi padrastro, un orgulloso yanqui de Connecticut, al detectar un acento particular en uno de los hombres. 

“Sí”, respondió el hombre, “pero seguro que no puedes adivinar de dónde es mi esposa”.

La mujer en cuestión esbozó una amplia sonrisa, pero antes de que pudiera hablar para ofrecer un fragmento de su propio acento regional, mi madre interrumpió con la respuesta: “Debe ser de Escocia”, dijo, “porque los escoceses tienen unos dientes horribles”.

Era verdad: la mujer era de Escocia, aunque la verdad no libró a mi padrastro de la vergüenza. Mi madre siempre tuvo la tendencia de escupir la información que otras personas se guardarían para sí. No es que tenga mala intención, al contrario. Tan solo que se parece a una licuadora sin tapa: no tiene la herramienta adecuada para evitar que sus pensamientos salpiquen toda la habitación.

De todos modos, eso es una especie de rasgo hereditario de nuestra familia. Su madre también hacía comentarios sin filtro sobre las personas. Cuando cumplí 16, tuvo la generosidad de ofrecerse a pagarme una cirugía estética de nariz. Gracias, igualmente, abuela.

Las personas siempre se ríen cuando les cuento historias sobre la lengua, o la falta de pelos en la lengua, de mi familia, pero ellas también tienen, invariablemente, sus propias anécdotas. Por eso, en Selecciones decidimos coleccionar las historias favoritas de los lectores. Algunas son ocurrencias accidentales, como la de mi mamá. Otras son confusiones lingüísticas que generan una especie de simpática ensalada de palabras. Considérelas un tributo a esas madres de todo el mundo que tanto nos ayudan… un regalo verbal para el Día de la Madre. Hasta les inventamos un nombre, “mamapropismos”, en homenaje al inimitable personaje literario de la señora Malaprop. Pensándolo bien, probablemente ella también era madre.

Vestida para morir

Siempre me siento en la primera fila durante los ensayos del coro de la iglesia, pero cuando llegó el momento de nuestra gran actuación, me mandaron a la última fila. Desilusionada, le trasmití mis penas a mi mamá. Ella dijo: “Mi amor, no es porque no sepas cantar. Es porque no sabes sentarte con un vestido”. De algún modo, me hizo sentir mejor.

—Ernestina Holt Plainfield, Indiana

El desorden nos corre por las venas

A veces, mi madre venía a casa de sorpresa los domingos después de misa. Yo era una mamá muy ocupada, con mi propio negocio y seis de mis hijos viviendo en casa. Las tareas domésticas no eran algo muy importante para mí. Un domingo, mi hijo mayor, Dan, también estaba de visita. Cuando mamá comentó que todavía no conocía su departamento, él le dijo que le avisara cuándo lo visitaría así limpiaba antes. 

“Me daría vergüenza que vinieras de sorpresa”, dijo Dan. “A veces, es un desorden total”.

“¿Peor que esto?”, escupió ella.

—Mary Potter Kenyon Dubuque, Iowa

Esperen, ¡es una muy buena chica!

Mi hija preadolescente y yo habíamos salido de compras. Le hice un gesto para que viniera adonde yo estaba, y me respondió igual que siempre lo hacía cuando yo necesitaba algo de ella: “¡Espera un segundo!”. Ni lo pensé antes de gritar: “Se acabaron los segundos para ti, jovencita. ¡Ven aquí ahora mismo!”. Me arrepentí ni bien lo dije y me di cuenta de que la gente se había dado vuelta para mirarnos.

—Bonnie Skinner Dyersburg, Tennessee

Corriendo por ayuda

Cuando mi hermano, mi hermana y yo éramos pequeños y salíamos a correr al aire libre, mi mamá decía: “Si se caen y se rompen las piernas, ¡no vengan corriendo a pedirme ayuda!”.

—Kathy Milici Newton, New Jersey

Detengan las máquinas

Mi marido acababa de abrir una imprenta. La llamó Termografía Alfa, porque se especializaba en termografía, un tipo de impresión con relieve. Un día, oí a mi mamá diciéndole a una amiga: “Se llama Pornografía Alfa”.

—Janice Seidner Knoxville, Tennessee 

El primer Banco de la Nación de las Madres

Mi mamá no hablaba muy bien mi lengua materna. Cuando yo estaba atravesando mis años de rebeldía adolescente, cada tanto me enojaba y le decía: “No me des más charla”. Un día, la oí contándole sus penas a una amiga: “Lo único que me dice mi hija es ‘No me des más plata, no me des más plata’”.

—Kris Karaban Highland Mills, New York 

¿Qué dirán los vecinos?

Cuando mi madre lavaba la ropa los días soleados, le gustaba tenderla en una soga en el jardín trasero. Yo estaba hablando por teléfono con ella cuando se largó a llover de repente. “Tengo que colgar. Se está largando a llover. Me tengo que ir y sacar la ropa”.

—Sandra Youse Bethel Park, Pennsylvania

En llamas

Yo creía que estaba siendo discreta al averiguar por otros cargos de docente mientras seguía trabajando en mi distrito escolar actual. Mi mamá me advirtió: “Quien juega con fuego, se quema el trasero”.
—Helene Rae Wise San Ysidro, California

Sabiduría en forma de sándwich

Mi madre siempre decía “Cuidado con sus PBJ” cuando quería decir “Cuidado con sus p y sus q”.

—Kathryn Schuller Port St. Lucie, Florida 

Por Dios, ¡qué cambiada estás!

Un día, mi madre se cruzó con una mujer que le dijo que habían sido compañeras de secundario. Mi mamá insistía con que no la recordaba. Entonces, la mujer vino a casa con el anuario escolar. Señaló su foto y después la de mi madre. “Claro que no te reconocí”, dijo mamá. “Eras hermosa en esa época”.

—Debbie Haakenson Anchor Point, Alaska

Síndrome de la bata blanca

A menos que esté “al borde de la muerte”, como ella dice, mi mamá se niega a ir al médico. Hace poco, vio a su médico en una recepción de la iglesia. El hombre asintió con la cabeza y le sonrió, y ella se acercó a él en la mesa de postres.

“Tengo que llamar para ir a verte”, le confió. “Ya sé que pasó mucho tiempo”. Él asintió, siguiéndole la corriente, y ella se le acercó y le susurró al oído: “¿Sabes? Te iría a ver más seguido si no me pidieras que me quitara la ropa cada vez que voy”.

El hombre se sonrojó, negó con la cabeza y se rio. “Creo que me confundió con otra persona”, dijo. “¿Tal vez con su médico?”.

—Jan Semple McKinney

A prueba de desastres

Mi madre era la reina de las preocupaciones. No importaba que mis hermanos y yo nos esforzáramos por tranquilizarla. “Preocuparse funciona”, le gustaba decir. “Miren todas las cosas por las que me preocupé que no sucedieron nunca”.

—Elaine Benton Hurst, Texas

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