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Las inquietudes de otros nos pueden ser de mucha utilidad. ¿Te sentís identificado con alguna?

Desde hace un tiempo tengo el deseo de estar más en contacto con mi espiritualidad, pero no me siento cómodo en los grupos religiosos que he visitado. ¿Dónde puedo encontrar ayuda?
Raúl B.

Estimado Raúl:
La búsqueda de la trascendencia es parte esencial de la madurez. Esto nos permite darle a la vida un sentido más profundo, especialmente en estos días en que hay tanta banalidad. Las iglesias, así como otras instituciones y grupos religiosos, nos dan el espacio para poder conocer y seguir ese camino. Pero cada persona hace su propio andar, teniendo como meta lo más importante: cultivar la paz interior y practicar el amor lo más sinceramente posible, con ella misma y con quienes la rodean. En definitiva, lo que más te acercará a Dios será tu capacidad de amar, siendo afable, tolerante, solidario y comprensivo, sobre todo con quienes ser así signifique un desafío. Busca un espacio donde puedas compartir este propósito, sin perder de vista que el trabajo está en ti.


Trato de ser positiva todo el tiempo. Si me enojo, doy vuelta rápidamente a la página para no sumirme en el malestar. A pesar de eso, tengo momentos de mucha ira que no puedo evitar. ¿Qué me está pasando?
Cecilia P.

Querida Cecilia:
Los seres humanos hemos estigmatizado las emociones que nos hacen sentir mal, y a menudo se nos olvida que forman parte de nuestra naturaleza. Y lo que se reprime, termina por explotar. Nos da miedo experimentar emociones como el enojo, la ansiedad o la tristeza porque creemos que, si las sentimos, jamás desaparecerán, o que no podremos manejarlas y terminarán por controlarnos. Sin embargo, eso ocurre justo cuando hacemos lo contrario: al evitarlas, se vuelven inmanejables. Tenemos que aceptar nuestra vulnerabilidad para poder alcanzar el equilibrio emocional. No reprimirlas tampoco significa ventilarlas sin reparos. Por eso es importante crear las condiciones para poder experimentarlas y luego dejarlas ir de nuestro cuerpo. Algunos eligen un deporte o el arte; otros, conversar con un amigo que esté dispuesto a escuchar sin emitir juicios críticos, o bien, integrarse a algún grupo de apoyo. Elige la opción que te resulte más cómoda, pero acoge siempre bien esas emociones, ya que tienen una razón de ser.


¿Podemos los seres humanos hablar sin ofender? en mi trabajo es común que todos digan lo que quieren, y generar una ofensa. ¿Cómo puedo afrontar esto?
Alicia S.

Alicia:
Hay muchas razones por las cuales la gente ofende, pero son aún más aquellas por las que nos sentimos ofendidos, aunque no sea esa la intención de quienes nos hablan; es decir, la ofensa no siempre depende de lo que el otro dice, sino de cómo reaccionamos al oírlo. Comprender esto es la clave para que puedas convivir con tus colegas sin tener que sacrificar tu bienestar. El motivo más común por el cual nos ofendemos es tratar de tener la razón siempre. Cuando no nos dicen lo que queremos oír, nos enojamos. O llegamos a tomar un comentario como una provocación, cuando la otra persona en realidad está hablando con ira de sus propios conflictos; a veces, por ejemplo, la envidia se disfraza de crítica. Si logro darme cuenta de esto, no me siento ofendido, porque entonces comprendo lo que están diciéndome. En síntesis, Alicia, trata de elegir cómo quieres tomar lo que te dicen. Las palabras son herramientas del inconsciente y debemos aprender a descifrar lo que quieren decirnos, y no solo lo que están diciéndonos. Hazte este propósito: no negocies tu paz. Aunque tal vez sea muy poco lo que puedes hacer para que los otros cambien, en tus manos está decidir cómo interpretar sus palabras.

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natalia

Muy buenos consejos! Gracias!

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erica elizabeth

hola .. muy buenos consejos me gusta !!! lo tendre en cuenta ! me ecanto la nota !!!! siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... gracias !!!

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Patricia Liliana Noemi

Muy bueno

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Elva Natalia

Son buenos los consejos, personalmente creo que por sobre todas las cosas lo mejor es estar en comunión con Dios y hacer su voluntad, eso sin duda nos dará paz, y podremos luchar contra nuestras propias debilidades. El mismo San Pablo dice: el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Solos

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Arturo Alejandro

Bien

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