Cómo influye el orden de nacimiento en las personas Cómo influye el orden de nacimiento en las personas

¿Primogénito, intermedio, o benjamín? Eso determina por qué sus hermanos y usted son tan distintos.

Supongamos que está planeando una fiesta. Si una semana antes tiene cada detalle perfectamente organizado, incluidas las servilletas de colores haciendo juego, seguramente es el primogénito. Si de pasada junta unas cuantas cosas e invita a más gente de último minuto, sería seguro aventurar que es el de en medio. Si prefiere que alguien más planifique todo, para usted simplemente llegar y agasajar a todos, probablemente sea el menor.

El orden de nacimiento y su influencia en la forma de vivir la vida, ha sido, desde hace más de un siglo, objeto de fascinación entre investigadores, psicólogos, terapeutas y quienes están interesados en la dinámica familiar. “La gente usa el orden de nacimiento como una forma de darle un sentido más profundo a su existencia”, comenta Frank Sulloway, profesor del departamento de psicología de la Universidad de California en Berkeley. Sulloway es uno de los estudiosos más prominentes del mundo en este tema. Afirma que los hermanos comparten apenas la mitad de los genes, lo que deja el resto de la explicación de sus discrepancias de personalidad a una combinación de genes distintos e influencias ambientales. “Y esta variable sigue siendo una de las mayores diferencias que hemos podido documentar”, agrega. De hecho, las desemejanzas por este factor son casi tan determinantes como el género.

Suponemos que los hermanos nacen en el seno de la misma familia, pero la realidad es otra. Los primogénitos llegan a un ambiente de adultos y por lo general reciben mucha atención de padres primerizos que están cautivados por cada logro y aterrados por cada percance. Los intermedios nunca tienen a los padres para ellos solos y sus hermanos mayores, que corren, trepan y hablan antes que ellos, los opacan; además, después se espera que sirvan de ejemplo para los menores. El benjamín se integra a un hogar ajetreado, con padres relajados; pronto aprende a intercambiar encanto por atención. Así, los mayores están condicionados para triunfar; los intermedios, para adaptarse, y los menores, para deleitar.

Si bien Marion Balla, terapeuta de Ottawa, Canadá, advierte que el orden de nacimiento no es la causa directa de ciertos rasgos de la personalidad, manifiesta lo siguiente: “Creo que es uno de los factores preponderantes en el desarrollo de esta”. Balla es presidenta del Grupo Adleriano de Orientación y Asesoramiento, llamado así por Alfred Adler, psicoterapeuta austríaco que fue el primero en vincular dicho escalafón con la personalidad a principios del siglo pasado. Balla apunta: “Desde hace 40 años he utilizado este concepto con el propósito de ayudar a la gente a comprender cuál es la imagen que tienen de sí mismos y la manera en que incide en sus relaciones interpersonales”. Entonces, ¿qué implica en realidad el orden de nacimiento? Descúbralo en estas páginas.


Los hijos primogénitos: Apuntan alto

Las investigaciones alrededor del mundo sugieren que los hijos mayores tienen más en común entre ellos que con sus propios hermanos. Los mayorazgos aprenden rápidamente a complacer a sus papás. Se convierten en los minipadres —conscientes, organizados y confiables— de sus hermanos menores. Apuntan alto y eligen profesiones sólidas y establecidas, como la abogacía, la medicina, la docencia o la contabilidad, mediante las cuales ascenderán a cargos relevantes.

A Kevin Leman, psicólogo de Tucson, Arizona, y autor de una serie de libros sobre el tema, no le sorprende. “Los primogénitos siempre mandarán”, señala Leman. Diversos estudios demuestran que tienen de dos a tres veces más probabilidades que los últimos de convertirse en directores ejecutivos. Y un estudio noruego de 2007, ya clásico entre los entendidos, determinó que los primeros vástagos tienen un cociente intelectual, en promedio, tres puntos más alto que el de el siguiente hermano. Esto seguramente se deba a que los progenitores le dan más estímulo mental al primero.

“Cuando crían al mayor, los padres disponen de más tiempo para leerle y explicarle cosas”, comenta Meri Wallace, terapeuta familiar den Nueva York y autora de un libro sobre el tema. Por ejemplo, durante una caminata, el papá podría preguntarle al pequeño “¿Por qué crees que el cielo es azul?”, explica. Los hijos mayores tienden a desarrollar habilidades de razonamiento analítico y conceptual. Tal vez por ello, 21 de los 23 primeros astronautas de la NASA encajaban en esta categoría; así como Albert Einstein y Winston Churchill.

Sin embargo, sienten mayor presión por triunfar y pueden convertirse en perfeccionistas. Además, por creer que solo hay una forma correcta de hacer las cosas, podrían ser críticos con otros métodos. 

Leman comenta que quienes nacen después, los de en medio y menores, lo notan en las reuniones familiares. “Has podido criar cuatro hijos y sin embargo tu hermana mayor viene a decirte cómo cocinar”.


La presunta personalidad de los primogénitos 

Su filosofía de vida es: “Voy a hacerlo bien y tú deberías hacer lo mismo”. Es consciente, confiable, serio, organizado, analítico y enfocado en metas. 

Es considerado un líder, alguien que soluciona problemas; la incapacidad para perdonar y su actitud mandona podría provocar rechazo.

Podría hacer carrera en ingeniería, abogacía, medicina, docencia, enfermería, o administración.

De su pareja espera tanto como de sí mismo, lo cual podría decepcionarlo. El matrimonio entre dos primogénitos provoca roces, indica Leman: ambos pugnan por mandar. Usted congenia mejor con alguien nacido después.

21 de los 23 primeros astronautas de la NASA eran primogénitos, así como Albert Einstein y W. Churchill.

Cómo influye el orden de nacimiento en las personas

 Los hijos intermedios: Poco convencionales

Mientras que los mayores quieren hacer las cosas bien, los que nacen después buscan hacer todo de otra manera. El segundo hijo observa cuidadosamente el lugar que el primogénito ha ocupado y luego se labra su propio sitio particular. Si el primero se destaca en matemáticas, tenis y violín, el segundo podría dedicarse al arte, la guitarra y la patineta. En el mundo de los laureados con el Premio Nobel, los primogénitos abundan en las ciencias; los posteriores, en la literatura. Históricamente, los de en medio han sido responsables de impulsar el cambio social: han luchado por la igualdad, la libertad de expresión y de culto, y la abolición de la esclavitud, indica Sulloway. La madre Teresa, Darwin, Nelson Mandela y Gandhi pertenecían a este club.

La llegada de un tercer hijo genera un intermedio y estos son difíciles de clasificar, lo cual les viene muy bien a ellos, pues evitan, a toda costa, ser encasillados. A menudo reconcilian a sus hermanos, así que son estupendos negociadores y mediadores. Un estudio muestra que a los hijos intermedios les va mejor en situaciones grupales que a los primogénitos o menores. “Tienden a saber cómo llevarse bien con la gente y a calmar una situación acalorada”, expresa Wallace. “Ellos ven las cosas desde ambos ángulos”.

Los intermedios son los que menos fotos tienen en el álbum familiar. Al disfrutar poco tiempo a solas con los papás, los intermedios forman vínculos con sus pares y a menudo desarrollan extensas redes de amigos. Si bien podrían amar profundamente a sus familias, están más inclinados a mudarse lejos de la casa paterna, los que menos se preocupan por su genealogía y los que mejor preparados están para las vicisitudes de la vida.

Los de en medio tienden a ser monógamos y más felices en sus relaciones, según encuestas israelitas sobre la felicidad. Katrin Schumann, coautora de un libro al respecto, dice que estos son más abiertos y atrevidos respecto al sexo, pero son menos propensos que sus hermanos a serles infieles a sus parejas. También es raro que vayan a terapia y, de acuerdo con un estudio español realizado en 2013, es menos factible que les diagnostiquen trastornos emocionales. Tal vez se deba a la compañía constante de sus hermanos.


La presunta personalidad de los hijos del medio

Su filosofía de vida es: “Veamos esto de otra forma”. Es sociable, flexible, de mente abierta, espíritu libre, ingenioso, agradable y, a veces, rebelde. La gente lo considera un conciliador, defensor de los desprotegidos y un enemigo de las injusticias.

Evita la confrontación y ser clasificado. Su secretismo, falta de determinación y poca disposición a compartir sus sentimientos podrían ser chocantes.

Podría seguir la carrera de la mediación, la diplomacia, el trabajo social, la docencia u optar por el autoempleo.

Es fiel. Cede ante su pareja en aras de la cooperación. Un matrimonio entre dos intermedios podría evitar lidiar con los problemas y no comunicarse bien, señala Balla. ¿Su mejor partido? Un primogénito o un benjamín.

La madre Teresa, Darwin, Nelson Mandela y Gandhi eran intermedios.

Cómo influye el orden de nacimiento en las personas

Los hijos menores: Buscan llamar la atención

El benjamín de la familia se enfrenta a una disciplina relajada, menos responsabilidades y una mayor audiencia. Aunque rara vez se les pide su opinión o se escuchan sus puntos de vista, aprenden pronto que ser graciosos y adorables sirve de mucho para conseguir atención y aprobación. No sorprende, entonces, que varios comediantes sean benjamines: Jim Carrey, Tina Fey, Robin Williams, Steve Carell y Billy Crystal, entre otros.

Además son emprendedores. Un estudio inglés de 2016 encontró que los hijos menores de familias sin relación empresarial tienen más probabilidades que sus hermanos mayores de montar sus propios negocios. Pero su afán por asumir riesgos tiene desventajas: son vulnerables a las adicciones, a decir de Sue Varma, psiquiatra radicada en Nueva York. Son más propensos a fumar y a empezar su vida sexual a menor edad. Un estudio entre adultos suecos detectó que los menores tienen más posibilidades de morir de cánceres relacionados con las vías respiratorias. Los investigadores suponen que se debe a que empiezan a fumar antes, lo que propicia un hábito de larga duración.

No obstante, también hay buenas noticias para ellos en el ámbito de la salud. Según un estudio japonés de más de 13.000 niños de entre 7 y 15 años, publicado en 2011, los hermanos pequeños tienen menos probabilidades de padecer fiebre del heno y alergias alimentarias. Una posible explicación: A los mayores se les sobreprotege de los gérmenes en comparación con sus hermanos, que quedan expuestos a los bichos que los grandes traen del colegio. Además, para cuando llegan los benjamines, sus padres podrían haberse relajado en cuanto a mantener la casa reluciente, reforzando así sus sistemas inmunitarios.


El menor y su presunta personalidad 

Su filosofía de vida es: “Suena divertido. ¡Hagámoslo!”. Es encantador, impetuoso, afectuoso, convincente, sentimental, inseguro y aventurero. Anhela la atención y el respeto, y evita responsabilidades.

La gente lo considera el alma de la fiesta, un temerario y alguien vanguardista. No obstante, estos otros rasgos podrían molestar: ser distraído, egocéntrico o manipulador.

Podría hacer carrera en la actuación, la comedia, la música, las artes, los deportes, y el marketing.

En las relaciones románticas, es adorable, pero tiende a acaparar la atención. Tiene poca paciencia con cosas como pagar las cuentas o hacer citas y le deja esas responsabilidades a su pareja. Un matrimonio entre dos benjamines se centraría en la diversión a expensas de las obligaciones. Su mejor opción es un primogénito o un hijo único. Los benja-
mines necesitan que los primogénitos los encaucen y estos que los menores les enseñen a relajarse.

Varios comediantes famosos son benjamines: Jim Carrey, Tina Fey, Steve Carell y Billy Crystal, entre otros.


Cómo influye el orden de nacimiento en las personas

Cuál es el efecto de la diferencia de edad en las personas

Si no se identifica con ninguna de las descripciones anteriores, no debe sorprenderse, explica Jennifer Campbell, psicóloga e investigadora del orden de nacimiento de la Universidad de Georgia. “Solo el 60 por ciento de los individuos se identifican con estas categorías”. Hay muchas variables que podrían sesgar sus efectos, incluido el género. Si nace un varón después de una o varias niñas (o una mujer luego de uno o varios chicos), ese bebé será criado como un “primogénito funcional”, el primer niño o la primera niña. Si la diferencia entre hermanos es de cinco años o más, los efectos del orden de nacimiento se desvanecen; un divorcio, discapacidad o la muerte de algún miembro de la familia también podría distorsionarlos.

Las familias pequeñas de hoy implican un exceso de primogénitos e hijos únicos, así como un déficit de intermedios. “Al haber familias más compactas corremos el riesgo de tener más pequeños perfeccionistas e intrépidos”, afirma Leman.

¿Qué sucede con los chicos sin hermanos? A lo largo de la vida, el hijo único recibe la atención íntegra de sus padres, lo cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes. “Se es el primero y el último en nacer, así que se tiene una mezcla de experiencias”, indica Wallace. Si bien apunta alto, también lo consienten. Al mismo tiempo, “los hijos únicos son como adultos chiquitos porque viven en un mundo adulto”, comenta Campbell. Pero no se sienta mal por los hijos únicos: un estudio inglés detectó que son más felices porque no tienen que afrontar la rivalidad entre hermanos. A pesar de la creencia popular, los análisis demuestran que los hijos únicos no son solitarios. Además, los recursos que con frecuencia pueden ofrecerles los padres les permiten alcanzar el éxito.

Un apunte final: Leman dice que, sin importar su orden de nacimiento, seguramente piense que sus hermanos tuvieron más suerte. Si es el benjamín, cree que al mayor le dieron todo lo mejor; si es primogénito, envidia que el intermedio tuvo la libertad de elegir un camino independiente, y todos se quejan de que el pequeño siempre se salió con la suya. Pero recuerde: el orden de nacimiento es solo una influencia, no su destino. 


Marcia Kaye, con información adicional de Tina Dovito y Lauren Gelman

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