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Preste atención a la aparición de sentimientos de ira o de ansiedad y, una vez identificados, ¡manos a la obra!

Usted sabe que cuando está ansioso el corazón late como una locomotora desbocada y, al respirar, siente que no llega suficiente oxígeno a los pulmones. Olvídese del truco de llenar de aire una bolsa de papel y, la próxima vez que experimente el inicio de un ataque de ansiedad, realice los siguientes ejercicios, recomienda el doctor Michael Crabtree, profesor de psicología en el Colegio Washington & Jefferson de Washington, Pensilvania.

Recuéstese en el piso, coloque una mano en el pecho e intente mantenerse inmóvil y respirar con normalidad. Respire 5 minutos y permita que la mano sienta la respiración. No mueva el pecho y deje que otras partes del cuerpo se hagan cargo de la respiración; utilice el diafragma en lugar de inhalar y exhalar profundamente con el pecho.

Fíjese en la forma en que respira en situaciones tranquilas, como cuando lee o ve televisión.

• Intente respirar en las situaciones estresantes, tales como en un embotellamiento o en una discusión con sus hijos, de la misma forma en que lo hace en las situaciones tranquilas. “Haga uso del poder de concentrarse y relajarse”, afirma Crabtree.

• Haga de esta forma relajada de respirar el sostén de su vida. “Que se convierta en su forma natural de respirar”, afirma el doctor.

• Esté consciente de que la respiración con el pecho tiene una función, pero sólo en contextos muy precisos en que se liberan emociones extremas, como en una huida o una pelea.

• Deje la cafeína para reducir el nerviosismo

• Reduzca la ansiedad con semillas de girasol. 

Intenté relajarme y aún sigo con ira, ¿qué hago?

Aprenda a no expresar esos pensamientos y emociones y guardar un silencio selectivo. Siga el siguiente consejo: “Discierna, decida y elimine”

Discierna entre un pensamiento benéfico y el que no lo es para sus fines presentes, decida no expresarlo a través de las palabras ni de los hechos y, mediante la introspección y el silencio selectivo, elimínelo.

El secreto radica en los silencios selectivos. “En cuanto se dé cuenta de que va a exteriorizar la ira en respuesta a una situación, mejor guarde silencio”, afirma Mick Quinn, autor del libro El poder y la gracia: la sabiduría del despertar (“The Wisdom of Awakening”). “Ésta fue la estrategia que siguió Gandhi, y sobra decir que los resultados fueron fantásticos”. Entonces, como dice el dicho, a veces ¡el silencio es salud!

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