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Enterate cómo fue la evolución de este animalito a lo largo de la historia y cómo llegó a convertirse en el mejor amigo del hombre.

El solo hecho de pensar en caniches salvajes deambulando por el planeta y enfrentándose con las inclemencias de la naturaleza nos hace temblar. Es difícil imaginar caniches resistiendo tormentas torrenciales o asoladoras sequías desérticas, o cazando una presa para la cena (a menos que la presa estuviera enlatada como comida para perros). Incluso cuesta pensar en su pelaje todo despeinado.

 

Pensándolo mejor, ¿qué animal salvaje cazaría un caniche? En realidad, cuesta creer que para un león sea un símbolo de estatus acercarse a otro predador y presumir: “¿Saben qué? Hoy cacé un caniche”.

 

Si te parece que esta imagen de los caniches deambulando por tierras indómitas es absurda, vas por el buen camino. Ante la pregunta sobre este insólito misterio, Nancy Purtill, asistente auxiliar en el Departamento de Biología de la Universidad de California, Los Ángeles, dio la siguiente respuesta: “Si bien solemos pensar que las preguntas nunca son tontas, ésta se le acerca bastante. Los caniches nunca vivieron en estado salvaje, así como no existieron jaurías errantes de chihuahuas. Las razas actuales de perros se crearon a partir de una selección de razas que descendieron de los perros salvajes”.

 

Rally Kinne, secretaria del Club de Caniches de América, Inc., fue un poquito menos cascarrabias: “¡No creo que los caniches hayan vivido alguna vez en estado salvaje! Evolucionaron mucho después de que los perros fueran domesticados. Si bien se desconocen sus orígenes, ya aparecen en las pinturas europeas del siglo XV (en los trabajos del artista alemán Alberto Durero) hasta los tiempos modernos. Hace mucho, pero mucho tiempo que los caniches evolucionaron de los perros, y éstos, de los lobos”.

 

Algunos bajorrelieves indican que los caniches se remontan a la época de Cristo, pero la mayoría de los investigadores cree que originalmente se los crió mucho tiempo después en Alemania como perros de agua (en alemán estos perros se llaman “pudelin”, que significa “empapado”). Quizá, los soldados alemanes llevaron a los perros a Francia, donde se sabe que siempre les han brindado un trato más amistoso que a los Homo Sapiens. A los caniches también se los usaba para rastrear trufas, en general seguidos por perros salchicha. Los caniches localizaban las trufas y los pequeños salchichas desenterraban el preciado hongo.

 

Los especialistas en perros coinciden en que todos los perros domésticos son descendientes de los lobos, con quienes, en realidad, todavía se aparean. Una de las razones por las que se desconocen los orígenes de los perros en estado salvaje es que resulta difícil distinguir, entre los fósiles, cuáles son perros y cuáles, lobos. La mayoría de las fuentes consultadas cree que los perros domesticados ya estaban extendidos en casi toda Europa y Oriente Medio en el período Mesolítico, aunque los cálculos varían ampliamente: de 10.000 a 25.000 años antes de Cristo.

 

Mucho antes de que existieran las razas creadas por el hombre, los perros en estado salvaje deambulaban por la Tierra. ¿Cómo es que esos perros, que pueden remontarse a millones de años, se volvieron domésticos? En su libro The Life, History and Magic of the Dog (Vida, historia y magia de los perros), Fernand Mery conjetura que cuando las tribus cazadoras y pescadoras se volvieron sedentarias durante el Neolítico (unos 5.000 años a. C.), el exterior de las cuevas habitadas era una especie de basurero infernal: estaba lleno de desechos, huesos de animales, conchas marinas y otros tipos de desperdicios. Pero lo que parecían despojos para el hombre era un banquete de lujo para los perros salvajes.

 

Los seres humanos, con la variedad de alimentos que tenían, no consideraban a los perros una fuente de alimento. Una vez que los perros se dieron cuenta de que el hombre no iba a matarlos, comenzaron a coexistir amigablemente. En realidad, los perros eran útiles para los humanos, y no sólo como compañía: su ladrido era señal de peligro para sus patrones cavernícolas de dos piernas.

 

Esta interdependencia natural, que surgió primero de la convivencia y después del afecto, quizá sea única en el reino animal. Mery sostiene que la relación que tenemos con los perros es fundamentalmente diferente de la que tenemos con cualquier otra mascota; el resto fue primero capturado y tomado por la fuerza: “El perro prehistórico seguía al hombre desde lejos, del mismo modo que los perros domésticos siempre han seguido a los ejércitos en su marcha. Ese perro se acostumbró a vivir cada vez más cerca de ese ser que no lo cazaba. Al encontrar en el hombre seguridad y estabilidad, y al poder alimentarse de los restos de la caza humana, permaneció por mucho tiempo cerca de sus viviendas, ya fueran cuevas o chozas. Un día, el perro cruzó el umbral, y el hombre no lo echó. Se había firmado un tratado de alianza”.

Una vez que a los perros se les permitió entrar al “hogar”, fue natural que compartieran otras tareas humanas, como la caza, la pelea o la agricultura. Es difícil imaginar a un caniche como un perro de caza, apresando patos muertos con la boca, aunque no tanto como imaginar a los caniches enfrentándose con dinosaurios y pterodáctilos… o peleando con jaurías de chihuahuas.

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Dennis

buena nota !!!!!!!!!!!!

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