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En ninguna casa faltan esas molestas marcas, rayas, quemaduras, entre otros inconvenientes, sobre la superficie de nuestros apreciados muebles. Tranquilo: todo tiene solución. Te contamos cómo recuperarlos y cómo evitar otros daños.

Rayones y muescas

 

- El aparador tiene una abolladura:

Usá vapor para dilatar las fibras de la madera. Las abolladuras pequeñas se pueden arreglar con un poco de vapor. Primero verificá que la humedad pueda penetrar en la madera. Quitá el acabado del área de la depresión con una lija o un solvente, por ejemplo quitaesmalte. También podés simplemente picar el área varias veces con un alfiler fino. Luego cubrí la superficie de la abolladura con un paño doblado, colocá una tapa de botella metálica en el paño para dispersar el calor, y presioná la tapa con la punta frontal de una plancha a calor alto por unos minutos. El vapor resultante va a hacer que las fibras de la madera se dilaten. Repetí hasta que la abolladura haya desaparecido. Lijá la zona y volvé a pintar o a aplicar un acabado nuevo. No intentes hacer esto sobre enchapado o cerca de las junturas de los muebles porque el vapor puede afectar el pegamento.

 

- La mesa del comedor tiene una raya:

Usá yodo, una nuez o pomada para zapatos. Para las rayas profundas en las que se puede ver la madera al natural debajo del acabado, aquí hay algunos remedios que probablemente tengas en tu hogar:

 

Para los muebles de cerezo o caoba, coloreá la madera expuesta con yodo.

Podés ocultar las rayas pequeñas frotándolas con la parte comestible de una nuez u otro fruto seco aceitoso, o incluso con manteca de maní. El aceite vegetal o de oliva también funciona. Lustrá con un paño limpio.

Usá un hisopo de algodón para aplicar pomada para zapatos de un color que coincida con el de la madera.

 

También podés usar un lápiz o crayón reparador de muebles. Las mueblerías y ferreterías suelen vender lápices y crayones para las rayas de los muebles. Buscá el color más parecido posible a la madera, coloreá la raya y lustrá con un paño. También podés colorear la raya con un hisopo mojado en un tinte para muebles del color adecuado, de los que se consiguen en las ferreterías.

 

Manchas

 

- El aparador antiguo tiene anillos de agua:

Frotalo con un abrasivo suave. Los anillos de agua parecen permanentes, pero no lo son. Normalmente alcanza con frotar un poco con un abrasivo suave para quitar ese anillo o mancha blanca que se forma cuando alguien deja una taza de café o un vaso húmedo en una superficie de madera. Aquí hay tres soluciones rápidas:

 

Frotá la zona con cera usando lana de acero superfina (0000).

Aplicá un poquito de pasta de dientes blanca (no gel) con un paño limpio.

Mezclá cenizas de cigarrillo con mayonesa y frotá la mezcla encima de la mancha con un paño limpio.

 

Cualquiera sea el método que uses, frotá suavemente en la dirección del veteado y sé paciente; para quitar la mancha sin dañar el acabado de la madera tenés que armarte de paciencia y trabajar en cámara lenta.

 

- El mueble de madera tiene una mancha oscura:

Blanqueala con ácido oxálico. Para quitar las manchas oscuras que aparecen en los muebles de madera, se puede usar el mismo método que para los pisos de madera. Pero en este caso tenés una ventaja. Como los muebles normalmente son transportables, podés llevarlo afuera, ponerlo bajo el sol y dejar que la luz solar active el ácido oxálico, en lugar de usar la lámpara halógena, que es lo recomendable para los pisos. Asegurate primero de probar este procedimiento en un sector poco visible del mueble.

 

Quemaduras

 

- La mesa tiene una quemadura de cigarillo bastante desagradable:

¿Una cicatriz permanente? Tal vez no. Aquí hay un remedio muy ingenioso para las marcas de quemadura en la madera o el enchapado. Raspá y recubrí con esmalte de uñas:

 

1. Comenzá untando el punto quemado con quitaesmalte para disolver el acabado.

2. Con una hoja pequeña y filosa, como la de una navaja, raspá la madera quemada sosteniendo la hoja perpendicular a la superficie de la mesa y cuidando de no levantar la madera.

3. Si la madera natural es más clara que el resto de la mesa, teñila con un color similar utilizando un hisopo y tinte para muebles, disponible en ferreterías. En casos de urgencia, podés usar pomada para zapatos de color similar.

4. Cuando la mancha se seque, diluí dos gotas de esmalte para uñas transparente con dos gotas de quitaesmalte, y mezclalas con un escarbadientes. Usá un pincelito común para aplicar dos o tres capas del esmalte diluido sobre el punto quemado. Dejá que cada capa se seque antes de aplicar la siguiente. Después de unas pocas horas, pulí la zona con lana de acero superfina (0000).

 

Si la mesa tiene un acabado basado en aceite (es decir, no está barnizada) salteá el primer paso y el último, en los que se usa el esmalte y el quitaesmalte. Completá los pasos 2 y 3 y después frotá toda la superficie con un trapo limpio embebido en un aceite para acabado de maderas, como el aceite de tung o el aceite de lino hervido.

 

- La mesada de la cocina tiene una quemadura profunda:

Cibrila con un cerámico. Si la quemadura pasó el laminado, la solución más sencilla es esconder la zona quemada con un cerámico barnizado. Pegá el cerámico sobre el área afectada y usalo como posafuentes de mesada. Usá un epoxi o pegamento de PVC (cloruro polivinílico) para fijar el cerámico.

 

Otra opción es cortar la parte quemada de la mesada y reemplazarla con un panel embutido resistente al calor (disponible en varios tamaños en las ferreterías y casas de accesorios de cocina). El panel proveerá un espacio seguro para apoyar sartenes calientes, y también puede usarse para cortar alimentos. Asegurate de comprar un panel con reborde de retención, que facilitará la instalación. Primero, marcá el perímetro del panel sobre la mesada, en el área de la quemadura. Verificá la parte de abajo de la mesada para asegurarte de que no haya obstrucciones. Es probable que tengas que quitar un cajón. A continuación perforá algunos agujeros de guía y cortá la sección delineada con una sierra caladora. Seguí las instrucciones que vienen con el panel para instalarlo.

 

Enemigos de los muebles

 

Mucha gente espera hasta que es demasiado tarde para enfrentarse a las fuerzas malignas que buscan dañar los finos acabados de sus muebles. Una vez que una superficie está rayada, manchada o quebrada, arreglarla puede ser muy costoso... o imposible. Charles Sutton, editor de una conocida publicación de decoración y fabricante de réplicas de muebles antiguos de muy alta calidad, afirma que hay siete enemigos principales para los acabados de los muebles (sin incluir a los niños). Conocelos y evitalos:

 

Líquidos: uno de los problemas más comunes surge de los vasos húmedos que se dejan sobre la mesa. El agua y los demás líquidos penetran en el acabado y dañan la madera subyacente, provocando manchas difusas o blancuzcas que son difíciles de eliminar. Usá posavasos y limpiá los derrames apenas ocurren.

Calor: una taza de café caliente sobre un acabado antiguo puede crear un anillo blanco similar al causado por el agua. De igual forma, el calor indirecto, como el de un ático, puede ser perjudicial. Usá posavasos para las bebidas calientes. Mantené tus muebles apartados al menos 60 centímetros de radiadores, estufas y otras fuentes de calor. Tomá precauciones cuando guardes muebles de madera.

Polvo: el que no tenga polvo en su casa, que levante la mano. Previsible. No hay ninguna. Al llenar las grietas y causar rayas microscópicas, el polvo puede opacar los acabados. Desempolvá al menos una vez cada dos semanas con un trapo suave y libre de pelusas (una remera vieja o un pañal pueden ser ideales) humedecido apenas, ni muy seco ni mojado. Aproximadamente cada tres meses rociá con lustrador de muebles (salvo que los haya encerado) o reaplicá cera por lo menos una vez al año.

Sustancias químicas: los posavasos evitan las marcas de agua y de calor, pero tené cuidado con el posavasos que usás. Los que están hechos de material sintético, como la goma artificial, pueden aflojar y opacar los acabados de las superficies duras. Lo mismo vale para las almohadillas y cubiertas plásticas. Evitá las almohadillas y posavasos de ese tipo.

Ácidos: la grasa de la piel y la transpiración contienen ácidos lácticos y sales que pueden descomponer el acabado de la madera, dejando áreas pegajosas donde se puede acumular el polvo. El néctar de plantas y flores puede tener el mismo efecto. Ubicá las plantas lejos del mobiliario de madera fina. Podés eliminar las sustancias grasosas limpiando y puliendo a intervalos regulares. Limpiá periódicamente las zonas de contacto frecuente —como los apoyabrazos de las sillas— con una solución de limpiador de muebles y agua, según las instrucciones del envase.

Rayaduras: lo creas o no, muchas de las rayas y estrías que aparecen en los muebles no tienen nada que ver con tus hijos. A menudo los culpables son artículos poco sospechosos, como lámparas, cerámicas y otros accesorios de base dura. Cubrí las bases de estos objetos con algún tipo de almohadilla protectora, como el pañolenci autoadhesivo que se vende en las ferreterías.

Luz solar: todos sabemos cuán peligrosos pueden ser los rayos solares ultravioleta para la piel humana. Esos mismos rayos pueden hacer desastres en el acabado de la madera, como quebrarlo, agrietarlo o decolorarlo. La respuesta simple para evitar el daño por el sol es no ubicar los muebles bajo su luz directa. Pero no siempre es fácil hacer eso. Para bloquear el sol, vestí las ventanas con cortinas, persianas, mamparas o membranas protectoras contra los rayos UV. Podés plantar arbustos frente a las ventanas para que obstruyan la luz del sol. También podés rotar las lámparas y los accesorios que están sobre los muebles de madera expuestos a la luz solar para evitar que queden manchas oscuras donde da la sombra.

 

 

 

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delia elvira

gracias algunas cosas no las sabia

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jose luis

siempre se aprende algo

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Elva Natalia

Muy bueno

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