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Si no tenés un vecino que riegue tus flores mientras estás fuera de casa, podá los brotes sobrantes para reducir el consumo de agua y, luego, ...

  1. Colocá las macetas pequeñas en macetas más grandes, con arena húmeda o abono.

  2. Agrupalas en un sitio con sombra o enterralas en una pila de abono o en un cantero.

  3. Cuando plantes las flores, agregá gel para retener líquido en el abono.

  4. Colocá las macetas sobre una manta de riego húmeda, cuyo extremo debés sumergir en un balde.

  5. Las macetas con un fondo falso poseen un reservorio de agua en la base, que se conservará por más tiempo si las cubrís con abono.

  6. Cortá la base de una botella de plástico, quitale la tapa y rellená el cuello con abundante algodón. Incrustá la botella, cuello hacia abajo, en la tierra y atala a una estaca para mantenerla erguida. Llenala de agua antes de irte de tu casa y, poco a poco, irá drenando. Fabricá una para cada maceta.

  7. Si te ausentás por períodos largos, instalá un sistema de riego automático que pulverice agua para cada maceta. Algunos poseen un cronómetro para controlar el riego.

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Imagen Alicia Lidia
Alicia Lidia

¡Buenísimos consejos!

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