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A todos nos gusta decorar jardines y balcones con plantas, pero no todos somos especialistas en cuidarlas.

1. Compres plantas en negocios minoristas:

¿Para qué comprar plantas a precio de oro en florerías o en locales que venden al por menor si las podés adquirir por mucho menos en otro tipo de establecimientos? Los viveros, los jardines botánicos y ciertos mercados ofrecen las mismas especies, y tan saludables como las de la florería del barrio. Entonces, aunque al propietario se le amargue la jornada, mejor comprá las plantas en otro sitio. 

2. Regalá plantas perennes:

Podés romper el chanchito para regalarle a una amiga una linda flor en maceta en una ocasión especial. O podés perdonarle la vida al chanchito y regalar flores cultivadas en tu propio jardín. Muchas plantas perennes necesitan dividirse cada dos años a medida que crecen. Las flores que nacen de bulbos, como los tulipanes y las azucenas, se dividen con mayor facilidad. Cuando florezcan, arrancalas con mucho cuidado de la tierra, desprendé los diminutos bulbos que se han formado alrededor del bulbo original, y plantalos en una tierra de abono. ¡Eso es todo! Tendrás un regalo viviente para tu mejor amigo. 

3. Pedile a un amigo que divida sus plantas perennes:

Aunque los floristas nunca en la vida te lo van a confesar, muchas de las plantas perennes que exponen en sus vitrinas podrían conseguirse en cualquier jardín. Preguntale a uno de tus amigos si tiene alguna planta que necesite dividirse y, a cambio de llevarte algunos bulbos a tu jardín, ofrecele ayudarlo en su trabajo de jardinería.

4. El tamaño no importa:

Para ganar más dinero, las florerías quisieran venderte la planta más grande (y costosa). Pero si estás comprando plantas perennes, elegí las que estén en macetas de 1 litro y no en contenedores de 3,8 litros. Las plantas jóvenes crecen más rápido y, en una sola estación, alcanzarán el tamaño de sus parientes más caras. 

5. Tené cuidado con las plantas invasivas:

Algunas variedades ornamentales invadirán tu jardín rápidamente si no tenés cuidado, afirma el profesor en botánica Greg McArthur. Aunque en los negocios intenten venderte plantas que crecen con facilidad (con el argumento de que el cliente las prefiere), algunas se esparcen agresivamente y son muy difíciles de eliminar una vez que han pisado un jardín. Tal es el caso de las enredaderas, como la vincapervinca (Vinca minor); de las plantas florales, como las margaritas, la retama, la nomeolvides, la floripondio, la verbena y la mil hojas; y otras como las fresas, la menta y los helechos. 

Además, esas plantas podrían saltar la medianera o reja del jardín (o, más probablemente, expandir sus raíces por debajo) e invadir el terreno de tu vecino. Lo más grave es que pueden alterar el medio ambiente local a fondo. La mayor parte de ellas son ornamentales, pero mantenelas en su lugar cortando cada brote que surja ahí donde no lo deseás, o plantándolas en áreas delimitadas como macetas, canteros rodeados de pavimento o colgantes. 

6. “Tolerantes a la sequía” no significa que “nunca se rieguen”:

Atención con el autoproclamado experto que afirma que todo lo que hay que saber hacer es plantar la variedad adecuada y después olvidarse por completo del asunto. Para que tu jardín mejore, las plantas tolerantes a la sequía necesitan regarse durante el primer año después de plantadas. Para entonces, si en verdad cultivaste especies adecuadas a tu región, éstas serán capaces de vivir con el agua de lluvia, aunque no en ambientes extremadamente secos. 

7. Las mezclas de flores silvestres pueden salirse de control:

Los negocios de semillas elaboran unas cajas o bolsas con semillas de flores silvestres mezcladas que, en principio, parecerían una respuesta a todos tus males. Sólo hay que esparcirlas en el suelo, regarlas un poco y un hermoso bosque de flores silvestres aparecerá como por arte de magia. Pero, según Susan Aldrich-Markham, empleada del Servicio de Extensión Universitaria de la Universidad Estatal de Oregon, esas mezclas pueden contener especies invasivas inapropiadas para tu región. Algunas que en ciertas áreas se consideran inocuas, en otras pueden convertirse en brotes perjudiciales, depende de las condiciones ambientales. En Estados Unidos, un investigador sembró las semillas de 19 mezclas, y observó que todas contenían alguna especie invasiva para su región. Por si fuera poco, ocho plantas eran nocivas en al menos un estado de ese país. 

¿Cómo asegurarse de que tu jardín de flores silvestres es apropiado para tu región? La mejor manera consiste en elegir paquetes de semillas de una sola especie y combinarlas en casa, sabiendo a ciencia cierta lo que se va a sembrar. Si elegís una mezcla de semillas, Susan recomienda una que elabore algún negocio local, ya que entre más amplia sea la distribución, más probable será que contenga una variedad perjudicial. Verificá que el paquete especifique todas las clases de semillas que contiene, y averiguá las características de las plantas que no te resulten familiares. Todo esto implica un poco de trabajo, pero creénos que el resultado valdrá la pena y tu jardín no se convertirá en un infierno. 

8. Multiplicá los rosales con esta sencilla y secreta fórmula:

Aunque trabaja en un vivero, Rita Carey, toda una experta en jardinería, accedió a enseñarnos cómo elaborar un rociador que no perjudique al medio ambiente, con el objeto de evitar las pestes y prevenir las enfermedades de las rosas, y, lo más interesante, es que se elabora con ingredientes caseros. En un recipiente vacío de alrededor de 3,8 litros, mezclá 1 ½ cucharadita de bicarbonato de sodio, 1 cucharada de aceite vegetal, 1/2 cucharadita de detergente y 1/2 taza de vinagre blanco. Llená el resto del recipiente con agua y vertí la mezcla en un rociador. Rociá todas las hojas y tallos al menos una vez a la semana durante la temporada de crecimiento. 

9. Riego por goteo:

Se trata del mejor método para regar tu jardín o cualquier otra plantación, pues no se desperdicia el agua y el riego lento y profundo es beneficioso para la planta. Pero al instalar este sistema, los técnicos cobran como si pretendieras convertir un desierto en un bosque. Lo que sí es verdad es que existe una forma de darles a las plantas un buen chapuzón sin gastar un solo peso. Guardá algunas botellas de gaseosa de 2 litros o más grandes. Formá un agujero pequeño en la base de cada una, y llenalas de agua. Colocá cada recipiente al lado de una planta, de forma que vaya liberando el agua lentamente. Para los árboles, utilizá botellones de 20 litros —de los que se usan en los dispenser abiertos— con las válvulas abiertas al mínimo. Aunque cuentes con un sistema de riego centralizado, estos irrigadores portátiles son muy útiles para regar flores, árboles y arbustos aislados o de difícil acceso.  

Plantas para macetas 

Seguí estos secretos económicos para que las plantas florezcan en tus macetas 

No introduzcas piedras en la base de las macetas:

Cualquiera que te diga que las macetas deben estar cubiertas por una capa de piedras lo único que quiere es venderte un lote de piedras decorativas. En realidad, colocarlas supone una pérdida de dinero y no es bueno para las plantas, afirma Phil Goodin, líder del Club de Amantes de las Plantas en una secundaria de Denver. Aunque la sabiduría popular afirma que las piedras o los pedazos de una vasija de arcilla mejoran el drenaje, los expertos sostienen que ocupan un espacio necesario para el desarrollo de las raíces y, además, propician el crecimiento de hongos. Lo único que se requiere es tierra sólida. Si te preocupa la mugre que salga del agujero de la maceta, antes de llenarla de tierra cubrilo con un poco de arcilla. 

Probá alguna de estas macetas improvisadas:

La florería de tu barrio ruega que sigas tirando a la basura innumerables objetos que podrían servir como macetas. Para el exterior, por ejemplo, son recomendables los envases de plástico de los pochoclos o de los helados, a los que sólo hay que hacerles un agujero en la base para que drenen. Si no te convence su aspecto, una lata de pintura en aerosol arreglará ese problema en segundos. Mantené a tus plantas con vida cuando te ausentes. ¿Cuánto te preocupás por tus plantas cuando estás lejos de casa? Podés pagarle a alguien para que las riegue, o simplemente tomar algunas medidas antes de partir, para reducir la necesidad de regarlas:

• Siempre usá tierra con polímeros que retengan la humedad (si la tierra original no los contiene, agregalos). Estos compuestos retienen el agua para que la planta sedienta la “beba”.

• Llevá tus plantas a un lugar donde no reciban directamente la luz del sol; por ejemplo, detrás de las ventanas con unas cortinas delgadas.

• No enciendas muy fuerte la calefacción en invierno para que el interior de la casa se mantenga fresco.

• Acercá tus plantas, para que se den sombra y humedad unas a otras.

• Construí carpas para tus plantas delicadas con bolsas de plástico para la basura. Poné las bolsas boca abajo y cubrí las plantas; con una estaca, dales forma de carpa india para que el plástico no roce el follaje. Hacé algunos orificios pequeños para que la planta respire.

• Para conservar el agua en las macetas del exterior, colocalas juntas en un lugar donde el viento no las golpee.

• Por un tiempo, es posible enterrar las macetas por completo y abonar la tierra a su alrededor. 

Tal vez algún vecino se ponga triste por perder algunos pesos si ya no necesitás que te riegue las plantas, pero recordale que muy probablemente necesitarás cortar el césped cuando regreses. 

Rescatá tus plantas secas:

Si al llegar a casa después de unas vacaciones te encontrás con que tus plantas se han secado, para revivirlas sumergí las macetas en agua tibia (no caliente), en la bañera o en una pileta para chicos, hasta que dejen de salir burbujas de la tierra. Retiralas y escurrí el exceso de agua. 

Aplicá “suero intravenoso” a las plantas:

Mientras estés fuera de casa tenés dos opciones para regar tus plantas: utilizar aparatos electrónicos que las regarán automáticamente (lo que implicará un gasto considerable, de cientos o incluso miles de pesos), o, por el contrario, seguir un método un poco primitivo pero barato e igualmente efectivo, recomendado por la enfermera Jennifer James: “inyectarle” a tus plantas “suero intravenoso”, como el que se usa en los hospitales. Rellená con agua las bolsas de suero, luego de habérselo extraído removiendo la tapa. Colgá una bolsa al lado de cada planta, regulá la llave en un goteo muy lento e “inyectá” el agua a la tierra de la maceta. 

Regá las plantas con una soga:

Otra opción para regar las plantas mientras no estés en casa se basa en la acción capilar de las fibras naturales. Colocá las macetas al lado de un balde lleno de agua y cortá pedazos de alguna soga de fibra natural, tan largos como para unir las macetas con el líquido. Anclá un extremo de cada soga en el balde mediante una piedra o un ladrillo, y enterrá el otro extremo en su respectiva maceta. El agua fluirá a las plantas a través de las sogas. 

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jose luis

muy util

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