Novedades médicas para combatir el dolor de espalda Novedades médicas para combatir el dolor de espalda

Tratamientos tradicionales: analgésicos, pruebas de alta tecnología, inyecciones y cirugía. Lo último: controle el cerebro, póngase las zapatillas y priorice el buen sueño.

Después de que Marty Huggins se fracturara la zona lumbar hace cuatro años, asegura que se pasó dos años tirada en el sofá marrón del salón de su casa. Tenía miedo de hacerse daño solo con moverse un poco. El dolor obligó a Marty, de 65 años, a jubilarse como profesora de educación física y entrenadora de salto de cuerda de competición, y dejó de ir al gimnasio para siempre. Pero a pesar de las incontables visitas a especialistas, que le hicieron miles de pruebas, le pusieron docenas de inyecciones con esteroides y le ofrecieron opiáceos con regularidad para aliviar el dolor, no funcionó nada.  

Entonces, ¿cómo consiguió reducir el dolor? Simplemente cambiando el chip.

Comenzó buscando programas de investigación para gestionar el dolor hasta que por fin encontró el programa de rehabilitación del dolor crónico en la clínica Cleveland, cercana a la casa de una de sus hijas. Huggins se anotó en varias clases para aprender, cómo interactúan mente y cuerpo. Aprendió a relajarse con meditación mindfulness y a controlar su miedo y ansiedad por el dolor de espalda mediante una terapia cognitivo-conductual (TCC). También descubrió la importancia de un buen descanso y superó sus dudas para volver a hacer ejercicio. Huggins había empezado incluso a tomar antidepresivos, no porque estuviera deprimida sino porque la medicación le ayudaba a disminuir el volumen de los mensajes de dolor a través de su sistema nervioso.

“Hoy hago senderismo. Voy en canoa a pescar con mi marido y nietos,” afirma. “Realmente puedes calmar el cuerpo y cambiar el chip para apaciguar el dolor. ¡Nunca he vuelto a pasar otro día entero en el sofá!”

¿Puede comenzar la cura del dolor de espalda crónico y a corto plazo solo con un cambio de actitud? El dolor de espalda provoca una auténtica agonía a millones de personas. Un estudio llevado a cabo en Europa en 2014 reveló que el 40 por ciento de los encuestados había experimentado dolor de espalda o de cuello. Y sin embargo las evidencias continúan demostrando que los planteamientos tradicionales, como resonancias, escáneres, TAC, infiltraciones en la médula espinal, opiáceos y cirugía pueden no estar ayudando, e incluso empeorando, la situación. 

En el primer estudio sobre el consumo de opioides a largo plazo contra el dolor de espalda, publicado en 2018 en el Journal of the American Medical Association, los participantes que tomaron opioides tuvieron niveles más elevados de dolor un año después comparados con los que tomaban acetaminofeno o antiinflamatorios no esteroideos.

“El consumo a largo plazo de opioides puede de hecho empeorar el dolor, además de causar dependencia,” afirma el doctor Xavier Jiménez, director médico del programa de la clínica Cleveland que ayudó a Huggins. Las últimas investigaciones de expertos en dolor revelan lo sorprendentemente efectivas que pueden ser las estrategias sencillas. En un estudio de la Universidad de Washington, por ejemplo, se dividió a 342 personas con dolor lumbar crónico en tres grupos: los pacientes del grupo 1 recibieron el “cuidado convencional”, el tratamiento y las pautas que sus médicos particulares les proporcionaron. El segundo grupo, además de recibir la asistencia médica necesaria, practicó meditación mindfulness y yoga, y el tercero asistió a clases de TCC durante ocho semanas. Alrededor del 44 por ciento de las personas del segundo y tercer grupo tuvieron una mejora significativa con respecto al dolor en seis meses, en comparación con solo el 26 por ciento del primer grupo.

“La terapia y fisioterapia suelen ser tan efectivas o incluso más que operación e inyecciones, aunque parezcan menos ‘médicas,’” afirma Jiménez. “También son más seguras.” 

No funciona para todos los casos, por supuesto. Algunos dolores requieren tratamientos más invasivos e inmediatos. Si se unen trastornos en el intestino y la vejiga, o si se produce una debilidad progresiva en la musculatura de las piernas, por ejemplo, si le fallan las rodillas o tropieza con frecuencia, llame al médico o vaya a urgencias. 

“Si el dolor se irradia hacia las piernas o provoca entumecimiento en piernas o pies, consulte con su médico. Podría tratarse de un nervio comprimido que hay que vigilar,” afirma el investigador Anthony Delitto, especialista en espalda y decano de la facultad de ciencias de la salud y la rehabilitación y profesor del Departamento de Fisioterapia en la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos.

El dolor de espalda que dura 12 semanas o más se considera crónico. Si la causa no es obvia (una caída o un accidente de tráfico, por ejemplo), no trate los síntomas solo con antiinflamatorios. Es importante ir al médico para descubrir qué sucede. “El dolor puede ser signo de daño neuronal, de tejido o de problemas en la médula espinal que necesitan ser tratados", afirma la experta en dolor Beth Darnall, profesora del Departamento de Anestesiología y Medicina Perioperatoria y del Dolor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

Si el dolor es reciente, continúe con su actividad diaria, pero modérese al hacer ejercicio. Como suele ocurrir, empezará a sentirse mejor en tres días. Hable luego con su médico para incorporar nuevas estrategias que lo ayuden a evitar el dolor.

Novedades médicas para combatir el dolor de espalda

Haga ejercicio por su cuenta o con fisioterapia

Pasear u otro tipo de actividad puede mejorar el estado de su espalda reforzando los músculos, aliviando las tensiones y el estrés, ayudándolo a controlar el peso, e incluso desencadenando la liberación de sustancias químicas que hacen que el cerebro se sienta bien. En un estudio realizado en Israel en 2013 con 52 personas que sufrían dolor lumbar y no hacían ejercicio, con edades entre los 18 y los 65 años, el programa para caminar en cinta dio tanto resultado como los ejercicios de espalda para fortalecer los músculos del core (del centro), mejorando la capacidad de los pacientes a la hora de realizar sus actividades diarias. 

¿No le gusta pasear? “Pruebe elíptica, bicicleta, natación o cualquier otra actividad buena para su espalda, pero que le permita moverse,” sugiere Delitto. “Si nota molestias, intente continuar durante 10 o 15 minutos más. Después evalúe de nuevo cómo se siente unas horas después. Lo más probable es que se sienta mejor.” 

Otra investigación sugiere que el yoga puede ser tan bueno como la fisioterapia para el dolor lumbar crónico. De hecho, el yoga y el tai-chi están entre las terapias no medicinales recomendadas por la Asociación Americana de Médicos a los pacientes con dolor de espalda antes de comenzar a tomar analgésicos, especialmente con receta. En un estudio reciente en Estados Unidos con pacientes que sufren dolor de espalda, el 90 por ciento de los que probaron yoga o tai-chi experimentaron alivio, en comparación con el 64 por ciento que solo siguieron los consejos de su médico. 

Si tiene miedo al dolor de espalda cuando hace ejercicio, vaya a su médico para que te remita a un fisioterapeuta. En un estudio de 2018, los investigadores revelaron que las personas con dolor lumbar que eligieron la fisioterapia antes que otros tratamientos fueron un 89 por ciento menos propicias a necesitar opiáceos y un 15 por ciento menos propicias a acabar en urgencias. 

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Use el cerebro

Los expertos en dolor están analizando en profundidad un estado mental común hoy en día, llamado catastrofización. “Es normal protegerse la espalda cuando duele,” explica Delitto. “Pero en algunas personas, esto deriva en la preocupación de que cualquier movimiento les puede dañar más. Por eso dejan de hacer ejercicio, de ir a trabajar, y realizar actividades diarias. Con ello debilitan los músculos, tensan las articulaciones, ganan peso y terminan con depresión y ansiedad. 

La catastrofización juega un papel esencial en que el dolor agudo acabe cronificado y en cómo se responde al tratamiento. También está vinculado a una gran dependencia de los opiáceos. La catastrofización puede alimentar la “sensibilización central,” un cruel circuito de retroalimentación en el que el cerebro interpreta pequeñas punzadas como una agonía. 

“La investigación ha demostrado que cuando se trata la catastrofización, la intensidad del dolor disminuye. El funcionamiento diario mejora. La estructura del cerebro en las zonas involucradas con los procesos de dolor cambia, y persisten los beneficios”, afirma Darnall.

Las terapias de mente y cuerpo, como la meditación, la relajación muscular progresiva y la respiración profunda pueden ayudar a calmar su sistema nervioso para que no reaccione de forma tan agresiva al dolor. La TCC, que ayuda a canalizar los pensamientos negativos y elaborar alternativas positivas, puede detener el ciclo del miedo. 

“Pensamientos como ‘no puedo hacer nada de lo que me gusta por el dolor’ pueden ser sustituidos por ‘hay muchas cosas que puedo hacer a pesar del dolor’ y ‘puedo emplear estrategias que me ayuden a calmarme y tranquilizarme’”, explica Darnall. 

No lleva mucho tiempo marcar la diferencia. En un estudio de 2014 con 76 mujeres y hombres que padecían distintos trastornos de dolor crónico, Darnall descubrió que con una simple sesión de dos horas de TCC los participantes conseguían catastrofizar menos durante un mes. 

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Considere una prioridad dormir bien 

Casi seis de cada diez personas con dolor de espalda afirman que interfiere en el sueño, lo que desencadena un círculo vicioso. "El sueño es la forma natural de recuperación de nuestro cuerpo", señala Kevin Ho, investigador jefe del grupo de investigación musculoesquelética de la Universidad de Sídney. “Los resultados recientes sugieren que la interrupción del sueño puede afectar a los procesos corporales, incluida la sensibilidad al dolor y la inflamación del cerebro y la médula espinal.”

Una revisión reciente de 24 estudios de la Universidad de Sídney con más de 1.550 mujeres y hombres analizó en profundidad cuántas horas de sueño pueden ayudar a aliviar el dolor de espalda. Se descubrió que los que hicieron TCC o tomaban melatonina mejoraban el sueño en un 35% y el dolor en un 14 por ciento. 

Podría bastar con ajustar la postura al dormir. En un estudio en Portugal, en 2016, con 20 mujeres de entre 60 y 70 años con dolor lumbar, las que dormían de lado con una almohada entre las piernas o boca arriba con una almohada con forma de cuña bajo las rodillas dijeron haber reducido significativamente el dolor de espalda cuatro semanas después en comparación con el grupo que no cambió su postura. En otra investigación, los ejercicios que refuerzan los músculos centrales del torso redujeron el dolor de espalda, mejoraron la calidad del sueño y aliviaron la depresión y la ansiedad. 


Añada métodos sencillos

Las investigaciones recientes han confirmado que los masajes y el calor pueden producir un alivio duradero para el dolor lumbar crónico. En un estudio publicado en la revista Pain Medicine, los participantes recibieron diez masajes en 12 semanas. La mitad informaron de una mejora significativa del dolor independientemente del tipo de masaje, y la mayoría continuó mejor durante 24 semanas. 

Maximizar el flujo sanguíneo en la zona con vendas calientes, parches o cremas puede aliviar el dolor. Algunos estudios han demostrado que el masaje y el calor ayudan a estar más activos, lo que alivia el dolor.

Los dispositivos de neuroestimulación eléctrica transcutánea (TENS) emplean una corriente eléctrica de bajo voltaje para aumentar el flujo sanguíneo. En un estudio de la Universidad de Harvard en 2019, las personas con dolor de espalda que utilizaron un dispositivo TENS experimentaron disminuciones significativas del dolor y mejoraron su calidad de vida.

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