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Su billetera y su salud se lo agradecerán.

Llevarse las batas de baño. “Hay huéspedes que se llevan los artículos de higiene que se proporcionan, como champú y crema”, cuenta Ryazan Tristram, fotógrafo y bloguero de viajes. “No obstante, a veces también toman las batas de baño; no lo haga”. Si se lleva objetos más caros como ropa de cama y baño, decoración o electrónicos, se los pueden cobrar o multarlo.

 

Romper algo y no avisar. Los accidentes ocurren, pero romper algún objeto de la habitación y no informarlo puede lastimar al personal o a los próximos visitantes. Matthew, fundador de thetravelblogs.com, recuerda que, en una ocasión, una persona se cortó el pie con un pedazo de vidrio roto. “Este material es difícil de localizar, aun sabiendo que está allí; pese a que se hizo el aseo, había un trozo que la camarera no vio”, narra. “Tuvimos que darle esa noche gratis al cliente, y todo porque el anterior no dijo lo que había pasado”.

 

Cocinar en un espacio no acondicionado para ello. “Siempre que viajamos queremos ahorrar dinero”, afirma Tristram. “Algunos turistas traen aparatos de cocina portátiles; esto puede ocasionar problemas, sobre todo si la habitación no cuenta con cocina”. Pueden activar la alarma contra incendios o provocar uno, así que, si quieres economizar, opta por alimentos que no requieran calor.

 

Dejar joyas en la valija o tocador. Las empresas hoteleras no siempre pueden evitar que los ladrones metan las manos donde no deben; por lo tanto, no deje sus preciadas alhajas, billeteras o bolsos en su cuarto, a menos que los guarde en una caja fuerte. 

 

Dejar la puerta del baño abierta mientras se ducha. No tiene nada de malo disfrutar de una buena ducha caliente durante su estadía; sin embargo, tome en cuenta esto: “Las duchas de un hotel pueden crear mucho vapor; por lo tanto, es factible que si deja la puerta del baño abierta se active el sensor del sistema de alarma contra incendios que se encuentra instalado dentro de su habitación”, explica Tristram.

 

Cubrir el detector de humo. Algunos hoteles cuentan con cuartos para fumadores, pero hay quienes insisten en hacerlo en aquellos para no fumadores. ¿El problema? Estos clientes cubren los detectores de hu-mo y ponen en riesgo a los demás, afirma Byrony Summer, editora de coastingaustralia.com.

 

No inspeccionar la cama.
Ni los hoteles más refinados ni las camareras más prolijas pueden evitar que bichos espeluznantes entren a las habitaciones. “Siempre aconsejo a los turistas que pongan sus valijas en la bañera hasta que se cercioren de que no hay chinches en la cama”, dice Mitch Krayton, de Krayton Travel.

 

Reabastecer el minibar. No es delito disfrutar un trago del frigobar. “Pero si lo toma, hay que pagarlo”, puntualiza Sophia Borghese, consultora de La Galerie Hotel, de Nueva Orleans. “No intente engañar al personal reemplazando el licor con gaseosa. Esto sucede muy a menudo, pero lo notan y cobran la bebida.

 

Hervir su ropa interior. ¿Gracioso? Sí. ¿Perturbador? Absolutamente. ¿Ha sucedido? No lo dude. Summer comenta que lo peor que le ha pasado en sus 12 años como administradora es tener huéspedes que hierven su ropa interior en teteras, ollas o vaporeras para “refrescarla”.

 

Usar los almohadones. “Si no tienen fundas removibles, dé por sentado que nunca se limpian”, dice Kashlee Kucheran, viajera y copropietaria de traveloffpath.com. “Si están tan manchados y olorosos que ofenden, el hotel solo los reemplaza. Mientras tanto, puede estar seguro de que muchas cosas se han posado sobre ellos. Mejor evite usarlos”.

 

Usar el rociador de incendios como perchero. Los armarios son ideales para colgar ropa; los rociadores de incendios, no. Bob Tupper, escritor y viajero, jura haber visto a personas utilizar tales dispositivos como ganchos para sus abrigos, un truco tonto que no solo podría activar la alarma contra incendios, sino romper las tuberías, lo que empaparía las habitaciones.

 

Confiar en la seguridad del wifi del hotel. “Nadie debería, por motivo alguno, enviar información confidencial o hacer una transacción importante usándolo, a menos que la encripte”, señala Harold Li, vicepresidente de Express-VPN. “Dado lo fácil que es espiar las redes públicas, utilizarlo es como gritar sus contraseñas y datos bancarios”. Los viajeros deberían cifrar sus archivos para proteger sus actividades electrónicas.

 

Teñirse el cabello. Espere hasta llegar a casa para cambiar el color de su pelo. “Las toallas y ropa blanca que manche serán irrecuperables”, asegura Leslie Mulcahy, copropietaria de Rabbit Hill Inn, en Vermont. Si lo tiñó recientemente, evite lavárselo o lleve toalla y sábanas desechables para envolver su cabello hasta que se seque.

 

Andar a pisotones. La música y las voces altas no son lo único que debe evitar al hospedarse. “No importa qué tan lujoso sea un hotel, lo construyen con materiales que no absorben el ruido, sobre todo el del piso de arriba”, asegura Kucheran. No haga ruido al caminar para no convertirse en el “huésped fastidioso”.

 

Meter a sus mascotas a escondidas. Es tentador llevar a sus amigos peludos en sus viajes, pero no lo haga sin preguntar a los hoteles en los que se va a hospedar si aceptan mascotas. Si la respuesta es “no”, no intente hacerlo igual: los animales dejan mucha evidencia, desde pelo hasta huellas y olores: si rompe las reglas le cobrarán una tarifa de limpieza exorbitante.

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