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La controversia sobre un alimento que fue considerado el regalo perfecto de la naturaleza.

A SUS 62 AÑOS, Paul Robert, de Almere, Países Bajos, aún recuerda la insignia especial que colocaba en su saco antes de ir a la primaria. El distintivo lo identificaba como miembro de la Brigada de la Leche: un niño que bebía tres vasos por día.

Todo esto era parte de una campaña publicitaria lanzada por la Asociación de Productores de Lácteos de los Países Bajos, organización que Robert conoció desde chico. En 1957, las escuelas promovían tal programa y el gobierno financiaba la “leche escolar”.

En 1965, la entidad presentó a Joris Driepinter, un personaje de caricatura que arrasaba con la bebida. “Al hacerlo, se convertía en un súper héroe capaz de levantar elefantes —recuerda Robert—. Si tienes más de 40 años y eres de los Países Bajos, seguro creciste con la convicción de que el producto era saludable y necesario”.

Ni la insignia ni la promesa de tener fuerza sobrehumana bastaron para que Robert tomara leche de por vida. “Dejé de hacerlo hace mucho; simplemente ya no me gusta —dice—. No sé ni por qué. Fue algo inconsciente”.

Hace décadas, la leche de vaca llegó a ser reconocida como una de las bebidas más saludables a nuestro alcance, incluso mejor que el café, los jugos y las gaseosas. Pero su fama ha decaído un poco con el tiempo.

En los 50, los suecos bebían casi dos vasos y medio al día en promedio. “La cifra se ha reducido a menos de uno”, anota el doctor Karl Michaëlsson, catedrático de ciencias quirúrgicas en la Universidad de Uppsala, en Suecia.

Aunque la leche se bebe menos, la demanda de queso se incrementa rápidamente, señala Johanna Mäkelä, catedrática de cultura alimentaria en la Universidad de Helsinki, en Finlandia. “Por eso puede decirse que aún se consume mucho, aunque las formas y sus derivados han cambiado”. Conforme crecemos, hay quienes la evitan por diferentes razones: algunos no la digieren bien. Otros creen que su ingesta se asocia al desarrollo de cardiopatías. Y no olvidemos a quienes buscan opciones vegetarianas.

Si bien hace no mucho confiaban en sus bondades, hoy en día millones de personas sostienen que no es ya tan saludable por varias razones. Por eso, le pedimos su opinión a los expertos.


LA LECHE DE VACA

Llevamos miles de años recurriendo a este alimento para sustentar la vida y complementar su dieta, sobre todo en las regiones frías del planeta. La doctora Christina Ellervik, profesora del laboratorio de medicina en la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, comenta: “¿Cómo sobrevivían nuestros antepasados en los inviernos de antaño? Consumiendo carne o pescado deshidratado, y leche”.

Este es un producto rico en calcio y una fuente de vitaminas y minerales que no pueden encontrarse en otras bebidas. Además, contiene la proporción ideal de proteína, grasa y carbohidratos, lo cual la hace un alimento muy completo y balanceado.

Según distintos estudios, beberla disminuye el riesgo de sufrir un accidente vascular cerebral, diabetes tipo 2 y varias formas de cáncer. También podría evitar el desarrollo de cardiopatías y, por si fuera poco, fortalece los huesos y ayuda a aumentar la masa muscular en la edad adulta, especialmente después de los 75 años. “Los adultos mayores tienden a perder masa muscular muy rápido”, explica Ian Givens, director del Instituto de Alimentación, Nutrición y Salud de la Universidad de Reading, en Reino Unido.

“Está comprobado que las proteínas de la leche son las más recomendables para evitar dicho fenómeno”, comenta. En la vejez, un tejido muscular fuerte protege las fracturas óseas, en caso de caídas.


INTOLERANCIA A LA LACTOSA

Desde chico, Mika Hämäläinen, de Helsinki, tomaba leche en cada comida. A los 35 o 40 años empezó a sufrir dolores estomacales. Fue entonces que Mika empezó a sospechar que era intolerante a la lactosa.

“En vez de acudir a una consulta, decidí dejar de beberla. Las molestias desaparecieron al poco tiempo —cuenta a sus 57 años—. Hice la prueba varias veces y el resultado fue idéntico”.

Primero optó por consumir leche deslactosada; luego dejó la carne roja e incorporó bebidas lácteas de origen vegetal. “Me gusta el sabor y me siento mejor: más saludable y más contento”, asevera Hämäläinen.

Muchas personas padecen intolerancia a la lactosa: depende del grupo étnico al que se pertenezca, los expertos estiman que tanto en Latinoamérica como en muchos países de Asia y África puede ser mayor al 50 por ciento, mientras que en países del noroeste de Europa, esta cifra puede llegar a solo un 5 por ciento. El trastorno se presenta cuando el intestino carece de una enzima (lactasa) necesaria para digerir la lactosa, el azúcar natural de la leche y otros lácteos.

“Los genes determinan quién sí y quién no la tolerará en la adultez — explica Ellervik—. Pero el hecho de rechazarla no quiere decir que no se la consuma”.

Aunque hay presentaciones deslactosadas, los que asocian la ingesta de leche a los gases, la inflamación y la diarrea evitan cualquier variante.

“En mi opinión, muchos de los que creen padecer intolerancia a la lactosa no se han realizado estudios para confirmarlo”, comenta Givens.


GRASA SATURADA

Desde hace tiempo, las grasas saturadas —presentes en los productos de origen animal, como la leche— se han satanizado debido a que su ingesta se asocia al desarrollo de cardiopatías.

“La primera reacción de la gente es beber menos leche —apunta Givens—. Lo que olvidan es que, pese a su aporte de grasa saturada, esta también contiene muchos nutrientes”.

Ningún estudio ha logrado vincular el consumo de leche con un mayor (o menor) riesgo de padecer cardiopatía coronaria”, indica Ellervik. “Al parecer, tomarla podría elevar un poco el índice de masa corporal; sin embargo, esto depende de la cantidad y no necesariamente se traduce en una aumento en la propensión a padecer cardiopatía coronaria o diabetes”.

Como parte de sus investigaciones, Ellervik analizó el caso de cerca de 100.000 adultos daneses. Ella y sus colegas no observaron relación alguna entre el mayor consumo de leche y la presencia de diabetes o cardiopatías.

Será necesario llevar a cabo más estudios para convencer a los adultos de que los lácteos no son dañinos para el corazón; no obstante, ya hay bases.

“Hoy en día existen pruebas contundentes de que las proteínas de los lácteos reducen la presión arterial”, asevera Givens.

Un estudio realizado por él examinó a 38 personas durante tres meses y descubrió que, en altas concentraciones (como las de los licuados para atletas de alto rendimiento), la proteína láctea disminuye los niveles de colesterol y esto, a su vez, mejora la presión arterial. “En vez de analizar la leche y los lácteos de modo integral nos hemos enfrascado en el tema de las grasas saturadas”.

 SALUD ÓSEA

Desde Viroflay, Francia, Valérie Lasserre, de 52 años, asegura que ella seguía bebiendo leche porque “decían que fortalecía los huesos y preservaba el esqueleto en buena forma de por vida”.

Pero el año pasado, luego de leer algunos comentarios controversiales en la prensa, Lasserre desterró los lácteos de su dieta. Bajó tres kilos y dejó de experimentar dolor en una de sus articulaciones. Aunque ha vuelto a comer queso, ya no toma leche.

“Cuando se me antoja un chocolate caliente, lo preparo con leche de coco o almendras”, explica.

Muchos de los adultos que les rehúyen a los lácteos temen por sus huesos. Según numerosas investigaciones (como el estudio sobre la salud del personal de enfermería, que dio seguimiento a más de 70.000 profesionales durante 30 años), la ingesta de leche ejerce un efecto protector. “Se comprobó que el beneficio existe —afirma Ellervik—. Cuanto mayor sea el consumo de esta, menor el riesgo de sufrir una fractura de cadera”.

Sin embargo, algunos expertos han presentado hallazgos en contrario. Investigadores suecos analizaron cuestionarios de hábitos alimentarios de más de 100.000 personas a lo largo de varios años. La incidencia de fractura de fémur proximal resultó un 60 por ciento mayor para las personas habituadas a beber tres o más vasos de leche al día que para quienes acostumbraban consumir menos de uno. “Aunque aún no está demostrado del todo, creemos que la galactosa, un componente de la lactosa, produce inflamación y estrés oxidativo”, afirma el doctor Karl Michaëlsson, uno de los autores.

El estudio sueco es polémico, señala Lauri Wright, vocera de la Academia Americana de Nutrición y Dietética. “Contradice los resultados de estudios aleatorios con grupos de referencia según los cuales la leche (el calcio) protege los huesos contra las fracturas”.


¿ALTERNATIVA VEGETAL?

De adolescente, Michael Kallinger, de Esslingen, Alemania, tenía tanto acné que decidió consultar al dermatólogo. Este sospechó de una alergia a la leche: le pidió al paciente que evitara los lácteos cinco días y que al sexto consumiera tantos como le fuera

“Los resultados no podían haber sido más claros”, recuerda Kallinger hoy, a sus 50 años. “Mi piel mejoró mucho al interrumpir los lácteos y empeoró dramáticamente cuando volví a consumirlos”.

Michael empezó a beber leche de soja, una alternativa de origen vegetal que solo podía conseguirse en tiendas naturistas en los 80.

Hoy en día, los supermercados venden leche de almendra, avena, soja, coco, cáñamo y arroz. Aunque a muchos les gusta su sabor, estos productos no aportan suficientes nutrientes.

“No es recomendable sustituir la leche de vaca directamente con alternativas de origen vegetal porque el contenido nutricional varía mucho”, señala el investigador Sai Kranthi Kumar Vanga, experto en lácteos de la Universidad McGill, en Montreal, Canadá.

La mayoría de los sustitutos de origen vegetal carece de la mezcla de proteínas, grasa y carbohidratos presentes en la leche de vaca, así como de sus minerales y vitaminas.

“Muchos productos están enriquecidos con calcio” —apunta Givens—. No obstante, la biodisponibilidad del mineral en esas bebidas será inferior en comparación con la leche de vaca”.

 


RECOMENDACIONES PARA ADULTOS MAYORES

No se deje llevar por rumores. Salvo en caso de intolerancia a la lactosa o alergia a la leche, evite eliminar los lácteos de su dieta. “Un solo estudio no es razón para alterar nuestra conducta”, afirma Michaëlsson. “Es necesario tener más pruebas”.

Dado que los beneficios nutricionales superan a los riesgos, los expertos recomiendan incluir leche en la dieta. “Si le gusta, bébala; no hay razón para no hacerlo”, apunta Ellervik. “Contiene calorías, igual que las bebidas endulzadas, pero es más saludable pues contiene calcio, vitamina D y muchas cosas buenas”.

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