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Nuevas técnicas quirúrgicas e investigaciones esperanzadoras.

Al PRINCIPIO, EMILY PATENAUDE NO NOTÓ el dolor. Al despertar de la anestesia general después de una operación de reemplazo de rodilla en el Hospital General Victoria, en Canadá, estaba demasiado medicada. El dolor llegó unos días más tarde, cuando dejó de tomar analgésicos. 

Sabía que sería difícil. El cirujano y su equipo habían estado diciéndoselo durante meses antes de la incisión en la pierna izquierda para quitarle su antigua y artrítica rodilla y sustituirla por una de metal y plástico.  

Todo empezó 21 años antes, en una pista de esquí para principiantes. Un mal giro le provocó una fractura desde el tobillo hasta la rótula. Pese a que se curó, el trauma inicial hizo que el cartílago de la rodilla comenzara a romperse sin que ella lo notara. Con el tiempo, la articulación se debilitó tanto que la pierna izquierda daba la impresión de estar torcida.

Años más tarde, en el verano de 2014, mientras cuidaba a su nieta y jugaba a tirar de un carrito con ruedas para llevarla, la rodilla se le hinchó e inflamó, y empezó a dolerle tanto que Emily se desplomó en un sofá y no pudo levantarse durante meses. 

La osteoartritis, la afección de las articulaciones más frecuente del mundo, había avanzado en silencio durante años. Emily, habitante en la isla de Mayne, cerca de la costa sudoeste de Columbia Británica, ya no podía caminar los dos kilómetros y medio que separaban su casa de la ferretería en la que trabajaba, ni hacer senderismo, ni navegar. Casi no podía ponerse de pie para cocinar.

Frustrada, en mayo de 2015, justo después de haber cumplido 63 años, viajó a Vancouver para ver a un médico del deporte. Tras examinar las radiografías, le dijo a Emily que tenía que hacerse un reemplazo de rodilla de inmediato. 

“No hay fisioterapia ni ejercicios que vayan a mejorarte por sí solos”, le dijo.

Lo único que podía hacer era fortalecer los músculos de alrededor de la rodilla para tener una mejor recuperación y rehabilitación tras la operación. Durante cerca de una hora, el cirujano ortopédico cortaría, haría rejuvenecer y perforaría los tres huesos de la rodilla y luego, los uniría entre sí con un reemplazo que pesaba unos 420 gramos. Finalmente, colocaría todo en su lugar.

Al principio, incluso con opiáceos, cuando fue consciente “sentía un dolor… atroz” al tratar de desplazarse, dice Emily. También le dolió intensamente al empezar la rehabilitación la semana siguiente a la cirugía, mientras trataba de inclinarse, enderezarse y levantarse, y siguió doliéndole de forma atroz durante las siguientes dos semanas, por lo menos.  

Pero no se dio por vencida. “Mi trabajo es mejorar”. Así lo hizo.

Durante un mes, fue a la clínica de rehabilitación tres veces por semana. Luego, redujo las visitas a dos veces por semana. Finalmente, después de dos meses, el terapeuta dijo que ella podía hacer lo demás por sí sola, con alguna visita ocasional para revisión.

“Es fácil pensar: ‘Puedo conseguir una rodilla nueva’, pero he aprendido”, dice la mujer de 66 años. “Tienes que estar dispuesto a hacer un esfuerzo duro y doloroso. Pero, vale la pena”.

ASÍ ES UNA RODILLA SANA: tres articulaciones que encajan entre sí como piezas de un rompecabezas y funcionan de manera concertada cuando uno la flexiona y estira y patea hacia un lado. La rodilla sostiene el impacto del peso al saltar para encestar el balón en un aro de básquet, correr para llegar al final de una maratón, buscar a los hijos o nietos o levantar bolsas pesadas de las compras.

Así es una rodilla con osteoartritis: chirridos. La enfermedad es muy difícil de remediar porque el cartílago no recibe suministro de sangre, y no puede curarse a sí mismo. 

Respecto al envejecimiento de las rodillas, la Organización Mundial de la Salud descubrió que la osteoartritis es la causa más frecuente de discapacidad en las personas mayores. En un estudio de 2013, se afirma que entre el diez y el 15 por ciento de todas las personas mayores de 60 años tienen este problema en cierto grado.

Según datos de Naciones Unidas, ese mismo estudio señala que, hacia 2050, cuando más del 20 por ciento de la población mundial tenga más de 60 años, la enorme cantidad de 130 millones de personas sufrirán de osteoartritis, y casi un tercio de ellas tendrá discapacidad severa.

Candice Wong, fisioterapeuta canadiense, afirma: “La osteoartritis es como las canas. La única variable es cuántas le salen a cada uno”.

La genética cumple un papel importante en este desarrollo, como también lo hace el exceso de peso, el nivel o la falta de actividad y las lesiones previas. 

La artroplastia total de rodilla (ATR) es el procedimiento que más se está desarrollando para tratar este problema. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre 2005 y 2014 hubo un aumento constante en todos los países en los que hay datos.  

En Europa, Austria tuvo la cifra per cápita más alta, con 18.785 procedimientos en 2014, y Alemania y Finlandia la siguen de cerca. Los cirujanos estadounidenses son los que más ATR realizaron, y se espera que la cantidad suba en un 673 por ciento para 2030, pasando de unos 534.000 procedimientos anuales en 2005 a cerca de 3,5 millones en 2030.

Comenzó a practicarse en la década de los 70, y según el doctor Christopher Kaeding, cirujano ortopédico y director ejecutivo del programa de medicina deportiva de la Universidad Estatal de Ohio, la tasa de alivio de los síntomas supera el 85 por ciento.

Pero advierte de que toda esta libertad recuperada tiene un precio, especialmente cuando se hace un reemplazo total de rodilla a los 50 años o a principio de los 60. En este grupo, el procedimiento aumentó 20 veces en las últimas dos décadas, porque los reemplazos no duran para siempre. A pesar de que el procedimiento y los materiales, aleaciones de cobalto-cromo, titanio y plástico, se han refinado con los años, el desgaste por uso y la mecánica pasan factura.

“El reemplazo total de rodilla dura entre 12 y 20 años, y cada vez que se hace uno nuevo, los resultados —movilidad, flexibilidad y capacidad de soportar el peso— son menores que antes”, dice Kaeding. 

Además, varios estudios de Finlandia y los Estados Unidos descubrieron que, como los pacientes “más jóvenes” suelen ser más activos físicamente, la necesidad de un nuevo reemplazo de rodilla puede ser hasta dos veces más alta que en los pacientes mayores. Y eso, dice el doctor Kaeding, es la razón por la que últimamente trate de evitarse el reemplazo total de rodilla hasta último momento.

Para Marjukka Räsänen, contable finlandesa, agacharse y estirarse sin esfuerzo es solo un recuerdo. Cuando tenía 20 años, mientras corría a casa de sus padres, patinó y se descolocó la rótula derecha, lo que le distendió el ligamento lateral, que se encuentra fuera de la rodilla. “Tuve que operarme y pasar enyesada tres semanas, desde el pie hasta la pelvis”, cuenta. 

Veinte años después, Marjukka, ya casada y con dos hijos, estaba corriendo suave para calentar antes de una clase de karate. Patinó y cayó sobre la misma rodilla. Antes de que un médico le diera el diagnóstico, ya sabía. “Me había distendido o roto el ligamento y descolocado la rótula otra vez —dice—. Esta vez, los cirujanos me cortaron la tibia y la aseguraron en una posición diferente, para que la rótula se mantuviera en su lugar”.

Ahora, con 53 años, Marjukka, que tiene osteoartritis en las dos rodillas, está posponiendo su ATR, pese a que hay días en los que no puede dar ni un paso sin sentir dolor. 

Mientras, para evitar la rigidez en la medida de lo posible, va a clases de pilates una vez por semana, corre en una piscina y hace ejercicios de estiramiento y fuerza en el escritorio. Nada más ha funcionado, ni la recolocación quirúrgica de la tibia, ni una operación para reparar el cartílago, ni las inyecciones de cortisona, un esteroide que suele usarse para aliviar el dolor en las articulaciones mientras va curándose una lesión.  

¿Hay esperanza de más alternativas en el futuro? Sí, dicen los expertos como el doctor Kaeding y Mats Brittberg, profesor de la unidad de investigación sobre el cartílago de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia. Sin embargo, algunas están más lejos que otras, lo que incluye una forma biológica de hacer que el cartílago se repare a sí mismo.

“En algún momento se creyó que las células madre (células indiferenciadas que pueden transformarse en especializadas) podían usarse para producir cartílago nuevo, pero no ha sucedido todavía”, dice Brittberg. “Aunque sí alivian los síntomas, es una forma muy cara de hacerlo, y las compañías farmacéuticas deben demostrar que esos tratamientos son congruentes. Es una tarea muy difícil”. 

El doctor Kaeding dice que están haciéndose avances en las reparaciones enfocadas con una sustancia que imita el cartílago articular real. “Pensad en una calle de asfalto que tiene un agujero”, señala. “Ha habido avances para rellenarlo. Pero estamos muy lejos de asfaltar la calle por completo”.

Por su parte, Emily Patenaude pudo hacer el viaje de sus sueños en velero junto a su marido, y pasó cinco meses recorriendo los fiordos canadienses. No tuvo problema en agacharse, caminar, subir y sentarse.  

 

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