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Si tenés preguntas lógicas sobre cuestiones cotidianas pero insólitas de la vida, esta nota es para vos. Por ejemplo, ¿sentís que ...

1. ¿Por qué los demás oyen nuestra vos diferente de como la oímos nosotros?

 

Es probable que todos hayamos pasado por esta experiencia. Escuchamos una grabación en la que estamos conversando con amigos. Insistimos en que la grabación no se parece en nada a nuestra voz, pero las voces de todos los demás son bastante exactas. “Todo lo contrario. Tu voz suena bien, pero yo no hablo así”, nos dice un amigo.

Según el doctor Mike D’Asaro, terapeuta del lenguaje, hay un patrón universal de rechazo a nuestra propia voz. ¿Existe una explicación médica? Sí. El habla comienza en la laringe, de donde emana la vibración. Parte de esa vibración se transporta a través del aire; eso es lo que nuestros amigos (y la grabación) captan cuando hablamos. Otra parte de la vibración se transmite a través de los líquidos y sólidos de la cabeza. Nuestro oído interno y medio son parte de unas cavernas ahuecadas en el hueso temporal (el hueso más duro del cráneo). El oído interno contiene fluido; el oído medio contiene aire; y ambos hacen presión uno contra otro. La laringe también está rodeada de tejido blando repleto de líquido. El sonido se transmite de manera diferente a través del aire que a través de los sólidos y líquidos, y esa desigualdad es responsable de casi todas las diferencias tonales que oímos en una grabación de nuestra propia voz.

Cuando hablamos, no oímos nuestra voz sólo con los oídos, sino también mediante una audición interior, una transmisión mayormente líquida a través de una serie de órganos corpóreos. Durante un solo de guitarra eléctrica, ¿quién oye el sonido “real”? ¿El público, que escucha un sonido distorsionado por el amplificador? ¿El guitarrista, que oye la combinación del sonido distorsionado y del previo a la distorsión? ¿O tal vez una grabadora ubicada dentro de la guitarra misma, que capta la música “verdadera”? La pregunta no tiene solución. En el mismo momento, el gui- tarrista produce tres sonidos diferentes, y este principio es válido para la voz humana. No podemos afirmar que el grabador o el hablante sean los que captan la voz “correcta”, sino sólo que las voces son en verdad diferentes.

 

El doctor D’Asaro señala que tenemos una memoria interna de nuestra voz en el cerebro, y que esa memoria es invariablemente más rica de lo que podemos oír al reproducir una grabación. Sin duda, escuchar nuestra voz grabada es como escuchar nuestra sinfonía favorita en un radio de mala calidad; el sonido es reconocible, pero es una mala imitación de lo real.

 

2. ¿Por qué no sentimos o vemos la picadura de un mosquito hasta que empieza a picarnos?

Preferiríamos pensar que la razón por la que no sentimos nada cuando nos pica un mosquito es porque la madre naturaleza es compasiva. Si fuéramos conscientes de que el mosquito está por clavarnos sus aguijones en la piel, entraríamos en un esta- do de pánico, simplemente porque lo que tarda un mosquito en picarnos lleva mucho más tiempo de lo que suponemos.

Los mosquitos hembra no son muy amigos de la frase “toco y me voy”. Por el con- trario, estos insectos apoyan sus seis patas sobre la piel de las personas durante al menos un minuto antes de comenzar a picar. Son tan livianos y tan hábiles para cla- var los aguijones que la mayoría de los seres humanos no los sienten, aun cuando el mosquito haya estado cinco minutos posado sobre la piel.

Cuando el mosquito hembra se decide por fin a actuar y hunde sus aguijones en un tentador y jugoso capilar sanguíneo, la inserción dura alrededor de un minuto. Luego se lubrica las partes de la boca con su saliva y procede a chupar la sangre por unos tres minutos, hasta que, literalmente, le está por reventar el estómago. Retira los aguijones en unos pocos segundos y se va volando para depositar los huevos, con lo que le asegura al mundo que su especie no va a pasar a la lista de insectos en peligro de extinción por mucho tiempo.

Unas pocas almas sensibles sienten la picadura del mosquito de inmediato, pero la mayoría somos conscientes de la picazón (y en algunos casos, del dolor) después de que el mosquito se ha ido. Esto no sucede por la picadura en sí misma o la pérdida de sangre, sino por la saliva depositada en la piel. La saliva del mosquito actúa como lubricante durante el tiempo que tarda la picadura y como anestesia. Contiene compuestos anticoagulantes que pueden causar reacciones alérgicas. Justamente, es la reacción alérgica —y no la picadura— la que provoca las ronchas y la sensación de picazón que nos hacen pensar por qué existen estos insectos en un mundo que, de otro modo, suele ser maravilloso.

 

3. ¿Por qué bostezar es contagioso?

Esta pregunta es uno de los asuntos irresueltos que aparecen con mayor frecuencia. Y tras años de investigación, se plantearon respuestas conflictivas. Se dividen en tres categorías:

 

1. La teoría fisiológica: bostezamos para que nos entre más oxígeno y es contagioso porque a la gente que está en una habitación le falta aire al mismo tiempo.

 

2. La teoría del aburrimiento: “¿Por qué no vamos a empezar a bostezar más o menos al mismo tiempo si estamos escuchando una charla aburrida?”.

3. La teoría evolutiva: compara el bostezo contagioso con el modo en que los animales muestran los dientes como signo de intimidación y territorialidad.

 

Pero existe una persona, el doctor Robert Provine, psicólogo especializado en Psicobiología, de la Universidad de Maryland en el condado de Baltimore, que no sólo es la autoridad mundial más destacada en el fenómeno del bostezo, sino que tiene un especial interés sobre por qué el bostezo es contagioso. Por lo tanto, es el indicado para responder a este enigma. El material a continuación es una síntesis de su trabajo.

Provine define al bostezo como el acto de abrir la boca bien grande, acompañado de una inspiración profunda y seguida de una expiración más corta. Esta definición parece apoyar la teoría de la introducción de más oxígeno, pero Provine no está de acuerdo con esta postura. Él condujo el siguiente experimento: le tapó la boca con cinta a un grupo de sujetos. A pesar de que podían bostezar sin abrir la boca, se sentían insatisfechos, ya que no era lo mismo que bostezar de verdad. Aun así, tenían la nariz destapada y podían inhalar tanto oxígeno como si tuvieran la boca abierta. Provine concluyó que la función del bostezo no está relacionada con la respiración.

 

El estudio de Provine también considera la relación entre el bostezo y el aburrimiento. Un número mucho mayor de sujetos bostezó mientras miraba una transmisión de prueba durante treinta minutos que mientras miraba videos de rock por el mismo lapso de tiempo. ¿Los sujetos bostezaron por razones psicológicas (estaban aburridos) o por razones fisiológicas (el aburrimiento les provocaba sueño)?

 

Provine detectó algunos patrones: es más frecuente bostezar una hora antes de irse a dormir y, en especial, una hora después de despertarse. Y se observó una relación inequívoca entre bostezar y desperezarse. En general, la gente bosteza cuando se despereza, aunque la mayoría no se despereza cada vez que bosteza.

El bostezo forma parte de todo el reino animal: los pájaros bostezan; los primates bostezan. Y cuando no están durmiendo, los peces también bostezan. Incluso se ha observado que los fetos humanos ya bostezan después de once semanas de gesta- ción. El psicólogo infantil Piaget observó que los niños parecen ser susceptibles a contagiarse el bostezo desde la temprana edad de dos años. Para Provine resulta claro que el bostezo es ejemplo de “un patrón de una acción estereotipada”, en el que, una vez que comenzó una actividad, ésta prosigue con un patrón predecible. Pero ¿cuál es el propósito de esta actividad? Provine conjetura que bostezar y desperezarse pueden haber formado parte del mismo reflejo. Esta teoría está reforzada por el hecho de que las mismas drogas que inducen el bostezo también inducen el desperezo.

Provine nos dijo que “virtualmente, cualquier cosa que tenga que ver con un bostezo dispara otro bostezo” y compiló datos que apoyan su opinión:

• El 55% de los sujetos que miró una sucesión de treinta bostezos de cinco minutos de duración bostezó durante los cinco minutos desde el primer bostezo, comparado con el 21% de los que bostezaron mientras miraban un video de cinco minutos de un hombre que reía treinta veces.

• Los no videntes bostezan con más frecuencia cuando escuchan grabaciones de bostezos.

• La gente que lee sobre bostezos comienza a bostezar. Quienes tan sólo piensan sobre el bostezo empiezan a bostezar. ¡Caramba! ¡El autor de esta oración está bostezando mientras la escribe!

 

Concluye que el bostezo no es sólo el modelo de una acción estereotipada, sino un “estímulo de liberación” que desencadena otra actividad que responde a un modelo (por ejemplo, otro bostezo) en otros individuos. El bostezo tiene el poder de sincronizar algunas de las funciones fisiológicas de un grupo, alterar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco (que puede aumentar hasta un 30% durante un bostezo).

 

Platek y su equipo realizaron una serie de pruebas psicológicas y descubrieron que los sujetos que habían bostezado de forma contagiosa mostraban niveles más bajos de síntomas esquizoides y niveles más altos de “atribución de los estados mentales”, lo que Platek define como “la habilidad de imitar de forma inferencial el estado mental de los otros”. Quienes bostezaron de forma contagiosa pudieron reconocer sus propios rostros más rápido cuando sus imágenes aparecían de manera fugaz en la pantalla del monitor de una computadora. Este grupo también mostró más empatía hacia el resto. Platek y su equipo plantean la hipótesis de que el bostezo contagioso puede ser un modo primitivo de modelar nuestro comportamiento sobre la base del de los otros, aunque de modo totalmente inconsciente.

Otros tipos de animales también presentan este modo de modelar el comportamiento. Cuando un pájaro de una bandada que está descansando de pronto emprende vuelo, y el resto de los pájaros lo sigue, éstos quizá desconozcan la causa de la amenaza que alarmó al primer pájaro, pero la imitación es una valiosa estrategia de supervivencia. Los esquizofrénicos y los autistas, que en general carecen de la habilidad de reconocer parámetros sociales y se caracterizan por impedimentos en la empatía, muy rara vez bostezan de forma contagiosa. Los bebés, que, por decirlo de alguna manera, no tienen la capacidad de empatía desarrollada, resisten el bostezo contagioso.


Muchas otras especies animales bostezan: mamíferos, pájaros, peces, anfibios y reptiles. James Anderson, psicólogo de la Universidad de Sterling, Escocia, junto con dos colegas japoneses, les mostraron a seis chimpancés adultas videos sobre otras chimpancés que bostezaban y otros chimpancés con la boca abierta, que no estaban bostezando. Dos de seis bostezaron el doble cuando les mostraron los videos de los bostezos. Y demostraron comportarse como los humanos: tres pequeños estaban con sus madres y ninguno de ellos bostezó con los mismos videos.

Quizás un día, esta investigación sobre el bostezo contagioso devele algún misterio o dé un fundamento neurológico sobre el comportamiento empático y cooperativo.

 

Nota: para leer más sobre el bostezo se puede visitar www.baillement.com.

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jose luis

buena

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Agustina

Siempre es bueno saber estas cosas

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jose luis

buena

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gisele amalia

Excelente

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