Así es cómo lo espían en Internet. Claves para protegerse Así es cómo lo espían en Internet. Claves para protegerse

Usted ya lo sabe, los especialistas en marketing lo siguen a lo largo y ancho de la web, pero le sorprendería enterarse de quién —o qué— más  lleva registros de absolutamente todo lo que hace.

Esté donde quiera que esté. 
En su auto. Durante su caminata matutina. Incluso dentro de su propia casa, gracias a su televisión.

En nuestro mundo hiperconectado, en el que usted siempre lleva consigo el teléfono celular, la información se recopila —y se comparte— a cada nanosegundo. 

“¿Y qué?”, dirá. “No tengo nada que esconder”. No esté tan seguro. Como Bennet Cyphers, experto en privacidad, le comentó a un periodista del Proyecto Privacidad, del New York Times: “Las únicas personas a las que he oído preguntar ‘¿A quién le importa?’ son aquellas que no entienden la magnitud del problema”.

El problema es que las empresas y los intermediarios de datos digitales están acaparando toda aquella información en la que pueden poner sus garras y no hay leyes que regulen lo que tienen permitido hacer con este material o a quién se lo pueden vender. Esto incluye asuntos que usted suponía confidenciales tales como archivos médicos y financieros, así como sus creencias y hábitos cotidianos. Alguien que sabe que encargó tres pizzas grandes con todo para cenar la noche del viernes pasado podría parecer bastante inofensivo, pero hay un principio subyacente en juego. Bruce Schneider, especialista en cibernética, lo plantea en estos términos: la privacidad no se trata solo de conservar la honra. “Supone un derecho inherente a toda persona. Es indispensable a fin de mantener nuestra condición humana con dignidad y respeto”, asegura.

Sin embargo, hacemos poco por obstaculizar el trabajo de los espías. Presionamos ese botón que dice “Aceptar” sin leer los términos y condiciones. Decimos que revisaremos los ajustes de privacidad un día de estos, pero nunca ponemos manos a la obra.

Y eso significa que, en el futuro, su información personal podría ser usada contra suyo en formas que ni siquiera ahora se imagina. Entonces, ¿de qué tiene que preocuparse? ¿cómo protegerse? Siga leyendo y tome nota.

Así es cómo lo espían en Internet. Claves para protegerse

Los televisores en casa

Geoffrey A. Fowler

tomado De The Washington Post

Me gusta hacer maratones de Los años dorados, solo y envuelto en una de esas mantas con mangas, cuando retransmiten el programa. Aunque en realidad no estoy solo. Una vez cada pocos minutos, mi tele envía un informe de lo que se proyecta en mi pantalla a Samsung, la compañía que la fabricó. Es probable que la suya también lo esté espiando.

¿Alguna vez se ha preguntado por qué estos aparatos cuestan cada vez más menos? La eficiencia en la fabricación es uno de los factores, pero también es porque empiezan a competir contra los sitios de Internet, las aplicaciones digitales y las tarjetas de crédito en el lucrativo negocio de compartir su información. Los estadounidenses pasan un promedio de 3,5 horas frente a la televisión a diario, de acuerdo con eMarketer, agencia de investigación de mercados. Quizá entre los registros de este dispositivo no se incluyan datos financieros confidenciales; no obstante, ese historial es una ventana a sus intereses, placeres y a lo que le avergüenza. Los especialistas en marketing se la están apropiando porque, en términos legales, les damos nuestro consentimiento cuando configuramos nuestras televisiones inteligentes y las conectamos a Internet. 

Los fabricantes venden este acervo a agentes de datos digitales, que a su vez se lo ofrecen a anunciantes y empresas de medios de comunicación, mismos que, entonces, pueden establecer una conexión entre lo que usted ve y lo que hace en su teléfono, tablet y computadora; incluso con lo que compra online. Así, pueden redirigir los anuncios que ve en la tele hacia su computadora y celular. Y pueden medir cuántas personas compran su producto después de ver el anuncio.

Conduje un experimento en mi propio aparato Samsung, así como en nuevos modelos de la misma compañía, de TCL Roku TV, Vizio y LG. Configuré cada uno tal como la mayoría de las personas lo hace: presionando “Ok” en el control remoto como respuesta a cada aviso que mostraba en el electrodoméstico. Entonces, usando un programa informático especial de la Universidad de Princeton, fui testigo de cómo cada modelo transmitía la información. Estos fueron mis hallazgos: algunos dispositivos graban y envían todo lo que pasa por los pixeles de su pantalla. No siempre significa que están detrás suyo, pero su comportamiento les ayuda a crear modelos estadísticos combinados de personas que actúan o miran la tele como usted. De todas formas, puede parecerle inquietante. Cuando configuré mi pantalla, no me di cuenta de que podía negarme a aceptar algunas cláusulas. Puede modificar dicha configuración posteriormente si está dispuesto a buscar y abrirse camino entre menús recónditos, tales como “Términos y Condiciones”. Sin embargo, la expedición  podría valer la pena.

Así es cómo lo espían en Internet. Claves para protegerse

Parlantes Inteligentes

Grant Clauser

tomado de Thewirecutter.com

Alexa siempre está espiando. (Así como Siri, el Asistente de Google, y cualquier otro ayudante virtual al que invite a su hogar). Esto es y no es tan siniestro como suena. Si bien es verdad que el dispositivo puede oír todo lo que se dice dentro del alcance de sus micrófonos, antes de comenzar a grabar espera oír la palabra que lo activa. Una vez que la oye (“Alexa” es la palabra por defecto, aunque hay otras opciones) todo, dentro de los siguientes segundos supone una orden o solicitud, y es enviado a (y se almacena en) los servidores en la nube, donde se genera la respuesta correcta. Piense en estos parlantes inteligente como en un perro: siempre escucha, pero solo entiende determinadas, palabras como “galleta”, “paseo” o “pelota”. Todo lo demás le entra por un oído y le sale por el otro. 

Cada vez que Alexa escucha el comando, Amazon, la empresa que la creó, aprende algo nuevo sobre usted. (Lo mismo sucede con Apple y Google, si utiliza sus dispositivos). Quizá la compañía solo se enteró de que le gusta escuchar al grupo The Police o que le gustan los chistes sobre flatulencias o que apaga las luces a las 11 p. m. para ir a la cama. Si dijera algo como “Alexa, ¿dónde debería enterrar el cadáver?”, la policía no irrumpirá en su casa. (Lo sé porque lo he intentado).

Alexa comete errores. Algunas veces son graciosos, como cuando se activa por una palabra de un programa de televisión. Otras veces resulta más preocupante, como cierta ocasión, en 2018, en la que Alexa envió por error una conversación privada íntegra al dispositivo Echo de un tercero al azar. A veces, incluso hay humanos escuchando cuando pide el estado del tiempo o, bien, intentan averiguar lo que quiso decir cuando agregó “mangostán” a su lista del supermercado. ¿Le parece intrusivo? Quizá ya haya dado su consentimiento al aceptar los términos de uso de la aplicación al instalar el dispositivo.

¿Qué tanto de su privacidad está dispuesto a sacrificar por las ventajas que le proporciona un parlante inteligente? Si confía en que Amazon no es malintencionado y solo desea tener una mejor idea de lo que querrá comprar en el Prime Day, entonces ahí tiene la respuesta. Si le preocupa que su información privada pueda caer en manos de las personas equivocadas, entonces quizá la respuesta sea distinta.

Fuera de su hogar en los autos

Bill Hanvey

tomado de The New York Times

Los autos de hoy están equipados con “telemática”, tecnología de monitoreo que envía información sobre el desempeño y el estado del vehículo —y mucho más— al fabricante empleando un transmisor inalámbrico. Los coches no solo conocen su peso, también están al tanto de cuántos kilos ha subido. Si conecta su celular al auto, sabrá, además, a quién llama y le envía mensajes de texto.

¿Pero quién es el dueño de la información y, en última instancia, quién la controla? Los conductores suelen ceder sus derechos en una cláusula escrita con letras chiquitas, escondidas en el contrato de compra o alquiler. Lo que las compañías automotrices hacen con los datos que recaban no está claro. Sabemos que los usan para mejorar el desempeño y la seguridad del auto, y que, asimismo, pueden venderlos a terceros. Desafortunadamente, no hay manera de no aceptar dicha condición.

Los fabricantes de autos utilizan tal información para alertarnos cuando es necesario reparar algo o llegada la hora del servicio. Lo que no nos dicen es que, al controlar estos pormenores, pueden limitar los lugares en los que le podemos solicitar los servicios en cuestión. Y es más probable que compartan nuestros datos exclusivamente con las concesionarias de su marca, excluyendo a los talleres mecánicos independientes.

Imagine visitar a un especialista y enterarse de que no puede consultar el historial que lleva su médico de cabecera. Fácilmente podríamos inferir que los fabricantes les cobran comisiones a los talleres independientes, que necesitan el expediente para reparar nuestro auto, incrementando así los costos.

Debido al valor estimado de dichos datos —750 millardos de dólares en 2030— las compañías no tienen interés alguno en dejar de ejercer control sobre ellos. No obstante, los legisladores tienen la oportunidad de otorgarles el control a los conductores. Lo cual permitiría que los propietarios conserven algo que han tenido por décadas: el derecho a decidir quién repara su auto. 

Monitores de actividad física

Curtis Franklin

tomado de Theverge.com

Con toda la información que estos dispositivos recopilan —número de pasos, horas de sueño y más—, ¿cómo puede estar tan seguro de que su privacidad no saldrá volando por la ventana? Si bien las leyes que regulan la privacidad de los detalles médicos fueron diseñadas para mantener la confidencialidad de los pormenores delicados, no regulan a estos monitores. 

Aunque quizá el registro de su ritmo cardíaco podría no significar mucho para alguien que lo ve por casualidad, un dispositivo portátil que toma nota de las rutas que sigue al correr podría proporcionar información de gran interés para acosadores o asaltantes. El seguimiento del ciclo menstrual que algunos dispositivos ofrecen podría representar una seria vulneración de aspectos tan íntimos. 

A menudo, las aplicaciones y dispositivos recaban muchas más estadísticas de las necesarias. De ser posible, debería permitir que recopilen y almacenen solo las medidas indispensables para darle el tipo de retroalimentación deseada. Por ejemplo, si quiere contar sus pasos y su ritmo cardíaco, pero no le interesa saber cuántas horas duerme, entonces desactive la opción de monitoreo del sueño. Si quiere saber sobre el ritmo, la cadencia y la velocidad de su andar, es poco probable que requieran el uso del micrófono de su teléfono celular a fin de brindarle ese reporte, así que si la aplicación solicita ese tipo de acceso, simplemente niégueselo. 

Por doquier en Facebook

Jefferson Graham

tomado de Usa Today

Mi editora, Michelle, estaba en la fiesta de cumpleaños de un amigo de su hijo cuando otra mamá comentó sobre Joymode, una compañía que le gustaba. Unos minutos más tarde, apareció un anuncio de esta empresa en el muro de Facebook de Michelle. Es probable que ya se haya dado cuenta de que cada vez que le da “me gusta” a una publicación —deja un comentario o etiqueta a un amigo— abastece a Facebook con más municiones para que le presente anuncios dirigidos. Pero ¿acaso Facebook también está escuchando nuestras conversaciones?

“No leemos sus mensajes; no escuchamos a través de sus micrófonos, ya que hacerlo sería bastante problemático por muchísimas razones”, aseguró Adam Mosseri, director general de Instagram, propiedad de Facebook, en una entrevista para CBS.

La verdad es que Facebook nos vigila de maneras que ni nos imaginamos y es tan bueno en ello que pensamos que está monitoreando nuestras conversaciones. En cambio, utiliza datos de ubicación y demográficos altamente sofisticados a fin de mostrarnos dichos anuncios. Si usa Facebook para ingresar a cuentas de otros sitios web, les da aún más detalles sobre usted. Este es un hábito que debe dejar de inmediato. 

Google

Max Chafkin

tomado de Bloomberg Businessweek

Nunca un producto ha sido tan importante para mí como Gmail. Es el medio por el cual mi esposa y yo comenzamos a coquetear, y a través del cual, 14 años y 2 hijos después, nos enviamos bromas y notas de amor por el chat. Fue el centro de mi vida profesional durante años. Ahí tengo la información de contacto de casi todas las personas a las que conozco, además de quince años de estados de cuenta de tarjetas de crédito, devoluciones de impuestos, fotos vergonzosas, chistes malos y sus respectivas disculpas.

Pero las historias sobre las violaciones a la privacidad que cometen las compañías tecnológicas me pusieron a pensar en un escenario antes inimaginable: una vida sin Gmail. Después de todo, Google ha sido acusado de recopilar indebidamente datos de sus usuarios en repetidas ocasiones. El año pasado, pagó 13 millones de dólares con el propósito de arreglar una demanda colectiva debido a que su programa Street View recolectaba la información personal de las antenas wifi de diversos hogares. (Negaron haber cometido un acto indebido). Y aun así yo les estaba confiando todo lo que había en mi bandeja de entrada.

Esta primavera comencé a decirles a mis amigos, familiares y compañeros de trabajo que me enviaran un correo electrónico a mi nueva dirección, alojada en mi propio servidor. Para realizar búsquedas en Internet comencé a utilizar DuckDuckGo, competidor de Google que no almacena la información de los usuarios. Me percate de que yo mismo había estado censurando mi comunicación electrónica por años, excluyendo ciertos pensamientos, incluso de correspondencia personal, por el miedo de que pudieran terminar en manos de un pirata informático, que fueran usados en una demanda legal o que terminaran en la memoria de datos de algún anunciante. La experiencia de tener mi información reunida únicamente en una pequeña caja en mi escritorio fue extrañamente emocionante. 

Tiendas online

Kashmir Hill

tomado de The New York Times

Todos tenemos “puntajes de cliente” secretos: calificaciones ocultas que determinan el tiempo de espera que alcanzamos cuando llamamos a alguna empresa, si podemos regresar artículos a cierta tienda y el tipo de servicio que recibimos. Un puntaje bajo lo envía al final de la fila, mientras que uno alto le confiere un trato preferencial. Se sabe poco acerca de estos. La mayoría de la gente no tiene idea de que existen y las compañías guardan silencio al respecto y sobre cómo los conciben.

En los Estados Unidos, un comité de vigilancia social llamado Consumer Education Foundation exige que la Comisión Federal de Comercio investigue los puntajes de vigilancia secretos “generados por un sombrío grupo de agencias que infringe la privacidad y que opera en los nichos oscuros del mercado estadounidense”. El informe nombró 11 empresas que califican a los compradores, inquilinos potenciales y posibles empleados.

Yo conseguí el expediente que de mí mantenía una de estas compañías; otras le dieron muchas vueltas al asunto. Sift, la que cooperó, argumenta que su “sistema patentado de puntuación monitorea la conducta de los consumidores de cientos de compañías”. Mi informe era impactante: contenía más de 400 páginas con todos los mensajes que he escrito a anfitriones de Airbnb; años de órdenes de entrega de Yelp; un registro de cada vez que he abierto la aplicación Coinbase en mi iPhone.

Sift sabía que había pedido pollo tikka masala un sábado por la noche hace tres años, en abril. También sabía de un Día de Acción de Gracias de terror que pasé en los viñedos de California, tal como lo escribí en mi comentario al anfitrión de Airbnb de un lugar que rentamos llamado “Cloud 9”.

Las empresas que reúnen los datos dicen que para ellos son valiosos porque les permiten erradicar los fraudes e incrementar los ingresos que pueden recaudar de los grandes consumidores. Pero el proceso dista mucho de ser transparente.

No puede evitar que las compañías recopilen su información, pero si tiene curiosidad sobre lo que está en su archivo Sift, puede solicitarlo escribiendo a privacy@sift.com. Solo tenga en cuenta que después de publicar esta información en el New York Times, la empresa fue inundada con solicitudes, así que tal vez no atiendan la tuya tan rápido.

CÓMO PROTEGERSE EN INTERNET

No puede evitar que todo mundo lo espíe por internet, y quizá tampoco lo desee: por ejemplo, gracias a eso, cuando empieza a teclear una dirección electrónica en el buscador de su teléfono, este completa el resto en automático, y también así la tienda online guarda lo que eligió en su carrito de compras. 

No obstante, puede reducir ciertas intromisiones no deseadas siguiendo estos pasos.

Si le preocupa que se roben su información personal…

No proporcione su nombre, dirección, número telefónico o correo electrónico a menos que el receptor en verdad los necesite. Si lo presionan injustificadamente, siempre puede inventar algo. Opte por que le den recibos impresos o que no se los den, en lugar de recibirlos por mensaje de texto o correo electrónico, lo cual requiere que comparta su información y lo expone a posibles filtraciones. 

Si quiere que las compañías dejen de venderle cosas…

Evite que los anuncios lo rastreen denegando la autorización para almacenar sus datos. El sitio web simpleoptout.com proporciona una buena guía para empezar. Si en su país existe alguna base de datos para evitar recibir llamadas de ventas o con fines publicitarios, agregue sus números telefónicos a esta (puede llamar o por la web). 

Si prefiere que sus búsquedas se mantengan en privado…

Utilice Firefox. Sus controles de privacidad son más rigurosos que los de otros navegadores de renombre. O realice sus pesquisas con DuckDuckGo, un servicio alternativo que puede configurar fácilmente como su buscador predeterminado siguiendo las instrucciones
en duckduckgo.com.


Si está preocupado por el hecho de que su teléfono pueda servir como rastreador…

Desactive los servicios de ubicación en todas las aplicaciones, excepto en Maps y otras que sean indispensables para saber dónde se encuentra. Puede hacerlo en el menú Configuración, submenús Privacidad y Ubicación.

Si le inquieta que su auto sepa demasiado de usted…

No puede negarse a que la compañía automotriz almacene sus datos. No obstante, puede minimizar la cantidad de veces que conecta su teléfono inteligente al sistema de información y entretenimiento del auto.

Si preferiría no estar etiquetado en las fotos de las redes sociales…

Dígale a sus amigos que no quiere que lo hagan, y desactive la opción de etiquetado automático de Facebook. Solo tiene que entrar a Configuración y luego a Reconocimiento Facial. (Instagram no emplea este recurso tecnológico).

Si le quita el sueño que los gigantes de la tecnología monitoreen todo lo que hace…

Cierre su sesión de vez en cuando. Por ejemplo, asegúrese de salir de Gmail antes de ver videos en YouTube; de lo contrario, Google sabrá lo que ve. Y no use Facebook para registrarse en otras páginas web. 

Si le desvela que los dispositivos que tiene en casa lo escuchen o lo vean…

Busque la configuración de privacidad en el menú del dispositivo o de la aplicación móvil de forma que pueda cambiar sus ajustes. Silencie los parlantes inteligentes siempre que no
los esté usando.

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