Imagen Imagen

Un compuesto del coral podría reinventar los filtros solares y contribuir a aliviar el hambre en el mundo.

1. Estos insectos podrían ayudar a salvar soldados.

Cualquiera que haya usado un diario enrollado para matar a una mosca sabe muy bien lo hábiles que son estos insectos para esquivar golpes. Para estudiar estos insectos en acción, Michael Dickinson, profesor de biología en la Universidad de Washington, hizo pasar moscas a través de un tubo que terminaba en una tablilla. Un disco “acechaba” sobre esta, listo para aplastar las moscas desde varias direcciones mientras una cámara de alta velocidad filmaba las reacciones de los insectos ante el ataque inminente.
Dickinson descubrió algo interesante: menos de 300 milisegundos antes de un posible ataque, las moscas se preparaban con “ajustes posturales”. Si el golpe venía de arriba, la mosca movía hacia delante sus dos patas medias para retroceder y alejarse del peligro una vez que levantaba el vuelo; si venía de atrás, movía hacia atrás las patas medias para lanzarse hacia el frente.
A los militares les interesan los hallazgos del biólogo, ya que planean utilizarlos para construir aviones de combate no tripulados que tengan mejores tiempos de reacción, lo cual reduciría la necesidad de contar con pilotos para operarlos, y mantendría a más soldados lejos de las líneas de fuego.


2. Un compuesto del coral podría reinventar los filtros solares y contribuir a aliviar el hambre en el mundo.


Todos sabemos cómo aplicar un filtro solar, pero no siempre lo hacemos bien. Los expertos nos aconsejan aplicarnos  45 mililitros de filtro al menos cada dos horas.
Paul Long, un experto farmacéutico del King’s College de Londres, se propone solucionar este problema creando una pastilla filtradora solar de larga duración. Para lograrlo, está contando con un aliado insólito: el coral. Resulta que este es mucho más que un bonito entorno para el buceo. Es un animal marino capaz de hacer lo que los adictos a los filtros solares no pueden: resistir el embate de los rayos UV sin sufrir daños en la salud.
El secreto, dice Long, son ciertas algas que viven dentro de los corales y que los activan para producir su propio filtro solar. Pero este bloqueador no solamente protege a los corales. Cuando los peces se alimentan en el arrecife, el compuesto filtrador de rayos UV pasa al resto de la cadena alimentaria. ¿Un compuesto que protege a los peces podría cuidar también  a los humanos? “Sí, es absolutamente posible”, dice Long.
El equipo de Long está cerca de lograr su meta. Mediante la copia del  código genético del coral y su inserción dentro de bacterias en el laboratorio, Long ha conseguido producir grandes cantidades de aminoácidos con poder bloqueador. Hay una negociación en curso con una empresa farmacéutica para lanzar al mercado la pastilla  filtradora, tal vez a mediados de 2016.
Long cree que el compuesto podría tener otras aplicaciones más amplias y sorprendentes, entre ellas ayudar a alimentar al mundo. En teoría, los aminoácidos del coral podrían utilizarse para proteger los plantíos en regiones muy cálidas, donde el intenso sol dificulta las labores agrícolas. Por el momento, sin embargo, la mayor prioridad de la investigación de Paul Long es hacer más placenteras tus vacaciones en la playa: que no tenga que salir cada dos horas del agua para engrasarse el cuerpo.


3. Una lagartija ayuda a la piel humana más frágil.

Los recién nacidos y los ancianos tienen la piel muy delicada, y quitarles de un tirón un cinta adhesiva puede ocasionarles irritación, llagas e incluso cicatrices permanentes. Tan solo en Estados Unidos, las banditas y otros adhesivos de uso médico son causa de alrededor de 1,5 millones de lesiones.
Es por eso que Jeffrey Karp, profesor de la  Universidad Harvard, y su equipo actualmente trabajan en una innovación para hacer que quitar una bandita sea menos traumático.
Mientras que la bandita curativa ordinaria está constituida por un apósito esterilizado y una capa adhesiva, la cinta de Karp incluye una capa intermedia. Esta soporta la mayor parte del impacto de retirar la cinta —en vez de que lo haga la capa adhesiva que se pega a la piel—, lo cual reduce el daño al mínimo.
Cuando llega el momento de quitar la bandita, se desprende con facilidad. En la piel solo queda un residuo que puede lavarse con agua y jabón o cubrirse con talco para bebé.


4. Conocer los mosquitos a fondo podría terminar con muchos males.


Más de un millón de personas mueren cada año a causa de enfermedades transmitidas por mosquitos, como la malaria, el dengue y la fiebre amarilla. Los intentos por controlarlos con insecticidas como el DDT han tenido graves efectos colaterales en la naturaleza, y al parecer también en la salud humana.
En su laboratorio de la Universidad Rockefeller, la neurobióloga Leslie B. Vosshall y sus colegas estudian los procesos químicos y sensoriales por los que los mosquitos eligen a quién picar. ¿Cómo captan el calor, la humedad, el bióxido de carbono y el olor de nuestra sangre? ¿Por qué algunas personas atraen más que otras a los mosquitos? Para desentrañar estos misterios, Vosshall y su equipo se cubrieron los brazos con medias de nailon y no se bañaron un día entero a fin de diseminar por el aire su olor corporal. Luego metieron los brazos en una caja de vidrio con mosquitos para ver cómo se posan, pican y se alimentan; después demostraron que esos comportamientos cambian en función de los genes de cada mosquito y de los rasgos cutáneos distintivos de cada persona. Los investigadores recibieron desde una picadura hasta 400, según el experimento.
Con un poco de ingenio incluso han logrado crear una raza de mosquitos incapaces de detectar el bióxido de carbono, un factor que los incita a  picar. “El uso de la ingeniería genética para crear mosquitos mutantes nos permitirá explicar con exactitud por qué y cómo este compuesto estimula a los mosquitos a lanzarse tras los humanos”, explica Vosshall.
Cuando ella y sus colegas logren alcanzar esa meta, la siguiente será hacer que los mosquitos nos dejen en paz. De su laboratorio ya han surgido algunas soluciones posibles, entre ellas  pulseras que contienen repelentes duraderos  y trampas que reducen las poblaciones de mosquitos.


5. Desenredar los audífonos podría evitar infecciones.

Cada vez que el físico Robert Matthews, de la Universidad Aston, en Inglaterra, examina una cuerda enredada, le  recuerda algo mucho más pequeño y relevante. “A pesar de su aparente banalidad,  los nudos espontáneos tienen una gran importancia en química de polímeros y en biología molecular”, señala.
Cada célula de nuestro cuerpo contiene cerca de 1,8 metro de ADN. Si esas cuerdas genéticas se enredan, el efecto puede ser devastador para la salud celular. Matthews se interesó en este tema cuando, al desenredar una cuerda por enésima vez, recordó una prueba matemática  publicada en los años 80: que el riesgo de que una cuerda se enrede aumenta en razón de su longitud. Matthews observó que si las puntas se atan formando un lazo, la longitud de la cuerda se reduce  y deja de haber extremos libres, cuyo movimiento propicia que se formen nudos.
En 2010, con el fin  de someter a prueba su “hipótesis del lazo”, Matthews emprendió el Gran Experimento Británico de Nudos. Reclutó niños para  que metieran cuerdas —algunas de las cuales tenían los extremos atados en un lazo, y otras no— dentro de cajas, sacudieran y movieran estas por todos lados y luego las abrieran. Matthews observó que las cuerdas con lazo se enredaban tan solo el 10 por ciento de las veces, en comparación con las cuerdas  no atadas de la misma longitud. Así, si atás los extremos del cable de tus audífonos, se reducirá mucho la probabilidad de que se enrede.
El hallazgo de Matthews podría tener un impacto aun mayor. Si los científicos lograran formar nudos de lazo microscópicos en las puntas del ADN y en los virus, significaría un gran avance en la lucha contra el cáncer y las infecciones.

Elegí tu puntuación
Dejá tu comentario
Imagen jose luis
jose luis

buenas

Imagen Arturo Alejandro
Arturo Alejandro

Bien

Imagen Elva Natalia
Elva Natalia

Muy bueno

Notas Relacionadas