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Si desea impresionar a su jefe, a sus hijos o a quien quiera cortejar, entonces estás tres formas le van a ayudar.

Un poco avergonzado, Kevin Adkins admite que, cuando se siente inseguro, usa palabras pomposas para dar la impresión de ser más inteligente. “Solo lo hago si necesito impresionar a la persona con la que estoy”, se sincera este hombre de 45 años. “¿En una cita romántica? Definitivamente. ¿En un negocio? No lo creo”.


Hace algunos años, coqueteando en una peluquería, le pidió a la estilista que le hiciera un corte “simétrico” en vez de decirle que le dejara parejas las patillas. Si una mujer atractiva le pregunta dónde queda algún sitio, le asegura que “ambas opciones son ‘equidistantes’” en lugar de decir, simplemente, que se encuentran casi a la misma distancia.


Adkins es uno de los tantos Homo sapiens que sufren perífrasis. Traducción: usar muchas palabras o vocablos rimbombantes en vez de ir al grano. Quienes la padecen saben de sobra que los demás se forman, consciente o inconscientemente, ideas sobre nosotros a primera vista o tras una breve charla, así que se esfuerzan con la intención de que esta sea positiva. “La gente cree que, si muestra un léxico nutrido, parecerá más inteligente”, comenta el doctor Daniel Oppenheimer, profesor de psicología en la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh.

 

El problema con esta estrategia es que puede fracasar con facilidad. “Es prácticamente un deporte de apreciación”, apunta el doctor Eric R. Igou, psicólogo social de la Universidad de Limerick, en Irlanda. “Si el observador, la persona B, no comparte esta teoría, podría resultar contraproducente”. El individuo A puede ser percibido como un farsante y no como todo un cerebrito.


Un hablar afectado también puede desconcertar al receptor, lo cual es lo contrario a lo que se pretende. “La inteligencia, por lo general, se relaciona a la claridad de expresión”, afirma Oppenheimer. Esto es evidente sobre todo con la palabra escrita. Un pequeño estudio mencionado en la revista Applied Cognitive Psychology mostró una relación inversamente proporcional entre la complejidad de un texto y la impresión que causaba: cuanto más se esmeraban los escritores en pasar por versados, menor era la percepción de dicha cualidad. 


¿Qué se puede hacer entonces para proyectar un intelecto descomunal? Hablar sin rodeos y con claridad. Deje el diccionario de la lengua y el de sinónimos en el escritorio. Siga estos consejos de los psicólogos conductuales (y otras eminencias).

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1. Anticípese. Ya sea que se encuentre en una charla privada o en una reunión de negocios, lo más importante es hablar fuerte y claro. Esto puede ser un reto para alguien introvertido… o para cualquiera. La clave es la preparación. Si va a asistir a una entrevista de reclutamiento, revise la vacante publicada y aprovecha que existe Google para investigar toda la información disponible de la empresa. Si va a una reunión de personal de su compañía, mire la agenda. ¿Tiene una cita? Aliste algunos temas de conversación, aunque sea de programas televisivos o películas que le gusten. Sentirse inteligente para todo lo relajará, y eso aumentará su confianza.


2. Haga contacto visual. Si alguien se mira mientras habla, es más probable que pienses que es inteligente. “Un buen contacto visual significa que la otra persona está al tanto de lo que se dice o hace”, afirma el doctor Bogdan Wojciszke, profesor de la Universidad de Ciencias Sociales y Humanidades en Polonia. “Si el otro no presta atención, significa o bien que uno es aburrido o que el otro es tonto. Ante esta situación, la mayoría preferimos pensar lo segundo”. Esta percepción puede estar respaldada: científicos de la Universidad Brandeis descubrieron que quienes veían a los ojos mientras hablaban obtuvieron una mayor puntuación en las pruebas cognitivas que aquellos que esquivaban la mirada de su interlocutor. 


3. Adopte una postura corporal que proyecte poder. Un poco de ciencia empresarial: investigadores del Laboratorio Multimedia del Instituto Tecnológico de Massachusetts concluyeron que podían predecir el resultado de cualquier negociación, llamada o argumento de ventas en 87 por ciento de las ocasiones sin oír la conversación. ¿Cómo? Observando la proporción entre habla y escucha, los patrones de interrupción y el lenguaje corporal.

Qué tan abierta o cerrada es su postura habla de qué tan receptivo o renuente es a los estímulos mentales, emocionales y físicos que presenten los demás. La apertura puede transmitir confianza. Para proyectar seguridad en una reunión, adopte una postura abierta y expansiva. Siéntese con la espalda recta, separe los brazos y deje que reposen sobre la mesa o a los costados. (Esto también funciona si quiere captar la atención de alguien.)

Si lo que desea es emanar confianza, procure dominar un par de posturas poderosas: pararse y poner las manos en la cadera o apoyarse con ellas sobre el escritorio. Practique en su oficina o el baño antes del evento. Un estudio realizado por la doctora Amy Cuddy ha mostrado que imitar estas posiciones durante dos minutos puede disminuir el estrés e incrementar la seguridad.

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