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Peces extraordinarios.

Salmones y gruñones

El último viaje del salmón de Alaska, río arriba

En primavera o al inicio del verano, los salmones de Alaska, que habitan en el océano Pacífico, inician el viaje de su vida. Nacieron seis años atrás en las cabeceras de los ríos de América del Norte. Ahora es el momento de regresar, guiados por un aroma que nunca olvidaron. Desde la costa, el salmón viaja río arriba hasta el lugar de su nacimiento, unos 2.400 kilómetros.

Cuando las cataratas le bloquean el camino, el salmón salta y mueve su poderosa cola hasta llegar a la cima del muro de agua. Una vez alcanzada la meta, los peces se aparean, hacen sus nidos superficiales en la arena y ponen miles de huevos. Después, mueren exhaustos, pero sus numerosos vástagos sobrevivirán y heredarán los genes y las mismas necesidades de sus padres, para perpetuar la especie.

Peces que se reproducen en la costa de California

Todos los años, en marzo, cuando hay luna llena, las playas del sur de California, Estados Unidos, se tiñen de plata debido a los cuerpos brillantes de miles de gruñones. Estos pequeños peces encallan y forman un larguísimo cinturón que se extiende a lo largo de la orilla del mar y, con cada ola que llega, arriban más peces que quedan retorciéndose en la arena.

Las hembras serpentean con parsimonia y se sepultan en la arena hasta que solo la cabeza queda afuera. Cada gruñón macho escoge una pareja y se coloca alrededor de ella para depositar su esperma o lecha mientras ella pone los huevecillos. La siguiente ola devolverá a la pareja de peces al mar.

Si el gruñón cumple a tiempo con sus deberes y las hembras desovan en el lugar preciso, los huevos fertilizados permanecerán en la arena húmedos durante las siguientes dos semanas, fuera del alcance de cualquier depredador marino hasta que la fuerza gravitacional de la Luna y el Sol se combinen para producir la marea más alta del mes. Las vibraciones de las olas contribuyen al rompimiento de los huevecillos.

El método de apareamiento de los gruñones parece peligroso e, inevitablemente, muchos de ellos quedan varados en la playa y se convierten en presa fácil de las gaviotas (peligro que también corren los huevecillos y las crías). Los gruñones de la actualidad heredaron esta peligrosa práctica de las primeras generaciones, pero la razón por la cual la adoptaron sigue siendo un misterio para los estudiosos del comportamiento animal. Quizás hace mucho tiempo existían pocos depredadores en la costa, por lo que era más seguro poner los huevecillos en la playa que en el mar. Si fue así, entonces valía la pena correr el riesgo.

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