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Los cánceres que pueden saltar de un animal a otro de la misma especie son raros, pero el demonio de Tasmania, del cual hay un comic famoso, es doblemente desa...

Una comparación de estos dos cánceres, publicada este años en la revista Cancer Cell, sugiere que son de origen similar, lo que lleva a los investigadores de la Universidad de Cambridge a creer que los demonios simplemente pueden estar en mayor riesgo de este tipo de enfermedades. Los investigadores también identificaron drogas que son efectivas contra los cánceres y podrían ser potencialmente utilizadas en la lucha para salvar a los demonios de la extinción.

Sucede que los demonios de Tasmania (los marsupiales carnívoros más grandes existentes hoy), si bien son relativamente dóciles con los humanos, son conocidos por morderse los unos a los otros en la cara mientras pelean por la pareja y la comida. Esta es la ruta por la cual ambos cánceres, que causan tumores faciales similares, antes de hacer metástasis, se propagan entre ellos. Pero, a pesar de que los cánceres se manifiestan de manera similar, se originaron en dos individuos diferentes, probablemente con años de diferencia.

Hay solo ocho cánceres transmisibles que se dan de manera natural: uno en perros, dos en los demonios de Tasmania y cinco en diversas especies de bivalvos marinos o moluscos, por lo que encontrar dos tipos de cáncer en tan poco tiempo en una sola especie ha sido bastante sorprendente. “Cuando se descubrió el primero, pensamos que los cánceres transmisibles eran extremadamente raros y que los demonios de Tasmania tenían mala suerte de haber contraído estos dos tipos de cáncer”, dice la investigadora principal Elizabeth Murchison, que creció en Tasmania. Ella es genetista de la Universidad de Cambridge y agrega que "el surgimiento de la segunda nos hizo preguntarnos si los demonios de Tasmania podrían estar particularmente en riesgo de desarrollar este tipo de enfermedad”.

También era posible que algún tipo de cambio ambiental o antropogénico (provocado por la acción humana), afectara a los demonios y pudiera haber hecho que la aparición de estos cánceres fuera más probable. Para evaluar estas hipótesis, los investigadores realizaron comparaciones genéticas y funcionales de los dos tipos de cáncer del diablo.

No pudieron identificar los marcadores genómicos de ningún virus o carcinógeno externo, (como la luz ultravioleta, por ejemplo) que podría haber causado los cánceres, aunque los investigadores señalan fácilmente que podría haber algo que ellos no probaron ni buscaron que desempeñara un papel . Lo que encontraron, sin embargo, fue que los dos cánceres, a pesar de originarse en diferentes individuos, tenían procesos mutacionales similares y tejidos de origen similares, y respondían a fármacos similares. “Realmente (lo descubierto) señaló algún tipo de problema que los diablos tienen con este tipo de regulación celular, lo que probablemente les da un mayor riesgo de desarrollar este tipo de enfermedad”, dice Murchison.

Y todo tiene que ver con ese comportamiento de andar a las mordidas. Resultó que los medicamentos efectivos que los investigadores identificaron, cuando compararon los cánceres, inhiben las vías que normalmente participan en la cicatrización, lo que sugiere que las vías de reparación de las heridas podrían estar involucradas de alguna manera en el origen de los cánceres. Y que, por lo tanto, las lesiones faciales frecuentes de los demonios podrían desempeñar un papel en la aparición del cáncer, y proporcionar una ruta por la cual las enfermedades pueden pasar de un huésped a otro.

Los humanos también pueden haber jugado un papel en todo el asunto. “Cuando los blancos se establecían en Tasmania, oían estos gritos por la noche y creían que debía haber una criatura diabólica”, dice el primer autor de la investigación, Maximilian Stammnitz (@DevilsAdvoMax). Muy pronto los colonos persiguieron a los demonios, y la posterior disminución de su población probablemente hizo que disminuyera aún más la ya baja diversidad genética de la especie. Esto último es importante, dice, porque los cánceres transmisibles necesitan escapar a la acción del sistema inmune del nuevo huésped, al igual que cualquier otro trasplante de tejido extraño, con el fin de afianzarse. “Sus sistemas inmunes (los de los demonios) pueden estar menos preparados para detectar injertos de células tumorales extranjeras, en comparación con otras especies que tienen más diversidad genética”. Además, los cambios en el paisaje (por la agricultura y la deforestación) que resultaron de la colonización europea en Tasmania, pueden haber alterado indirectamente la dinámica de la población del demonio y los patrones de migración, creando posiblemente condiciones propicias para la aparición y propagación del cáncer transmisible.

Los efectos de estos cánceres han sido devastadores, eliminando el 90% de los demonios en algunas partes de Tasmania y amenazando la supervivencia de la especie. “Como carroñeros, son un importante marcador de posición en el ecosistema de la isla. Son una especie de servicio de limpieza ecológica, por lo que su ausencia es visible en el paisaje”, dice Stammnitz. Con los esfuerzos de conservación ya en marcha, los investigadores son optimistas de que, con nuevas investigaciones y pruebas, los medicamentos que su comparación ha identificado -que actualmente se usan para la terapia de precisión del cáncer en humanos- podrían ofrecer otra opción para ayudar a los demonios.

Esta investigación también tiene implicaciones más amplias para nuestra comprensión de los cánceres transmisibles. “Solo en los últimos años, hemos pasado de conocer dos tipos de cáncer transmisible: los perros y los demonios, a ocho; lo cual insinúa la posibilidad de que tal vez los cánceres transmisibles no hayan sido tan bien reconocidos antes, y tal vez sean más comunes de lo que pensábamos anteriormente”, concluye Murchison.

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