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Pulpos e hipocampos tienen su estilo particular.


Reproducción en el mar

El abrazo de un pulpo de anillos azules

La hembra de este pulpo mantiene sus huevos abrazados, para mayor seguridad, durante todo el periodo de incubación, que es de 90 días. A muchos depredadores les gustaría comer huevos de pulpo, pero pocos son capaces de evitar su mordedura venenosa. Los anillos azules indican que el animal es venenoso. De ahí que el lugar más seguro para él sea mar adentro, donde los colores pueden verse con claridad. Lo anterior contrasta con los hábitos de otros pulpos que ponen sus huevos en rocas y grietas. Aunque las hembras permanecen cerca de los huevos para asegurarles un flujo de agua fresca, esconderlos es el primer paso de la defensa.

Los hipocampos invierten papeles

Pocos padres van tan lejos para proteger a sus hijos como los hipocampos, que incuban los huevos en el abdomen, dentro de una especie de bolsa o marsupio.

Un hipocampo hembra pone varios miles de huevos en la bolsa del macho, donde él los fertiliza y los protege hasta el momento del nacimiento. La cubierta de la bolsa secreta un fluido nutricio que alimenta a los recién nacidos. Después de dos semanas, una camada de hipocampos miniatura es expulsada mediante una serie de contracciones de la bolsa.

El hipocampo es quizás el caso mejor conocido de embarazo masculino, pero existen otros ejemplos de tal adaptación, como el pez aguja narigudo, que vive entre las algas de la costa occidental de Suecia. Los biólogos descubrieron que, en esta especie, la inversión de los papeles sexuales es casi completa.

Por lo general, el macho es el que inicia el cortejo y el apareamiento y la hembra se limita a escoger con quién se apareará. En el caso de los peces aguja, nunca hay suficientes machos para incubar todos los huevos. En consecuencia, hay mucha demanda por el macho y es la hembra la que hace la corte.

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