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Mediante ondas de radio se transmiten las imágenes, en la misma forma que las señales de televisión.

En el espacio remoto, alrededor de nuestro planeta se encuentran cámaras gigantescas que captan detalles de tan solo 30 cm de diámetro en la superficie de la Tierra. Las cámaras están fijas en satélites del tamaño de un autobús (15 m) y representan la mitad de la superficie de los satélites. Los militares usan estos satélites como espías espaciales, para conocer la magnitud de los arsenales de otros países.

Pero la fotografía por satélite tiene otros fines. Todos los días, en los pronósticos del tiempo de la televisión se muestran imágenes de la Tierra captadas por cámaras que han sido colocadas en satélites. Geólogos y economistas por igual estudian las fotografías tomadas desde el espacio que revelan rocas y cultivos de la Tierra. Y los astrónomos observan estrellas y galaxias distantes sin la interferencia de la atmósfera terrestre. Pero, ¿cómo llegan a la Tierra estas imágenes?

La forma más común de enviar fotografías desde el espacio es mediante ondas de radio, transmitiendo las imágenes en la misma forma que las señales de televisión. El grado de detalle perceptible depende del espaciamiento entre las líneas que forman la imagen: cuanto más numerosas, mayor detalle se puede apreciar.

El satélite comercial más avanzado del mundo para estudiar el suelo es el SPOT francés, que transmite 6.000 líneas por imagen, casi 10 veces más que las 625 líneas que se utilizan en los aparatos de televisión. Esto significa que en una imagen que cubra una superficie de 100 km2 tomada a una altura de 920 km, pueden verse detalles de tan solo 10 m de diámetro.

Los organismos de inteligencia militar por lo general necesitan obtener detalles aún más finos. Cuando siguen el curso de una guerra, por ejemplo, requieren fotos pormenorizadas que revelen diferentes tipos de aviones y barcos.

Los más modernos "satélites espías" estadounidenses, los de la serie KH11, transmiten sus imágenes con técnicas propias de la televisión. Pero en general el video no muestra tanto detalle como la película de grano fino de 16 o 35 mm. Cuando se usa película, esta tiene que ser devuelta a la Tierra. Si las fotografías se toman desde una nave espacial tripulada, los cosmonautas pueden traer la película consigo, pero esto es imposible en una nave no tripulada. Por eso se han producido satélites que devuelven automáticamente las películas a la Tierra.

Los satélites estadounidenses Big Bird han perfeccionado esta técnica. La película expuesta se coloca dentro de una cápsula, que después se expulsa y cae dentro de la atmósfera. Cuando desciende en paracaídas, la cápsula se recupera con un gancho de alambre jalado por un avión Hércules C130.

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Imagen Elva Natalia
Elva Natalia

Pronto van a ver lo que hay debajo de nuestras camas

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