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Las cosquillas en épocas remotas se consideraban como una defensa del cuerpo ante ciertos estímulos.

¿Por qué algunas partes del cuerpo son más cosquillosas que otras?

Los expertos que abordaron este problema se concentraron en los beneficios que las cosquillas pueden habernos conferido a los mortales: todos coinciden en que lo que ahora consideramos una sensación de cosquilleo benévola, en algún momento de la evolución puede habernos prevenido contra una experiencia traumática.

El biofísico Joe Doyle señala que algunas partes del cuerpo están mejor dotadas de nervios que otras, esos lugares tan cosquillosos como las plantas de los pies, las axilas, las palmas de las manos y los dedos. Neil Harvey, de la Academia Internacional del Desarrollo Cerebral Infantil, dice que los evolucionistas “dirían que la razón de una mayor concentración de sensibilidad se debe a las ventajas de supervivencia que obtenemos por ser más sensibles en esas partes del cuerpo”.

¿Cómo podrían ser las axilas necesarias para la supervivencia?

“Las axilas advierten sobre una sensación que puede resultar en una herida del plexo braquial, lo que podría paralizar el brazo”, responde Sean F. Mullan, neurocirujano de la Universidad de Chicago. Otras áreas sensibles, como los orificios nasales, los canales auditivos y las órbitas oculares, están sujetas a la invasión de cuerpos extraños o insectos.

¿Y qué sucede con las plantas de los pies?

Mullan sugiere lo siguiente: el papel que juegan los pies es un poco más desconcertante. ¿Es una advertencia contra las serpientes que reptaban por los árboles cuando vivíamos en sus ramas? ¿Es el resultado de una hipersensibilidad provocada por el desgaste de las capas más gruesas de la piel de la planta de los pies, lo que era absolutamente normal antes de que usáramos zapatos? Me quedo con la primera explicación.

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