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Más de dos millones de musulmanes se dirigen a La Meca cada año, en tanto que los cristianos viajan a Lourdes. ¿Cómo surgió la idea de peregrinar...

Una vez más, doblaron las campanas. Una vez más, se leyeron los nombres de las víctimas. Una vez más, Nueva York y toda la nación rememoraron esa terrible mañana en que los terroristas, a bordo de aviones de línea secuestrados, atacaron y Estados Unidos se estremeció. Sólo que esta vez no estaba ese diáfano cielo azul que parecía burlarse de los dolientes en la Zona Cero.” Así describe el Daily News de Nueva York la peregrinación más moderna al lugar de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Para aquellos que perdieron a sus seres queridos en el atentado a las Torres Gemelas, la visita anual al lugar de la tragedia es un viaje personal. Para otros, es un intento de llegar a aceptar ese horror globalizado, y el viaje puede llegar a tener una dimensión espiritual, no sólo personal y política.

Otros lugares que fueron sede de sucesos traumáticos bastante recientes son destinos habituales de peregrinación. Hoy en día, más gente que nunca visita los cementerios de la Primera Guerra Mundial en Francia y Bélgica, y lo que queda de Auschwitz-Birkenau y otros campos de concentración nazis. Ron Feinberg, de Atlanta, la capital del estado de Georgia, en Estados Unidos, sabía que en la visita a Auschwitz junto a sus compañeros de viaje, “nos internaríamos en la cultura local y recorreríamos las callecitas empedradas y las esquinas pintorescas de esas antiguas comunidades encantadoras; pero estaba sobrentendido que todo eso tendría su lado oscuro y melancólico, que el viaje implicaría una pesada carga emocional”.

Peregrinos de Australia y Nueva Zelanda viajan a Turquía el 25 de abril, Día de Anzac, en memoria de más de 11.000 de sus antepasados que fallecieron en Gallípoli, en 1915. Hoy, los que visitan el lugar tienen muchas razones para ir allí: para algunos es sólo parte de su itinerario; para otros, representa un viaje a un lugar sagrado donde buscan una conexión espiritual con sus ancestros y con el pasado de su país. David, un joven australiano, encontró “una tumba con el nombre de G. P. Castle, del Segundo Batallón [...] El soldado Castle tenía 25 años y era de Nueva Gales del Sur. Estaba ahí, frente a su tumba, y tomé conciencia de que yo también tenía 25 años y era de Nueva Gales del Sur”.

Peregrinajes primitivos

Desde las épocas más antiguas, la gente ha considerado que ciertos lugares están asociados con la renovación espiritual y la curación, así como con sus héroes o antepasados. Con frecuencia se creía que en esos lugares de peregrinación residían deidades, santos o figuras consagradas, que sólo conferían su bendición especial a quienes visitaran esos sitios. Aquellos lugares donde se han atestiguado milagros aumentan su magnetismo de manera considerable.

Emprender la peregrinación era y es para el peregrino la oportunidad de viajar más allá de los límites de la vida cotidiana y de experimentar el mundo de una manera diferente. Quizá padezca problemas físicos que espera curar o tormentos mentales que busca resolver. La noción de renovación y renacimiento tiene particular importancia en una peregrinación: dejar atrás lo viejo para adoptar lo nuevo. Por otra parte, volver a visitar la sede de un suceso traumático suele recomendarse como un modo de superar una vivencia dolorosa. Y muchos buscan lograr una conexión renovada con una deidad, con sus ancestros o con personas que han padecido experiencias similares.

Una peregrinación puede tener lugar en cualquier momento del año, pero la época más popular siempre fue la primavera boreal, en relación con los rituales judeocristianos de la Pascua de Resurrección y la Pascua judía. Geoffrey Chaucer, autor de Los cuentos de Canterbury, decía que la primavera era la estación en que las personas sentían el deseo de viajar o renovarse. Hoy, el hecho de soportar dificultades físicas para acceder a una experiencia espiritual quizá sea optativo, pero históricamente era la consecuencia inevitable de un viaje largo. Los peregrinos podían esperar que les ocurriera cualquier desgracia, desde un naufragio hasta malaria. La costumbre de viajar en grupo comenzó tal vez para conseguir protección contra los ladrones y los peligros de la naturaleza, así como para contrarrestar la soledad.

Sitios antiguos

Hace 10.000 años, los aborígenes australianos iban en peregrinación a lugares como Uluru (Ayers Rock) y aún lo hacen. En esos lugares sagrados, ubicados en los Senderos del Sueño que forman una red invisible a través de todo el continente, se reencuentran con sus ancestros y practican rituales que unen el pasado con el presente. Mediante el contacto con la roca, invocan a los espíritus de sus antepasados, que les confieren una bendición. En el siglo XIX a. C. y muchos siglos antes, los peregrinos del antiguo Egipto visitaban Abidos, el lugar donde Osiris, el rey de la muerte y la resurrección, había muerto y renacido.

En el siglo I a. C., peregrinos de Grecia viajaban a Delfos para consultar el oráculo, la sacerdotisa Pitia, que había sido puesta allí por el dios Apolo. Al oráculo se lo consultaba sobre todos los temas: religión, matrimonio, dinero, pero se lo podía interrogar sólo después de que el peregrino se había sometido a una purificación en las aguas de la fuente Castalia y de haber sacrificado una cabra. Las preguntas se presentaban escritas en tablillas de piedra, y había un sacerdote para interpretar las respuestas que balbuceaba Pitia.

En otros lugares de Europa, los peregrinos visitaban monumentos neolíticos, como los círculos de piedra de Avebury, en Wiltshire, que datan del 2600 a. C. Es probable que las piedras marcaran un sitio más antiguo de peregrinación religiosa; el plano original del lugar mostraba el cuerpo de una serpiente que pasaba a través de un círculo, un símbolo tradicional de los alquimistas. Además de participar en rituales religiosos, los peregrinos esperaban enriquecerse al captar la energía acumulada y que se transmitía desde la tierra a través de las piedras.

Hacia Jerusalén

El Templo de Jerusalén, construido por Salomón en el 957 a. C., constituyó el centro espiritual del mundo judaico hasta que fue destruido en el año 70 de nuestra era. Todos los varones judíos que podían realizar el viaje completaban su peregrinación al Templo con sacrificios. Los devotos peregrinaban tres veces por año: en la Pascua judía, el festival de Shavuot (la siega) y Sukkot (la cosecha de otoño). El Templo era un lugar de plegaria y contemplación. Hoy, los peregrinos judíos visitan la pared occidental o Muro de los Lamentos, cuya base es la única parte que se conserva del muro exterior que soportaba la estructura del templo. Muchos insertan en las grietas de las piedras notas con sus plegarias.

Desde el siglo IV, cuando se legalizó el cristianismo en el Imperio romano, los peregrinos cristianos han visitado el lugar de la crucifixión de Cristo, de su sepultura y resurrección. Luego de la toma de Jerusalén por parte de los musulmanes en 638, se les permitió a los cristianos visitar el lugar. Eso cambió en 1009, cuando los turcos selyúcidas tomaron Jerusalén; excepto por algunos breves intervalos durante las cruzadas, recién en el siglo XIV los cristianos pudieron visitar Jerusalén otra vez. De esos santos lugares, el más reverenciado es la iglesia del Santo Sepulcro, en el lugar donde José de Arimatea sepultó el cuerpo de Jesús.

En los primeros años del islam, la meta de los peregrinos musulmanes no era La Meca sino Jerusalén, en especial la roca que en el Corán se describe con un grupo de seguidores; fueron los primeros peregrinos extranjeros a ese sitio. El grupo esperaba alcanzar la elevación espiritual en el lugar donde se creía que estaban sepultados los restos del apóstol Santiago. Éste, testigo de la transfiguración de Jesús, murió mártir en Jerusalén en el año 44.

Según la leyenda, tras la muerte de Santiago, se cargó su cuerpo en un barco y se lo llevó a España. El lugar de la sepultura se identificó cerca del año 815, cuando un ermitaño llamado Pelayo fue guiado hacia una tumba de mármol por unas luces misteriosas en el cielo. El rey Alfonso II pronto declaró a Santiago el santo patrono de la región. A partir de la peregrinación de Godescalc, se oficializó el Camino de Santiago –un empalme de cuatro rutas provenientes de diferentes partes de Francia–, con hospitales y prioratos ubicados sobre la ruta. Para el siglo XII, Santiago de Compostela estaba a la par con Jerusalén y Roma como destino de peregrinaciones, al igual que hoy.

La catedral de Canterbury ya era sagrada para aquellos que veneraban a San Dunstano cuando en 1170 fue asesinado allí el arzobispo Thomas Becket, según parece por órdenes del rey Enrique II. Su asesinato se consideró un martirio, y se dice que en su tumba tuvieron lugar varios milagros. Becket fue canonizado con rapidez, a lo que siguió una oleada de peregrinaciones.

Cuando se reconstruyó la catedral a principios del siglo XIII, y el cuerpo de Becket se trasladó a la Capilla de la Trinidad, el número de peregrinos aumentó. Cerca de 1380, mientras Chaucer escribía Los cuentos de Canterbury, más personas se dirigían a Canterbury en grupos, y esto fue así hasta 1538, cuando Enrique VIII desmanteló el santuario de Becket y trasladó sus riquezas a las arcas reales. Sólo en el siglo XX se retomaron las peregrinaciones a Canterbury.

Deber islámico

Los musulmanes deben cumplir con el Hajj –una peregrinación a La Meca– una vez en la vida. Cada año, más de dos millones de personas realizan ese viaje y se reúnen en el recinto sagrado de la Gran Mezquita para rendir culto a Alá. En el centro de la Mezquita, los peregrinos forman una rueda en torno a la Kaaba, una estructura en forma de cubo, en cuyo rincón sudeste está la Piedra Negra, que solía ser un objeto de culto pagano hasta que fue purificada por Mahoma en el 630. Se exige que los peregrinos caminen en círculo siete veces alrededor de la piedra y la besen.

La Meca es la ciudad donde nació y murió Mahoma, pero el Hajj conmemora acontecimientos de la vida del profeta Abraham, del Antiguo Testamento, que vivió en La Meca y soportó varias pruebas de fe. Para obedecer el mandato de Dios, Abraham dejó a su esposa Hagar y a su hijo Ismael en La Meca, con la esperanza de que Dios cuidaría de ellos. Cuando Hagar buscaba agua, brotó milagrosamente un manantial para calmar la sed del niño. Fue en La Meca donde Dios ordenó a Abraham construir la Kaaba, en un sitio dedicado a Adán. Más tarde, el paganismo ganó terreno y 300 ídolos encontraron un lugar en la Kaaba. La desnudez y la inmoralidad pasaron a ser los rasgos distintivos de los rituales que se asociaban con esos ídolos. Sólo cuando Mahoma legitimó la Piedra Negra, se estableció que La Meca era la ciudad santa del mundo musulmán.

Lugares de iluminación

Para el budismo, los primeros centros de peregrinación estaban vinculados a la vida y las enseñanzas del Maestro: Lumbini, en Nepal, donde nació Buda, y Bodh Gaya, en la India, donde debajo del árbol Bo, fue iluminado. Otros sitios son Sarnath, escenario de sus primeras enseñanzas, y Kushinara, donde murió.

Cuando Buda murió, sus restos fueron recogidos de la pira funeraria y divididos en ocho partes; sobre cada una de ellas se erigió un stupa o montículo sepulcral. Es probable que las peregrinaciones budistas hayan comenzado como visitas a esos sitios sagrados. Si bien la peregrinación no es una condición para ser un budista devoto, sus adeptos han cubierto extensos recorridos por todo el mundo a fin de visitar santuarios consagrados y realizar buenas obras para los demás. De ese modo, contribuyeron de manera significativa a la expansión del budismo por el mundo.

Lugares de curación

El poder del agua es un tema recurrente en las peregrinaciones a los lugares de curación más renombrados del mundo.

Lourdes: En 1858, la Virgen María se le apareció a Santa Bernardita en una visión, en la Gruta de Massabielle, en Lourdes. Se dice que allí la Santa Virgen dio instrucciones a Bernardita de que bebiera de un manantial que no se había descubierto. Se cree que el agua del manantial posee poderes curativos. A partir de esa visión, millones de peregrinos, en especial los que necesitan curarse, han viajado hasta Lourdes y se sumergen en las diecisiete piscinas de la gruta (seis de las cuales son para hombres y once para mujeres).

Walsingham: en 1061, Lady Richeldis, la esposa de un señor normando, tuvo una visión de la Virgen María en la cual su espíritu fue transportado hasta el lugar donde el ángel Gabriel había aparecido en el momento de la Anunciación. La Virgen le ordenó a la mujer que construyera una réplica en Walsingham, Norfolk, al este de Inglaterra, y el santuario que se erigió se convirtió en un lugar muy popular para peregrinaciones, porque se le atribuían poderes curativos. El santuario fue destruido durante la Reforma y se reconstruyó en 1931; desde entonces, ha sido un imán para los peregrinos que buscan curarse.

El río Ganges: los hindúes veneran al río Ganges. Creen que sus aguas son la materialización de la Ganga, “la de andar veloz”, diosa de la purificación. Dado que se considera que el río tiene el poder de purificar y sanar, se lleva a los enfermos hasta las orillas, y en sus aguas sagradas se esparcen las cenizas de los muertos.

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