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La cicatrización requiere cierto grado de cooperación para que se efectúe rápidamente y bien.

¿Por qué algunas personas cicatrizan más rápidamente que otras?

Así como no hay dos personas que tengan las mismas huellas dactilares, tampoco las hay con sistemas de defensa y de regeneración igualmente eficaces. Cada uno ha nacido con una serie de características biológicas particulares que incluyen la resistencia a las infecciones, la velocidad de coagulación de la sangre y la capacidad para formar nuevos tejidos, condiciones que influyen en la cicatrización.

A mayor edad de una persona, más tarda en cicatrizar, pero la edad no es el único factor que influye en este proceso. De una forma que los investigadores apenas comienzan a comprender, el estado general de salud, la nutrición e incluso la tensión emocional y la que produce el medio ambiente pueden acelerar o retrasar el período de cicatrización. Por último, hay que tomar en cuenta que algunas personas son más prudentes que otras para tratar sus heridas: las mantienen limpias y bien aireadas y usan los medicamentos indicados. La cicatrización requiere cierto grado de cooperación por parte del paciente para que se efectúe rápidamente y bien. Pero la cooperación no explica plenamente el proceso.

Cómo se curan por sí mismas las heridas.

Si no fuera por las plaquetas, cada vez que nos hiciéramos una herida correríamos el riesgo de morir debido a la pérdida de sangre. En cuanto se produce una herida en la piel, las plaquetas se aglomeran para taponarla y liberan una sustancia que retarda el flujo de sangre. El fibrinógeno de la sangre forma filamentos de fibrina que se entrelazan y retienien en su trama las células sanguíneas, lo que forma un coágulo en el lugar de la lesión. Poco después, el coágulo se contrae, suelta plasma y aproxima los bordes de la herida. Además de detener la hemorragia y cubrir la abertura, el coágulo proporciona el sustrato donde se formará el nuevo tejido. A medida que la herida cicatriza, el coágulo se seca, lo que da lugar a una costra dura que reviste la superficie y protege a las nuevas células epiteliales, que se van multiplicando por debajo hasta llenar la abertura. Los glóbulos blancos acuden a defender la zona contra las infecciones y a limpiarla de células muertas. La sangre vuelve a fluir a través de los nuevos capilares que se forman en esa zona para nutrir el tejido cicatricial.

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