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Las estatuas fueron labradas en toba, piedra formada por cenizas volcánicas

¿Cómo fueron erigidos los monolitos de la Isla de Pascua?

Cientos de estatuas gigantescas -algunas erguidas sobre plataformas de piedra, otras enterradas o rotas sobre el suelo- dominan el horizonte de una remota isla de Polinesia de solo 160 kilómetros cuadrados de superficie: la Isla de Pascua, así llamada porque los europeos la descubrieron el día de Pascua de 1722.

Aunque algunas de las estatuas (llamadas moai por los polinesios) se hallan a la vera de caminos antiguos, fueron labradas originalmente para adornar los santuarios conocidos como ahu. Hasta la fecha se conocen 239 ahu, que son plataformas hechas con bloques de piedra de hasta 60 m de largo. En algunas de ellas se han encontrado tumbas: se sabe que los cadáveres se dejaban expuestos hasta que solo quedaban los esqueletos, y después se enterraban en bóvedas bajo los ahu.

Hay unas 1.000 estatuas en toda la isla, las cuales miden desde 1 m hasta 21 m de altura y al parecer son efigies de guerreros o de antepasados muy antiguos de sus constructores. La estatua más grande erguida alguna vez sobre un ahu medía 9,8 m de altura; hoy yace rota en el suelo, movida intencionalmente del ahu, aunque no se sabe porqué. Se calcula que unos 90 hombres debieron de tardar 18 meses en labrarla y colocarla en su sitio.

Desde que la isla fue descubierta nunca ha tenido más de 4.000 habitantes, pero antaño su población debió de ser mucho mayor. Las estatuas no muestran raspaduras, lo que hace suponer que se usaron jaulas de madera para transportarlas. Hoy la isla casi carece de árboles, pero hay pruebas de que alguna vez tuvo bosques, así que seguramente había madera en abundancia para construir trineos de arrastre.

Las estatuas fueron labradas en toba, piedra formada por cenizas volcánicas arrojadas alguna vez por el pico Rano Raraku, situado en el este de la isla. Algunas tienen un enorme coronamiento labrado en una piedra llamada escoria roja; el más grande mide 1,8 m de altura por 2,4 m de ancho y pesa 11,5 toneladas, pero la mayoría de ellos son mucho más pequeños. Fueron extraídos del Punapau, pico volcánico ubicado en el suroeste de la isla.

En las canteras de Rano Raraku todavía pueden hallarse herramientas abandonadas que los habitantes de la Isla de Pascua llaman toki y ciertas hachas de basalto, piedra volcánica oscura que se encuentra entre la toba, más blanda.

Hay también allí 394 estatuas en diversas etapas de elaboración: algunas no son más que bosquejos trazados en la superficie de la roca: otras están casi terminadas y a punto de desprenderse de la cantera. Otras más yacen tiradas, y algunas se apoyan de costado en grietas de la roca.

La arqueóloga estadounidense Jo Anne Van Tilburg ha registrado y descrito 823 estatuas de la Isla de Pascua. Sus estudios revelan que cuanto más reciente es una estatua, más grande tiende a ser. La más voluminosa -aún en la cantera y sin terminar- mide 21 m de largo y pesa unas 200 toneladas. Al parecer las estatuas fueron hechas durante un período de varios siglos que terminó unos 200 años antes de que los europeos pusieran pie en la isla.

Cerca de la cima del Rano Raraku hay pares de hoyos de casi 1 m de profundidad, comunicados en el fondo de la roca por un canal y que al parecer se usaron para hacer pasar cuerdas. A los lados de dichos hoyos hay marcas que evidentemente fueron hechas por cuerdas de hasta 10 cm de grosor, tal vez trenzadas con fibras vegetales como las del hibisco. También se usaron vigas de madera tendidas en canales de piedra para sujetar cuerdas, así como amarraderos labrados en las salientes rocosas.

Las estatuas eran bajadas lentamente con cuerdas por las laderas llenas de escombros del Rano Raraku. Hay 103 estatuas erguidas casi al pie, en su mayoría enterradas hasta el cuello. Las excavaciones revelan que fueron deslizadas dentro de fosos abiertos ex profeso para colocarlas en posición erecta y poder así acabar de labrarlas.

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