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Nadie imaginaba que las ratas muertas eran el eslabón perdido de una epidemia que causaría miles de muertes.

En la Italia del siglo XVII se decía que el mejor remedio contra la peste consistía en "salir corriendo, irse muy lejos y regresar lentamente". Los médicos no tenían remedios eficaces contra la enfermedad; algunos la achacaban a las "miasmas" causadas por una combinación del clima y las influencias planetarias, o a los efluvios que desprendían los cadáveres en descomposición. En 1630, por ejemplo, un médico milanés llamado Tadino auguró que, estando en conjunción Júpiter y Saturno, estallaría una epidemia asoladora que causaría la muerte de miles de personas. Naturalmente, la epidemia estalló, transmitiéndose en seguida de unas personas a otras. Al principio se culpó a los perros y gatos, que fueron sacrificados en gran número. Nadie advirtió que las ratas muertas que llenaban las calles eran el "eslabón" que buscaban.

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takataka

¡Cuántas barbaridades se cometían y se decían!

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