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Sí son más cálidos que las regiones húmedas de las mismas latitudes

¿Son siempre cálidos los desiertos?

El 13 de septiembre de 1922, en un puesto avanzado del Sahara, en Libia occidental, la temperatura del aire subió hasta los 58 °C a la sombra, la más alta que se haya registrado jamás en toda la Tierra. Pero la temperatura del suelo en los desiertos puede elevarse todavía más: en el Valle de la Muerte se sabe que ha alcanzado 88 °C.

Por supuesto, no todos los desiertos llegan a semejantes extremos, pero sí son más cálidos que las regiones húmedas de las mismas latitudes. Esto se debe a que en las zonas húmedas solo llega a la Tierra menos de la mitad de la radiación solar; el resto queda detenido por las nubes y el vapor de agua del aire, o vuelve al espacio reflejado por las hojas de las plantas y la superficie del agua. En los desiertos secos y con escasa vegetación, de cielos claros y sin nubes, casi toda la radiación del Sol calienta la tierra desnuda y el aire que la cubre.

Por la noche, sin embargo, las temperaturas del desierto suelen descender espectacularmente, porque al no haber aislantes el calor acumulado se irradia hacia el espacio. En un lugar del Sahara la temperatura bajó en una ocasión 55 °C en veinticuatro horas: de 52 °C hasta 3 °C bajo cero.

¿Existen lagos en el desierto?

Algunos desiertos están salpicados irregularmente de lagos permanentes. Las lluvias de las tierras altas circundantes los mantienen provistos de agua, pero como son cuencas cerradas y la única pérdida se debe a la intensa evaporación. Con los años se van concentrando las sales minerales disueltas que continuamente llegan a ellos. Sin embargo, la mayoría de los lagos desérticos son estrictamente temporales. Las esporádicas lluvias los llenan hasta una profundidad de algunos metros, pero en cuestión de semanas o meses toda el agua se evapora. No queda sino el seco lecho del lago. Algunos no son más que grandes extensiones llanas de barro recocido por el sol; otros están cubiertos de una brillante corteza de sales.

Uno de los lagos desérticos más extraños es el lago Eyre, en el sur de Australia central. Mide unos 9.300 kilómetros cuadrados de superficie y la mayor parte del tiempo está totalmente seco. Solo en dos ocasiones desde su descubrimiento en 1840 se ha llenado totalmente de agua y cada vez el lago se ha desvanecido a los pocos años, evaporándose completamente en el seco y cálido aire del desierto.

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