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Se utilizaban brochas de ramitas, pelo animal, musgo, plumas y pieles.

¿Cómo se crearon las pinturas rupestres?

Los gigantescos toros de Lascaux

La vacilante luz que ardía en el cuenco de grasa animal proyectaba gigantescas sombras sobre la pared de la caverna de Lascaux, en el suroeste de Francia. Encaramados en andamios de madera en la penumbra del majestuoso Salón de los Toros, los pintores prehistóricos trabajaban en las partes más lisas del muro, a unos 5 metros de altura.

Primero, alguien con una piedra afilada trazaba a golpes el contorno de un toro sobre la deslumbrante superficie de arcilla blanca. A continuación, los pintores aplicaban el color con brochas confeccionadas de ramitas, pelo animal, musgo, plumas y pieles. Mezclaban sus pigmentos minerales en huesos vaciados y aplicaban color a un toro amarillo, un caballo marrón o un grupo de ciervos marrones y negros (para el pigmento negro utilizaban carbón y yeso).

Finalmente, cada espacio accesible de la caverna principal quedó cubierto con figuras animales, algunas de ellas, como los poderosos toros, de hasta 5,4 m de longitud. Luego, agazapados en estrechos huecos de no más de un metro de altura, otros hábiles artesanos siguieron añadiendo nuevos animales, plenos de color y de vida, a la creciente colección, hasta que centenares de imágenes de caballos, bisontes, bueyes y ciervos cubrieron los pasillos que conducían a la caverna principal.

Creaciones convincentes

Las pinturas reflejaban la existencia diaria de una raza de cazadores que vivió hace unos 17.000 años. Los artistas conocían bien a sus modelos, pues les proporcionaban carne para su alimentación y pieles para su abrigo. Por ello eran capaces de conferir vida a los animales, desde cabras salvajes a ciervos nadando, con colores sumamente realistas.

Durante siglos, las pinturas se perdieron para la humanidad hasta que, en septiembre de 1940, cuatro jóvenes que exploraban un campo cercano a la aldea de Montignac observaron un agujero parcialmente oculto por raíces de árboles caídos: conducía a la entrada de la caverna. No obstante, en la Francia ocupada por los alemanes durante la II Guerra Mundial, el descubrimiento no se hizo público.

Entusiasmo popular

Hasta julio de 1948 la caverna -iluminada eléctricamente y dotada de guías expertos- no se abrió al público. Miles de personas acudieron en tropel a la primera galería de arte subterránea del mundo, y se maravillaron ante el asombroso conjunto de animales -como un bisonte herido atacando a un cazador- que parecían tan frescos y reales como en el momento en que fueron pintados. Los gigantescos toros -52 en total- se identificaron como uros, uno de los mayores animales de la Edad del Hielo, que pesaba más de una tonelada. Aislados durante siglos de los efectos nocivos de la atmósfera exterior, las 600 pinturas y los 1.500 grabados se hallaban en condiciones casi perfectas. En 1963, sin embargo, cuando cada día se agolpaban en la cueva 1.500 visitantes, el calor corporal elevó significativamente la temperatura. La condensación y el moho resultantes amenazaron con destruir las pinturas. La caverna se cerró al público y desde entonces su temperatura se mantiene en 12ºC. Una excelente reproducción de la caverna y de sus sorprendentes pinturas rupestres se ha instalado en las cercanías.

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