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A principios del siglo XIX, los franceses instalaron carros en una vía para imitar los trineos rusos.

¿Por qué la montaña rusa es la atracción preferida en las ferias?

A principios del siglo XIX, los franceses instalaron carros en una vía para imitar los trineos rusos. Desde entonces, los empresarios de las ferias han tratado de construir, a petición del público, montañas rusas cada vez más rápidas y aterrorizantes. Aunque es una experiencia espeluznante, quienes buscan emociones fuertes, hacen largas filas y pagan por el placer de llevarse un susto de muerte.

Los propietarios de las ferias pueden invertir millones de dólares en una nueva montaña rusa, pues saben que pronto recuperarán su inversión. Cuando la montaña rusa más alta del mundo (en esa época) se inauguró en 1989 en Cedar Point, Ohio, más de 1,8 millones de personas se subieron durante el primer año. En Blackpool, Inglaterra, se abrió una, en 1994, de 71,6 metros, 10 metros más alta que la de Ohio, la cual tenía de antemano garantizada la recuperación de la inversión.

Las primeras montañas rusas provocaban suspenso con una subida lenta y muy empinada, seguida de un rápido y retorcido descenso. Actualmente los recorridos causan terror con una serie de ascensos y descensos bruscos y con ondulaciones, que revuelven el estómago. Para alivio de los nerviosos, esas ondulaciones generalmente tienen forma de pera y no de círculo, lo cual disminuye las probabilidades de que el carro se salga de las vías.

Las leyes de la física y de la anatomía unen sus fuerzas en la montaña rusa. Los efectos físicos de esta unión atraen a los aficionados. En el descenso más pronunciado, la fuerza de gravedad que se ejerce en el cuerpo humano es, por unos segundos, tres veces mayor que la normal. El efecto equivale a alcanzar una velocidad de 134 km/h en un segundo.

La montaña rusa más grande se yergue como un cohete espacial que espera en la pIataforma de lanzamiento, pero en un cohete los astronautas están firmemente atados a sillones acojinados para soportar la fuerza de gravedad del despegue. En la montaña rusa, el carro está abierto, y solo una barra de seguridad asida con bisagras proporciona algo de comodidad.

La sensación de haber perdido el estómago en el fondo de un circuito escalofriante es causada por la fuerza descendente que se ejerce en el hígado. Ese mareo, seguido de la sensación de falta de peso, sobreviene cuando la sangre se va del cerebro hacia los pies. La garganta seca e irritada es una garantía de que el viaje ha valido la pena: la resequedad es provocada por los involuntarios gritos de pánico.

En las curvas rápidas, los carros de las montañas rusas alcanzan velocidades de hasta 110 km/h. Las ruedas colocadas en grupos de tres, una dentro del riel, otra encima y otra debajo, reducen al mínimo el riesgo de que se descarrile o de que el metal se desgaste. Los operarios de las montañas rusas dicen que los controles computarizados, las consolas de monitores y los detectores, que localizan el desgaste del metal reducen el riesgo de accidente a 6 en 100 millones.

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