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La parte principal del invento era un cilindro metálico que se hacía girar mediante una manivela.

La máquina parlante de Thomas Edison

El mecánico jefe, John Kruesi, sacudió la cabeza con incredulidad. Esta vez, el señor Edison había tenido la idea de hacer una máquina que hablara. Como siempre, Kruesi se ciñó escrupulosamente al boceto para fabricar el aparato que, al quedar concluido el 6 de diciembre de 1877, causaría sensación en el taller.

La parte principal del invento era un cilindro metálico que se hacía girar mediante una manivela. En los lados opuestos del cilindro iban montados dos tubos equipados con finas membranas metálicas o diafragmas, que vibraban con las ondas sonoras, y cada uno de ellos estaba equipado con un estilete. Aquello parecía demasiado simple.

 

La prueba de fuego

A Edison se le ocurrió la idea de reproducir los sonidos mientras trabajaba en el perfeccionamiento del teléfono. El diafragma de este aparato vibraba con la voz humana y Edison concibió la idea de que esas vibraciones tal vez tuvieran suficiente potencia para mover un estilete que grabara un surco sobre un papel u otro material. Después, moviendo el estilete sobre ese surco, quizá se lograra reproducir el sonido que lo produjo. Dicho y hecho.

Animado por el éxito de una primera prueba rudimentaria, Edison se consagró a experimentar con diversos materiales y procedimientos, y llegó a la conclusión de que el estilete funcionaba mejor sobre un cilindro cubierto de papel de estaño.

En noviembre de 1877, Edison dibujó los primeros bocetos de su nuevo invento: el fonógrafo. En diciembre, Kruesi ya había fabricado el primer prototipo del aparato. Varios empleados del taller se reunieron para verlo funcionar, convencidos de que sería un fracaso. Edison enroscó una lámina de papel de estaño sobre el cilindro, ajustó el estilete y entonó una canción infantil: "María tenía un corderito" mientras hacía girar la manivela. El estilete grabó un surco en el papel. Después, reemplazando el estilete por otro que iba conectado a una caja de resonancia, volvió a girar la manivela y, ante el asombro general, se oyó cómo el aparato repetía la cancioncilla. Más adelante Edison comentaría: "En la vida me he sentido tan desconcertado. Siempre me han dado miedo las cosas que funcionan a la primera".

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