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El hombre primitivo creía que la reproducción estaba gobernado por seres sobrenaturales.

¿Cómo se ha intentado aumentar la fertilidad?

Desde los tiempos más remotos, hombres y mujeres han probado numerosos métodos para facilitar la reproducción. Hace unos 30.000 años, por ejemplo, los habitantes de la actual Austria adoraban a la «Venus de Willendorf», una talla de piedra de 10 cm de altura. La sexualidad y la gravidez se muestran en el abdomen hinchado, las nalgas y los pechos prominentes de la estatuilla, que seguramente hacía las veces de amuleto erótico de la fertilidad.

Ritos de la fertilidad y curiosos afrodisíacos

El hombre primitivo creía que la reproducción y el crecimiento, tanto de las personas como de las cosechas, estaba gobernado por seres sobrenaturales. El grano germinaba porque la Madre Tierra había sido fecundada por el Padre Celeste; un antiguo rito nupcial hindú contenía la siguiente frase, pronunciada por el novio: "Yo soy el cielo, tú eres la Tierra".

Para mucha gente la fertilidad no era ningún problema; su única preocupación era limitar el número de nacimientos. Cada nuevo hijo era una boca más que alimentar. Pero algunas personas necesitaban ayuda para procrear, y para esas personas el folclor era una fuente de remedios. Una creencia extendida era que las mujeres tenían más probabilidades de quedarse embarazadas si yacían con sus maridos sobre la tierra arada.

Los griegos enfocaron las prácticas y los rituales de la fertilidad de una manera más científica, y escribieron gran cantidad de tratados sobre la materia. La buena salud, pensaban, era la clave de la fecundidad: una alimentación a base de frutos secos, legumbres y cereales propiciaba la gestación. Al igual que los romanos, los griegos preconizaban también el uso de afrodisíacos, en cuya composición entraban ingredientes tales como trompa de elefante, pulmones de buitre y pelos del rabo de una mula. Tras la caída del imperio romano, la costumbre de usar afrodisíacos para favorecer la fertilidad se trasladó al norte de África. Los árabes escribieron recetas para elaborar drogas que excitaban el apetito sexual y para perfeccionar las técnicas sexuales.

Cómo tener siempre niños

En la Edad Media Europa disponía de su propio surtido de libros sobre la fertilidad, entre los cuales se encuentra el Tesoro de la salud, escrito en el siglo XIII por Petrus Hispanus -el futuro papa Juan XXI-, que contenía 56 recetas para favorecer la fertilidad. Otros libros explicaban lo que había que hacer para corregir determinados problemas sexuales y para tener siempre hijos varones, que era lo que deseaba la mayoría de la gente. El manual de Nicolás Venette, Tableau de l'Amour Conjugal, que se publicó en Francia en 1686, recomendaba montar a caballo para curar la impotencia; y los anónimos autores del Aristotle's Master Piece, publicado en Inglaterra en 1684, recomendaban a las mujeres que quisiesen tener hijos varones que hicieran el amor tumbadas sobre el lado derecho, porque los varones sólo crecían en ese lado del útero.

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