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La radiación intensa podría eliminar la capa de ozono de los planetas similares a la Tierra, que orbitan alrededor de otras estrellas, y volverlos inhabitables. As...

El Dr. Guenther expuso su trabajo al respecto en la Semana Europea de Astronomía y Ciencia Espacial en Liverpool. La expectativa de la existencia de vida fuera de nuestro planeta ha ido en alza, en especial ahora que los astrónomos saben de la existencia de alrededor de 4.000 planetas en órbita alrededor de otras estrellas.

Un puñado de estos son de tamaño terrestre y orbitan en las llamadas zonas habitables de las estrellas, bautizadas como Goldilocks zones, donde la temperatura es la adecuada para el agua líquida. Ni hace mucho frío ni mucho calor.

Pero sucede que muchos mundos candidatos del tamaño de la Tierra están en órbita alrededor de las estrellas enanas rojas, mucho más pequeñas y más frescas que nuestra estrella, el sol. Entonces, para estar en la zona habitable, los planetas necesitan estar mucho más cerca de estas estrellas que nosotros del sol.

Hay un problema: las enanas rojas pueden producir una emisión significativa de rayos X, y a menudo tienen grandes erupciones de radiación y erupciones de partículas en las llamadas eyecciones de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés).

Para tratar de evaluar estos últimos riesgos de manera realista, Guenther y sus colaboradores monitorean intensamente las estrellas de poca masa, con planetas conocidos, donde podrían producirse las llamaradas.

Así, en febrero de este año, observaron una llamarada gigante emitida por la estrella AD Leo, ubicada a 16 años luz de distancia nuestra, en la constelación de Leo. AD Leo tiene un planeta gigante que orbita a 3 millones de kilómetros de distancia (50 veces más cerca que la Tierra del Sol), y podría tener otros mundos del tamaño de la Tierra más alejados en su zona habitable.

Los astrónomos están trabajando para establecer lo que la “bengala” de energía le hizo al planeta gigante mencionado y a cualquier planeta hipotético más alejado. Sus resultados iniciales sugieren que el planeta gigante no se vio afectado, y qué -a diferencia de los eventos similares en el sol- la llamarada de radiación no fue acompañada de una CME.

Esta es, potencialmente, una buena noticia para la vida extraterrestre, ya que se cree que las CME tienen un papel en la eliminación de la atmósfera de los planetas más pequeños. Desde la experiencia que les da su monitoreo, el equipo alemán cree que las CME son generalmente menos comunes en las estrellas más pequeñas.

Por otro lado, la radiación de rayos X es peligrosa. Según el equipo de Guenther, estos atravesarían la atmósfera y llegarían a la superficie de un planeta parecido a la Tierra. En él, la vida en la tierra se vería gravemente afectada por una llamarada estelar y podría solo sobrevivir en los océanos.

Guenther dice al respecto: “Los astrónomos están montando un esfuerzo global para encontrar mundos parecidos a la Tierra, y para responder a la antigua pregunta de si estamos solos en el Universo. Con estallidos esporádicos de rayos X duros, nuestro trabajo sugiere planetas alrededor de las estrellas más comunes, las estrellas de poca masa, no son los lugares ideales para la vida, al menos en tierra firme”.

 La siguiente etapa para el grupo de investigación es refinar los detalles de su modelo. ¿Por qué? Algunos científicos sugieren que las erupciones de radiación gigantes podrían agotar la capa de ozono de un planeta en un 94% durante dos años e incluso podrían ser fatales para toda la vida en ese lugar. Si están en lo cierto, entonces hablar de la existencia de una 'Tierra 2.0' puede ser prematuro. El misterio continúa.

 

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