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¿Qué tal si el tostado playero fuera también nuestro alimento? 

¿Qué tal si esa corta siesta que nos damos, tirados en una plaza, playa, jardín o terraza fuera el almuerzo? Después de todo, es lo que hacen hierbas y árboles. Los animales, no. Pero siempre hay excepciones. Y en este caso es lo que ocurre con una babosa que vive en el Océano Atlántico, la que resolvió de esa manera su dilema de cómo llenar el puchero día a día: comiendo luz solar.

“Es una hazaña notable porque es muy raro que un animal se comporte como una planta y sobreviva únicamente con la fotosíntesis”, dice sobre esta maravilla Debashish Bhattacharya, profesor del Departamento de Bioquímica y Microbiología de la Universidad de Rutgers-New Brunswick, en EE.UU.

Sucede que la Babosa de Mar del Noreste (ése es su nombre específico) puede llevar a cabo ese logro asombroso, similar a agregarle paneles solares a su cuerpo, cosa que hace al extraer o robar materias primas a las algas con que se encuentra para proporcionarse su suministro de energía solar alimenticio de por vida. Así aprovecha la fotosíntesis. ¿Y qué es la fotosíntesis? Es usar la luz solar para crear energía química (azúcares) a partir del dióxido de carbono (CO2) y el agua. Los plástidos de la alga parda son orgánulos fotosintéticos (como los órganos de animales y personas) cargados con clorofila, un pigmento verde que absorbe la luz y que le da el color a las hojas de plantas y árboles.

Esta babosa marina (Elysia chlorotica), por su parte, es un molusco que puede crecer hasta más de 5 centímetros de largo, y se la ha encontrado en la zona intermareal entre Nueva Escocia, Canadá, y Martha's Vineyard, Massachusetts, así como en Florida, en EE.UU. No nacen con el poder citado. Las babosas marinas juveniles se comen al alga parda no tóxica Vaucheria litorea y, entonces, se vuelven fotosintéticas o dependientes de la energía solar al robarles millones de plástidos a las algas. Los plástidos son como pequeños paneles solares, y la babosas comienzan a almacenarlos en su revestimiento intestinal, según el estudio que Bhattacharya y un equipo investigador llevaron a cabo sobre ellas.

Posibilidades

A la luz de lo anterior, bien por las babosas, pero ¿la idea sería abandonar los placeres de la gastronomía y aprender cómo inyectarnos plásmidos en la piel? No. “La implicación más amplia está en el campo de la fotosíntesis artificial”, detalla Bhattacharya. “Es decir, si podemos descubrir cómo la babosa mantiene plastidios robados y aislados para fijar el carbono sin el núcleo de una planta, entonces quizás también podamos utilizarlos por una eternidad como máquinas verdes para crear bioproductos o energía”.

Para aclararlo, “el paradigma existente es que para hacer energía verde, necesitamos una planta o alga, pero la babosa nos muestra que no tiene por qué ser así”.

Esta alga en particular es una fuente de alimento ideal porque no tiene paredes entre las células adyacentes en su cuerpo y es esencialmente un tubo largo cargado con núcleos y plastidios, explica Bhattacharya, así, “cuando la babosa marina hace un agujero en la pared externa de la célula, puede absorber el contenido de la célula y reunir todos los plástidos de algas”, indica.

Misterio restante

Basado en estudios de otras babosas marinas, algunos científicos han argumentado que roban y almacenan estos plástidos como alimento para ser digeridos en tiempos difíciles, de la misma manera en que lo hacen los camellos, que almacenan grasa en sus jorobas. Este estudio demostró que ese no es el caso de Elysia chlorotica con su aprovechamiento de la energía solar, que “tiene esta notable capacidad para robar estos plástidos de algas, dejar de alimentarse y sobrevivir gracias a la fotosíntesis de las algas durante los próximos seis a ocho meses”, dice el científico.

El equipo de Rutgers y otros científicos utilizaron la secuenciación del ARN (un grupo de moléculas que transportan datos genéticos) para probar su hipótesis de suministro de energía solar. La evidencia muestra que la babosa responde activamente a los plastidios robados protegiéndolos de la digestión y activando sus genes animales para utilizar los productos fotosintéticos de algas.

Pero no todo está resuelto. Queda un misterio. Y grande: mientras que Elysia chlorotica almacena plástidos, los núcleos de las células de las algas, que también son absorbidos por las babosas, no sobreviven, y los científicos aún no saben cómo la babosa marina mantiene los plástidos y la fotosíntesis tan útil durante meses sin los núcleos que, normalmente, se necesitan para controlar su función.

Sin duda, esta babosa, a su modo, es más viva que un zorro.

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