Curiosidades: ¿Por qué las batas hospitalarias se atan atrás? Curiosidades: ¿Por qué las batas hospitalarias se atan atrás?

La prenda que nadie quiere ponerse, ni al realizarse un estudio ni en el hospital: ¡mantente lejos bata celeste!

Desde luego, es bastante desagradable estar internado en un hospital. ¿Por qué, además, los pacientes tienen que sufrir la humillación de quedar con el trasero expuesto a la vista de todos? Ésta es una expresión de la moda en la que ni siquiera las personas enfermas quieren participar.
Uno puede darse cuenta de que las batas no son la prioridad número uno para los administradores de los hospitales, dado que hay otras cuestiones que, con razón, les ocupan gran parte de su tiempo: el personal de enfermería, el presupuesto para investigaciones y las urgencias quirúrgicas. Sin embargo, mientras los hospitales persiguen el sueño imposible de servir una comida que sea pasable, la erradicación de la bata que se ata en la espalda es posible.
En un principio, la justificación para que las batas se ataran en la espalda era que ese diseño permitía que los trabajadores de la salud cambiaran las batas de los pacientes postrados sin molestarlos. Si las batas se ataran por delante, los pacientes tendrían que ser levantados (o incorporarse por su cuenta) para sacarles la prenda. Tal vez se deba a la creciente preocupación por la “intimidad del paciente” (palabras de moda en la industria de la “indumentaria hospitalaria”), o quizá se deba a una competencia entre los hospitales, en especial los privados, pero muchos administradores de la salud empiezan a darse cuenta de que existen alternativas a las batas atadas en la espalda.
Scott Hlavaty, que es director de la gerencia de productos para el cirujano y el paciente en la importante casa de uniformes Angelica, explicó que los cierres laterales brindan un máximo de intimidad al paciente y, a la vez, no generan ningún problema al momento de tener que quitarles la prenda. Angelica y otras empresas fabrican batas que minimizan la exposición del paciente y los inconvenientes que surgen cuando hay que asistirlos.
Hlavaty agrega lo siguiente: Existen batas especiales para los pacientes que reciben medicación intravenosa, las cuales permiten retirar la prenda sin tener que desconectar las vías. Además, con el advenimiento de los marcapasos y los monitores cardíacos, se han colocado “bolsillos telemétricos” en el centro de las batas. Estos bolsillos tienen una abertura en la parte posterior para permitir que pase el dispositivo de monitoreo sin necesidad de tener que desconectarlo.
Algunos enfermeros y enfermeras consultados dijeron que las batas que se atan en la espalda son mejores para aplicar inyecciones (en las nalgas, por supuesto). Sin embargo, algunos pacientes prefieren usar su propio pijama, y los enfermeros siempre se las ingenian para darles la inyección. Aun cuando un paciente estuviera tan postrado que el cierre trasero de la bata fuera la mejor opción, se han realizado algunas mejoras en las prendas, para prevenir que los enfermos se exhiban ante sus compañeros de habitación o las visitas.

Las batas que se atan en la espalda no serían tan problemáticas si los cierres fueran seguros. En la actualidad, las prendas vienen con cierres plásticos o de metal y, también, con velcro. Y más importante aún, existen batas diseñadas para que al cerrarlas queden dos franjas de tela superpuestas en la espalda; estas prendas son más parecidas a una bata de baño que a las batas hospitalarias tradicionales. Sin duda, estos avances de diseño encarecen el producto, pero ¿a quién le importa gastar unos pesos más? Después de todo, ¿cómo se puede alentar a los pacientes posoperatorios a que salgan a caminar por los pasillos del hospital si están más preocupados por los “mirones” que por los dolores que los aquejan?

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