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Sea cual sea su color y forma, la tierra siempre es un material complejo.

Complejidades del suelo

¿Qué es el suelo?

Tanto si es negra como parda, roja o amarilla; tanto si forma un grueso depósito como una delgada capa sobre la roca subyacente, la tierra es siempre un material complejo. Sus componentes fundamentales son producto de la erosión de las rocas: arcilla, Iodo y arena. Pero estos elementos básicos no bastan; para que se forme el suelo tiene que haber, además, materiales orgánicos, es decir, restos en descomposición de plantas y animales. La película de agua que se adhiere a cada una de estas innumerables partículas y el aire que llena los poros que existen entre ellas también son ingredientes esenciales del suelo.

Muy lejos de ser estéril, en la tierra pulula la vida, especialmente en sus capas superiores. Algunos de estos seres vivos pueden verse a simple vista. Las raíces de las plantas penetran en la tierra en todas direcciones, y los gusanos, los insectos, los topos y otros animales cavan en ellas sus nidos y moradas. Pero la inmensa mayoría de sus habitantes pasan inadvertidos. Entre ellos hay millares de filamentos fungosos, millones de bacterias y una multitud de otros microorganismos que prosperan en cada hectárea del fértil suelo.

La vida, ciclo interminable de crecimiento, muerte y descomposición, no sería posible sin el rico manto de tierra que cubre el planeta. Porque esta es el laboratorio donde los minerales se convierten en alimento para las plantas y en el que los animales y los vegetales muertos se reducen a sus componentes básicos: elementos nutritivos con los que pueden sobrevivir y prosperar nuevas plantas.

¿De dónde procede el suelo?

La tierra no siempre ha cubierto nuestro globo. Durante millones de años, su parte emergida era roca desnuda. Gradualmente, las rocas se desgastaron y pulverizaron dando lugar a las arcillas y arenas que constituyen la tierra. La dilatación y contracción causadas por la congelación y el deshielo partieron las rocas en pedazos; el desgaste químico las desintegró; el viento y el agua las erosionaron y trasladaron sus restos de un lugar a otro. Los lentos glaciares también contribuyeron a su disgregación, empujándolas, limándolas, triturándolas hasta convertirlas en finas partículas.

Con el tiempo, aparecieron plantas terrestres; algunas se asentaron en las mismas rocas peladas y otras en la capa acumulada de arcilla y polvo. Generación tras generación, las plantas vivieron y murieron y sus restos se incorporaron a las masas inertes de partículas minerales y las transformaron en la materia vivificante que llamamos suelo.

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