Imagen Imagen

Sin cuidado, las botellas pueden explotar cuando la presión de gas aumenta.

Los productores de cerveza casera y de gaseosa de jengibre conocen los peligros de la fermentación. Sin el debido cuidado, las botellas pueden expulsar los corchos o explotar cuando la presión del gas aumenta.

Antaño este era el problema para elaborar champaña. Los tapones de madera mal ajustados se sustituyeron por los de corcho, como una medida para conservar la efervescencia del vino. En el siglo XVII, el monje benedictino Dom Pierre Pérignon introdujo el uso del corcho en la región de Champaña, situada en el noreste de Francia. Algunos dicen que la idea surgió en Inglaterra, donde ya se usaba; otros opinan que Dom Pérignon imitó a los peregrinos españoles que cerraban sus calabazas con corcho. Hasta entonces, las botellas se cerraban con grapas de madera envueltas en fibras de cáñamo impregnadas con aceite. Sin embargo, cuanto más empeño ponían los productores en conservar las burbujas, más botellas estallaban. La pérdida llegó a ser hasta de 80%.

Más tarde, tras las Guerras Napoleónicas, un farmacéutico de nombre Francois de Chalons, halló la manera de agregar azúcar al vino y controlar su efervescencia. Sabía que el azúcar produce bióxido de carbono, el cual permanece disuelto en el vino. Descubrió que podía controlar no solo la cantidad de gas, sino lo dulce del sabor. De sus trabajos proceden las clasificaciones que hoy día se usan para indicar lo seco o dulce de un vino, seco, semiseco y dulce.

La champaña ejerce una presión cinco o seis veces superior a la de la atmósfera normal, excesiva para que una botella común la soporte. Tras el trabajo innovador de Francois de Chalons, se usaron botellas más resistentes, capaces de retener la efervescencia sin estallar.

Elegí tu puntuación
Dejá tu comentario
Imagen takataka
takataka

Bueno

Notas Relacionadas