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Muchos nos mareamos en algún momento. Le damos algunos trucos para controlar esta molestia.


Si alguna vez ha sentido náuseas en la parte de atrás de un ómnibus o todo le daba vueltas al bajar de un barco, entonces sabe lo que es el mareo. Los síntomas más comunes de este malestar son vértigo, aumento de la salivación, dolor de cabeza, sudor, eructos y vómitos.

El ser humano no siempre ha sufrido este malestar. Según Fred Mast, catedrático que estudia la integración multisensorial en la Universidad de Berna, Suiza, los mareos empezaron a afectarnos cuando inventamos vehículos para movernos más rápido. “Nuestro cuerpo no estaba preparado”, dice, y explica que la aceleración creada por el hombre genera una perturbación entre el sistema vestibular, encargado del equilibrio, y la vista.

Cuando va en barco o en auto, puede que no vea el movimiento del vehículo, pero su sistema vestibular lo registra. El cerebro humano no ha evolucionado lo suficiente para resolver el conflicto, y por ello se produce la sensación de mareo. No hace falta mucha velocidad para que se produzca esta alteración.

También nos podemos marear con la aceleración simulada, como ocurre en los videojuegos tridimensionales o en escenas de cine que hacen que el cerebro del espectador crea que se está moviendo cuando en realidad no lo está.

Mientras que una de cada tres personas sufre mareos en algún momento, hay algunos más susceptibles: niños y jóvenes (en un estudio realizado en Alemania, la mitad de los menores de 30 años se vieron afectados por el mareo); la gente que sufre migrañas; y las mujeres en mitad de su ciclo menstrual.

Según Qadeer Arshad, profesor clínico honorario de la facultad de medicina del Imperial College de Londres, Inglaterra, la buena noticia es que el mareo no es síntoma de nada grave, ya que desaparece cuando dejamos de movernos, pero la pérdida de equilibrio no relacionada con el movimiento (vértigo), podría indicar una enfermedad subyacente, y debería hablarse con un médico.

Ciertos medicamentos pueden disminuir el mareo: antihistamínicos; antimuscarínicos, que relajan las vías respiratorias; y simpaticomiméticos, que actúan como estimulantes, contrarrestando la somnolencia que provocan otros tratamientos contra el mareo. Como pueden afectar a la cognición, no son adecuados para la gente que trabaja con maquinaria o conduciendo. “Ninguna terapia actual es eficaz en su totalidad”, dice Arshad.

Se pueden evitar los mareos cambiando la forma de viajar. Sentarse en las primeras filas del ómnibus y en el sentido de la marcha permite ver el movimiento. Situarse en medio de un barco o junto al ala de un avión reduce la sensación de movimiento. Evitar el alcohol y las comidas pesadas antes de un viaje también puede ayudar a prevenir los síntomas (el alcohol por sí solo ya afecta al equilibrio). 

El aire fresco puede ayudar a reducir las náuseas, y mirar al horizonte a través de una ventana puede minimizar la desconexión entre el sistema vestibular y la vista.

Mast tiene la teoría de que los mareos se irán reduciendo cuando las generaciones futuras se adapten al movimiento de los vehículos, aunque admite que podrían tardar siglos, y sería posible solo si nuestros medios de transporte se mantienen igual. Si la velocidad sigue aumentando, “puede que todo vuelva a empezar”, dice. 


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