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En los primeros viajes espaciales, los astronautas comian unas pastas muy poco apetitosas.

Comida espacial

En los primeros viajes espaciales de la década de 1960, los astronautas tenían que alimentarse a base de unas pastas muy poco apetitosas, que tomaban de un tubo parecido al de los dentífricos.

Pero ahora, en la época del transbordador, la tripulación disfruta de apetitosas comidas: huevos revueltos, filetes, espárragos y budín de manteca; los alimentos se comen con cubiertos y se sirven en una bandeja.

Antes de que Yuri Gagarin abriera camino a los astronautas, el 12 de abril de 1961, nadie sabía si un ser humano resistiría los rigores del vuelo espacial. ¿Soportarían las aplastantes fuerzas generadas durante el lanzamiento del cohete, que aumentan hasta en seis veces el peso del cuerpo? ¿Y podrían hacer frente, inmediatamente después, al estado de ingravidez? ¿Podrían comer y beber en ausencia de la gravedad que hace llegar los alimentos y las bebidas al estómago?

Después de más de un cuarto de siglo de vuelos espaciales tripulados, la respuesta a todas estas preguntas, con ciertas reservas, es sí. En el espacio, los astronautas viven rodeados por una atmósfera de nitrógeno y oxígeno a una presión atmosférica igual a la del nivel del mar, y a una temperatura agradable que les permite estar en mangas de camisa. El ambiente viciado y los olores se eliminan haciendo circular el aire por absorbentes de bióxido de carbono y por filtros de carbón; la humedad se controla cuidadosamente. El nitrógeno del sistema de presurización del aire proviene de tanques a presión, y el oxígeno se lleva licuado.

La mecánica de comer y beber en el espacio difiere de la que rige en tierra. Los alimentos tienen que colocarse en la boca con todo cuidado y una vez allí, la ingravidez ya no importa. El reflejo corporal de deglución hace descender la comida por el esófago.

Pero beber representa un problema: no se puede verter el jugo de naranja en un vaso debido a que el líquido permanece dentro de su envase. Se le puede agitar, pero el jugo saltaría y las gotas se esparcirían por toda la cabina. Por lo tanto, los líquidos deben lanzarse a la boca con un dispositivo similar a un revólver, o bien, succionarse desde el vaso por medio de un sorbete.

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