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Las ondas se caracterizan por su amplitud, longitud y frecuencia.

Todas las ondas electromagnéticas se desplazan a la velocidad de la luz: a unos 300.000 km por segundo. Se las llama así porque consisten en campos magnéticos y eléctricos que interactúan en ángulos rectos. Estos campos se intercalan transversalmente y le imprimen movimiento a la onda.

Las ondas se caracterizan por su amplitud (la mitad de la distancia entre la cresta y el seno), su longitud (la distancia entre dos crestas) y su frecuencia (el número de ondas que pasan por segundo por un punto determinado). Cuanto mayor es la longitud de onda, más baja es la frecuencia.

La unidad de medida de la frecuencia es el hertzio, llamada así en honor del alemán Heinrich Hertz, quien en 1888 demostró que era posible enviar señales eléctricas por aire.

Hertz aplicó corriente de alto voltaje a una argolla de alambre abierta, con una esfera metálica en cada extremo. Una chispa saltó de una esfera a otra, pese a la separación. Al mismo tiempo, otra chispa saltó hacia las esferas de una argolla similar que se encontraba en otra parte de la habitación. Hertz demostró que la energía transmitida de una argolla a otra era radiación electromagnética, pronosticada en forma teórica por el científico escocés James Clerk Maxwell en 1864.

La medida de la frecuencia en hertzios representa el número de ondas completas, o ciclos por segundo. Las frecuencias generalmente se expresan en kilohertzios (miles de hertzios), megahertzios (millones de hertzios) o gigahertzios (miles de millones de hertzios). Las ondas luminosas son en extremo cortas; la más larga es la del rojo: 14.000 ondas por centímetro, con una frecuencia de unos cien millones de megahertzios. La longitud de las ondas de radio usadas en comunicaciones varia de 1 mm hasta 30 km, y su frecuencia oscila desde 10.000 hertzios y 30.000 megahertzios.

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Imagen Elva Natalia
Elva Natalia

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