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Los seres humanos son casi idénticos genéticamente, pero diversos en apariencia. ¿Cómo se produjo esta variedad?

Las calles de cualquier ciudad grande del mundo están atestadas de una extraordinaria diversidad de tipos étnicos. Sin embargo, la investigación sugiere que cada uno de ellos –cada persona en el planeta– ha heredado un pequeño trozo de material genético (ADN mitocondrial) de una mujer que vivió hace más de 190.000 años en África. Entonces, ¿de dónde surgió nuestra espectacular variedad física? 

El ADN es la principal molécula en el núcleo de cada célula viviente y determina todas nuestras características físicas heredadas. El ADN mitocondrial es una pequeña hebra de material genético, similar al ADN nuclear, pero que se halla sólo en las mitocondrias, fuera del núcleo de las células. Heredamos copias exactas del ADN mitocondrial únicamente de nuestras madres, sin contaminación o mezcla con genes masculinos en ninguna generación. Ésta es la razón por la que se puede usar para rastrear a nuestro primer antepasado mujer. 

Aproximadamente una vez cada doscientas generaciones se produce una pequeña mutación en el ADN mitocondrial. Cada mutación es heredada por la siguiente generación y forma una nueva rama en el árbol del ADN mitocondrial. Este árbol materno de descendencia se reconstruyó hasta su raíz, unos 200.000 años atrás, al comparar la variación en las mutaciones de muchas personas vivas en todo el mundo. 

El árbol del ADN mitocondrial puede desplegarse sobre un mapa del mundo, como la hiedra se propaga sobre una pared, con ramas que se extienden a regiones continentales particulares. Esto hace posible determinar antiguas migraciones mediante la expansión de las ramas desde la raíz del árbol de genes en África. Como puede medirse el ritmo en que se producen las mutaciones, puede calcularse cuándo ocurrió cada una. El tiempo y la ubicación de las mutaciones muestran cuándo y dónde sucedieron las primeras migraciones y cómo se pobló el mundo. 

El árbol genético de nuestros ancestros maternos se extiende casi 200.000 años atrás, a un tipo de ADN mitochondrial hallado sólo en África, la “Eva mitocondrial”. Este término ha dado origen al concepto de una Eva africana, o “primera madre” de la humanidad moderna. La expresión es engañosa, pues sugiere que todo nuestro ADN deriva de una sola mujer africana y su pareja. Esto no es cierto. La mujer que llevaba nuestro tipo de ADN mitocondrial raíz habría vivido en un grupo humano con miles de integrantes, surgidos de humanos anteriores. Pero si bien el ADN mitocondrial de mujeres contemporáneas a ella no ha sobrevivido, casi con seguridad otras partes del genoma humano vienen de otros miembros de esa población temprana. La evidencia del ADN mitocondrial tampoco sugiere necesariamente que esa mujer represente una nueva especie; se trata de una “raza” local de humanos particularmente exitosa, que reemplazó a todas las otras en el mundo. 

¿En qué lugar de África vivía? La evidencia del ADN mitocondrial sugiere que fue en el este de África. Esto se vincula a la evidencia fósil: los primeros cráneos con rasgos característicos de Homo sapiens sapiens o “humanos anatómicamente modernos”, se encuentran en el extremo sur del valle del Rift, en el este de África. 

Migración “fuera de África” 

El este de África parece haber sido la cuna de la humanidad. Pero ¿cuándo dejamos el África subsahariana, desde dónde y cuántas salidas hubo? ¿Los europeos fueron una rama separada? La teoría más aceptada fue sugerida por un investigador de Oxford, Stephen Oppenheimer, en su libro Los senderos del Edén, en 2003. Su reconstrucción sugiere que, después de una migración abortada al Mediterráneo oriental y Oriente Medio hace 125.000 años, un grupo de humanos emigraron de África y dieron surgimiento a todos los modernos no africanos. Oppenheimer cree que este grupo dejó África en una sola salida por el Sur, a través de la desembocadura del Mar Rojo, hacia Yemen, unos 85.000 años atrás. De allí viajaron al sur de Asia, y alrededor de la costa del océano Índico por puentes terrestres hasta Bali, y, finalmente hasta Australia unos 65.000 años atrás. Los humanos pueden haberse propagado al este de Asia unos 75.000 años atrás y entraron más tarde a América por el estrecho de Bering, que formaba un inmenso continente hace unos 20.000 años. Europa no fue colonizada a través del norte de África, sino hace unos 50.000 años como un desprendimiento de la ruta asiática desde el Golfo, a través de Irán e Iraq. 

Evidencia genética 

La evidencia genética para el movimiento “fuera de África” sugiere que dondequiera que llegaran los inmigrantes reemplazaban a las especies humanas existentes, como los neandertales y los Homo erectus. Queda claro, a partir de las rutas genéticas a través de Eurasia, que, cuando los exploradores colonizaban una nueva región o subcontinente, tendían a quedarse, y sus descendientes todavía viven en esos lugares. 

La cuestión es si hubo cruza entre los humanos modernos y los neandertales y Homo erectus. La evidencia del ADN mitocondrial y del cromosoma masculino Y muestra que no hubo cruza, pero éstas son pequeñas partes del genoma humano y no pueden, por sí solas, brindar una respuesta definitiva. 

La diversidad de la humanidad moderna se desarrolló cuando las poblaciones regionales se separaron geográficamente, pero el grado de diferenciación se exagera al hacer referencia a “grupos raciales”. Un esquema típico clasifica a los humanos modernos en cinco razas principales: caucásica, mongoloide, negroide, khoisánida (referida a los bosquimanos de África) y australoide. Biológicamente, “raza” significa un grupo endogámico con un conjunto de características físicas y genéticas que lo diferencian de otros grupos. Ahora es claro que la variación anatómica o genética entre los grupos regionales de humanos es insuficiente para otorgarles el rótulo de “razas”, del modo en que la palabra se aplica a otros mamíferos. 

La reciente dispersión de humanos en el mundo implica que hay más variación dentro de los grupos que entre ellos. Entonces, ¿por qué a menudo podemos identificar los orígenes regionales de las personas con tanta facilidad? La razón más importante es nuestra poderosa capacidad de reconocer caras y las sutiles variaciones entre ellas, y la segunda razón es que hay variaciones regionales significativas entre las poblaciones como resultado no del aislamiento de los grupos, sino de la adaptación regional al sol y al clima.

 

El color de nuestra piel 

La adaptación más evidente es la pérdida del color de la piel, que varía según la latitud. Las pieles más oscuras se encuentran en zonas cercanas al ecuador (los ugandeses en África ecuatorial y los tamiles en el sur de la India), y las más pálidas, cerca de los polos (los escandinavos en el Norte y los bosquimanos en Sudáfrica). Estas características evolucionaron en relación con la fuerza de la luz solar. La melanina, el pigmento de la piel, es una pantalla solar natural y su presencia en las pieles oscuras sirve como protección contra los rayos UV, que provocan quemaduras y cáncer de piel. 

Si la protección contra los rayos UV fuera el único factor selectivo del color más oscuro de la piel, todos tendríamos piel negra, pero no es así. Hay desventajas evolutivas en tener piel oscura donde hay poca luz solar. Ésta activa la síntesis de vitamina D en la piel, que previene la deficiencia de esta vitamina y el raquitismo, enfermedad ósea que puede ser letal en la infancia y que es común en quienes migran a Europa y tienen piel oscura en lugar de la palidez de los que son de allí. 

La adaptación genética a la escasa luz solar explicaría por qué la gente de las latitudes altas es más pálida y tiene más dificultades para broncearse. Se hallaron al menos una docena de mutaciones simples asociadas con la piel más clara. Éstas afectan la producción normal de melanina en los europeos y son más comunes en Escandinavia. Se demostró que estas mutaciones blanqueadoras han sido una selección reciente en Europa, pero son raras en otros grupos de piel pálida, como los chinos, que pueden haber adquirido sus propios genes de piel pálida en forma separada: un ejemplo de evolución paralela.

 

Rasgos humanos 

Otros rasgos humanos también se relacionan con el clima. Se ha sugerido que los ojos mongoloides son beneficiosos en los países fríos; los de los cazadores del Ártico se adaptan a las condiciones del viento helado y tienen una capa de piel protectora extra (pliegue epicántico) sobre el párpado superior. La forma compacta de sus cuerpos también conserva el calor.}

Se cree que la contextura alta y delgada de los hombres de la tribu dinka de Sudán, y los masai de Kenia y Tanzania, es una adaptación que impide el recalentamiento: el elevado cociente entre la superficie y el volumen les permite irradiar mucho calor. Se dice que la diminuta estatura de los pigmeos es una adaptación a su hábitat selvático.

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joseluis13

buena

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chanchan

Soy creacionista así que no coincido con la nota

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