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Muchos animales llevan a sus crías consigo hasta que se pueden valer por sí mismas. 

 

Bajo la piel

Muchas ranas y sapos llevan sus huevos a la espalda. Para los sapos de Surinam, de la región ecuatorial de América del Sur, la colocación de los huevos en la espalda de la hembra requiere cierta habilidad para practicar un nado sincronizado muy elaborado. El sapo nada hasta la superficie del agua y cuando está cerca de ella hace una pirueta. En cada pirueta la hembra deposita unos huevos que el macho fertiliza, y así, en varias piruetas la pareja pone y fertiliza unos 100 huevos. A medida que los huevos se hunden, se acomodan en la espalda de la madre, donde crece un tejido esponjoso sobre ellos. Después de uno o dos días los huevos quedan incrustados en la piel de la madre, quien los carga durante los siguientes tres meses, es decir, hasta que se convierten en renacuajos y la abandonan.

Una rana de bolsa, de América del Sur, también lleva los huevos a la espalda, donde una capa de piel forma una bolsa que se abre en el extremo cercano a sus patas traseras. Para meter los huevos en la bolsa, la hembra asume una posición preestablecida: la cabeza baja y las patas traseras levantadas. El macho se pega a su espalda y fertiliza los huevos a medida que ella los deposita. Los huevos se deslizan a través de una hendidura que está en la espalda de la madre, hasta llegar a la bolsa de protección. Allí los huevos se convierten en renacuajos y permanecen hasta hacerse ranas pequeñas. Cuando las crías se desarrollan, la madre abre la bolsa con sus patas traseras para que salten al exterior.

Hipocampos que se embarazan

Pocos padres van tan lejos para proteger a sus hijos como los hipocampos, que incuban los huevos en el abdomen, dentro de una especie de bolsa o marsupio. Un hipocampo hembra pone varios miles de huevos en la bolsa del macho, donde él los fertiliza y los protege hasta el momento del nacimiento. La cubierta de la bolsa secreta un fluido nutricio que alimenta a los recién nacidos. Después de dos semanas, una camada de hipocampos miniatura es expulsada mediante una serie de contracciones de la bolsa. El hipocampo es quizás el caso mejor conocido de embarazo masculino, pero existen otros ejemplos de tal adaptación, como el pez aguja narigudo, que vive entre las algas de la costa occidental de Suecia. Los biólogos descubrieron que, en esta especie, la inversión de los papeles sexuales es casi completa. Por lo general, el macho es el que inicia el cortejo y el apareamiento y la hembra se limita a escoger con quién se apareará. En el caso de los peces aguja, nunca hay suficientes machos para incubar todos los huevos. En consecuencia, hay mucha demanda por el macho y es la hembra la que hace la corte.

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