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La mejor manera de prevenir riesgos potenciales es que el paciente sea su propio donador.

Autotransfusión y pruebas de paternidad

¿Puede hacerse una autotransfusión de sangre?

Es verdad que las transfusiones de sangre han salvado la vida a muchos millones de personas, pero no dejan de tener sus riesgos. Hay enfermedades que se pueden transmitir de la persona que dona la sangre a la que la recibe y, además, si la sangre del donante y la del receptor no se han clasificado adecuadamente para estar seguros de que los grupos son compatibles, la transfusión puede provocar reacciones severas que llegan incluso a ser fatales.

La mejor manera de prevenir estos riesgos potenciales es que el paciente sea su propio donador. Claro que esta medida preventiva es imposible si se trata de una intervención de urgencia, pero puede llevarse a cabo si el paciente sabe con varias semanas o meses de anticipación que será operado. En ese caso, puede ir periódicamente al hospital para que le saquen en cada ocasión alrededor de medio litro de sangre, hasta que reúna la que puede necesitar durante la intervención. En el hospital conservan su sangre en perfectas condiciones y la envían al quirófano el día de la operación.

¿Puede el grupo sanguíneo probar la paternidad?

El grupo sanguíneo al que pertenece cada persona está determinado por la herencia. Un niño hereda dos genes de grupo sanguíneo, uno de la madre y otro del padre; por lo tanto, no puede pertenecer a determinado grupo a menos que uno de los dos padres lleve un gene de ese tipo. La diferencia de grupos de sangre entre dos personas puede indicar que es imposible que se trate de padre e hijo. A eso se debe que con frecuencia se citen los grupos sanguíneos como evidencia en demandas de paternidad o en casos en que se sospecha que en el hospital han confundido a dos recién nacidos.

Con este tipo de pruebas cabe demostrar que un hombre no es el padre de un niño, pero nunca que lo sea. Si ambos pertenecen al mismo grupo sanguíneo, eso solo indicaría que podría ser el padre, como también podría serlo cualquier otro hombre que tenga el mismo tipo de sangre.

Veamos un ejemplo sencillo: una madre con sangre tipo O tiene un niño que pertenece al grupo A y acusa a un hombre de ser el padre. Si ese hombre tiene sangre del grupo O, queda plenamente demostrado que no es el padre, ya que no puede haberle transmitido el gene del tipo A. Pero si ese hombre pertenece efectivamente al grupo A, solo existe la posibilidad de que haya sido el padre.

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