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Una extensa ciudad como monumento al poder.

Una ciudad en la selva camboyana

Los caudillos del imperio jemer gobernaban en calidad de representantes de los dioses. Su reino -que abarcaba la actual Camboya y algunas zonas de Vietnam del Sur, Laos y Tailandia- floreció por espacio de 500 años, entre los siglos IX y XV. Su capital, Angkor, se concibió como un monumento a su poder: una extensa ciudad de templos y santuarios cubiertos de estatuas de arenisca, revestidas de oro y pintadas de vivos colores. Las torres estaban coronadas con tridentes dorados y en los mástiles ondeaban estandartes de seda.

El mayor de los 600 templos era Angkor Wat, construido por Suryavarman II en el siglo xII. Hoy solo conserva su fachada de arenisca, tallada con figuras de animales y escenas históricas y mitológicas. Los jemeres utilizaron también la madera, además de la piedra, pero las construcciones de madera no tardaban en deteriorarse con la humedad de la selva tropical.

No hay crónicas escritas que describan cómo se construyeron exactamente estos grandiosos templos, pero está claro que se levantaban a gran velocidad con la participación de auténticos ejércitos de obreros.

Una vez concluida cada sección del templo se procedía a realizar las complicadas tallas. Primero se hacía el dibujo sobre la superficie de la piedra y a continuación se esculpían las formas con ayuda de un cincel. Algunas de las tallas eran enormes: en la galería inferior de Angkor Wat, por ejemplo, se conserva un bajorrelieve de 1,8 m de alto y 16 m de longitud.

Las tallas representaban escenas históricas -sangrientas batallas y grandes desfiles- o mitológicas. Dioses poderosos, diosas serenas y apsarasas (las bailarinas celestiales que esperaban en el paraíso a los soldados caídos en la batalla) aparecen por doquier, y muchos de los relieves representan escenas de la mitología hindú, principalmente del Mahabharata y el Ramayana, las dos grandes epopeyas de la literatura hindú. Algunas tallas presentan una soberbia pátina creada a lo largo de los siglos por los fieles, que introducían pequeños fragmentos de pan de oro para ganarse el favor de los dioses.

La riqueza de una abundante cosecha de arroz

Los edificios no eran la única gloria de Angkor; la ciudad contaba además con dos gigantescos depósitos de agua, otros muchos de menor tamaño y una red de canales de regadío. Estas obras dan testimonio de las avanzadas técnicas de ingeniería hidráulica empleadas por los jemeres. El agua que proporcionaban permitía a la población recoger tres o cuatro cosechas de arroz al año, que fueron la principal fuente de riqueza de la ciudad. Un foso de más de 3 km de longitud presenta una desviación sobre la línea recta inferior a 1,25 cm, y uno de los canales discurre con perfecto trazado recto por espacio de 48 km.

La capital del imperio jemer fue conquistada por los siameses en 1432 y los canales de regadío quedaron abandonados a partir de entonces. El templo de Angkor Wat, inicialmente construido en honor de los dioses hindúes, se salvó de la destrucción al convertirse en monasterio budista. Cientos de monumentos construidos alrededor del templo quedaron sepultados bajo la selva, pero Angkor Wat se convirtió en importante centro de peregrinación budista.

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