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El cerebro puede elaborar sus propios analgésicos.

Analgésicos naturales y anestesias

¿Puede la tensión disminuir el dolor?

Allá por 1850, el explorador escocés David Livingstone describía así lo que experimentó al ser atacado por un león: "Me agarró del hombro cuando saltó y ambos caímos por tierra... Gruñendo espantosamente me zarandeó como un terrier a una rata. El impacto me produjo una especie de estupor durante el cual no sentía dolor ni miedo".

La reacción descrita por Livingstone no difiere mucho de lo que se observó un siglo después durante la Segunda Guerra Mundial entre los soldados que desembarcaron en Anzio, cabeza de playa de las tropas aliadas en Italia. Los médicos que atendieron a los heridos en el campo de batalla quedaron asombrados de la fortaleza que mostraban muchos hombres gravemente heridos, entre ellos un muchacho con un brazo destrozado que hablaba tranquilamente sin dar muestras de sufrir dolor o alguna alteración mental. Al principio los médicos concluyeron que los heridos parecían insensibles al dolor porque, simplemente, estaban contentos de estar vivos; pero muchos años después, tras muchas investigaciones, los especialistas en cuestiones de dolor han descubierto que lo que les pasaba a Livingstone y al joven soldado de Anzio es que estaban bajo lo que ahora se llama analgesia inducida por la tensión, un alivio del dolor producido como resultado de una emoción violenta.

La explicación de este fenómeno es que en ocasiones el cerebro elabora sus propios analgésicos; produce dos tipos de sustancias opiáceas que se llaman endorfinas y encefalinas, ambas parecidas a la morfina, aunque mucho más potentes. Lógicamente surge la pregunta: ¿por qué el dolor es, entonces, uno de los principales retos a los que se enfrenta la medicina? Simplemente porque la mayor parte de las veces los analgésicos naturales del organismo no suprimen el dolor, aparentemente solo tienen efectos drásticos en casos de tensión extrema.

¿Cuál es la diferencia entre la anestesia local y la general?

Hace cientos de años, los médicos árabes idearon la manera de anestesiar el brazo de un paciente rodeándolo de nieve y, antes de que se descubrieran los anestésicos químicos, en muchas partes del mundo los cirujanos militares entumecían el brazo o la pierna de los heridos de guerra que iban a operar comprimiendo el nervio más cercano (es el mismo efecto que uno experimenta cuando permanece mucho tiempo en una posición y se le duerme una extremidad). Estas técnicas son versiones primitivas de la anestesia local, que consiste en la insensibilización de una parte del cuerpo sin pérdida de la conciencia.

Los médicos usan actualmente diversos métodos para producir anestesia local; el más común es inyectar anestésicos químicos cerca de la zona que van a operar. La anestesia local bloquea la transmisión de los impulsos nerviosos impidiendo que lleguen al cerebro, pero el cerebro en sí no se ve afectado. Los anestésicos generales, en cambio, inactivan gran parte del sistema nervioso, producen inconsciencia y evitan que el cerebro perciba el dolor. Estos anestésicos pueden ser gases que el paciente inhala o líquidos que se le inyectan. La anestesia general abarca tres etapas: la analgésica o período de adormecimiento; la de excitación en la que el paciente ya está inconsciente pero en un estado de agitación, y la etapa de tolerancia que es cuando se practica la cirugía.

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