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Los cucos se aprovechan del instinto de sus padres adoptivos. 

El impulso de alimentar una boca abierta

Un pájaro carricero hembra que tiene un polluelo en el nido siempre anda en busca de orugas con las cuales satisfacer el enorme apetito de la cría. El macho hace lo mismo. Pero... ¡sorpresa! El ocupante del nido no es hijo de él, sino de un cuco. La hembra cuco quitó uno de los huevos del carricero a finales de mayo, para depositar uno de los suyos. Los demás huevos del carricero fueron arrojados del nido por el joven cuco casi inmediatamente después de su nacimiento, para acaparar toda la atención de sus padres adoptivos.

A pesar de ello, los carriceros siguen alimentando al polluelo por instinto; los conmueven la boca abierta y el jadeante canto del pajarito. Incluso los carriceros que solo pasan por el lugar se detienen para responder al pedido de alimento del polluelo. A los tres días de nacido, el pequeño intruso pesa lo mismo que sus padres adoptivos y, después de tres semanas, pesa cuatro veces más que ellos.

Vuelo demorado

Un cuco joven puede crecer tanto que hasta se salga del nido, lo que obliga a sus padres adoptivos a subírsele a la espalda para alimentarlo. También es capaz de romper el nido techado de un chorlito, a medida que crece. No obstante, sus padres adoptivos seguirán alimentándolo.

Aun cuando el polluelo de un cuco esté listo para abandonar el nido, sus padres adoptivos seguirán cuidando de él durante otras dos o tres semanas para demorar su partida. Finalmente, la cría decide emprender el vuelo y en agosto sale con rumbo a África para hibernar.

Los cucos depositan sus huevos en los nidos de unas 50 especies de aves que alimentan a cualquier pollo por instinto, conmovidas por el reclamo de las crías y atraídas por el brillante color del interior de su pico. El zorzal, por ejemplo, posee un pico amarillo intenso, y el del verderón es de un rojo impresionante. Los padres no pueden resistir la tentación de acercarse a las avecillas que ostentan estos colores.

Tan poderoso es el instinto de alimentar un pico abierto, que un cardenal de América del Norte le dio de comer a un carpín dorado. El pez había aprendido a sacar la boca del agua para tomar el alimento que le daban sus propietarios. Cuando vio la sombra del pájaro, abrió la boca y recibió un puñado de insectos.

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Imagen Elva Natalia
Elva Natalia

Hasta entre las aves se encuentran vividores

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