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Exponer a los niños en edad preescolar a una hora de luz brillante antes de irse a la cama casi detiene por completo su producción de la hormona promotora del su...

El estudio es el primero en evaluar el impacto hormonal que la exposición a la luz nocturna puede tener en los pequeños. Y llega en un momento en que el uso de la electrónica se está expandiendo rápidamente en este grupo etario y se suma a un creciente cuerpo de evidencia que sugiere que, debido a las diferencias estructurales en sus ojos, los niños pueden ser más vulnerables al impacto que la luz tiene sobre el sueño y la reloj biológico.

“Aunque los efectos de la luz son bien estudiados en adultos, prácticamente no se sabe nada sobre cómo la exposición a la luz nocturna afecta la fisiología, la salud y el desarrollo de los niños en edad preescolar”, dice la autora principal, Lameese Akacem, instructora e investigadora del Laboratorio de Sueño y Desarrollo de la Universidad de Colorado en Boulder. “En este estudio descubrimos que estos niños eran extremadamente sensibles a la luz”.

Para el estudio, los investigadores reclutaron a 10 niños sanos de entre 3 y 5 años en un protocolo de siete días de duración. En los días uno al cinco, los niños seguían un estricto horario de acostarse para normalizar sus relojes corporales y establecerse en un patrón en el que sus niveles de melatonina comenzaban a subir aproximadamente a la misma hora cada noche.

El día seis, el equipo de Akacem entró en las casas de los niños y creó un ambiente de poca luz, cubriendo las ventanas con plástico negro y cambiando las luces existentes con bombillas de bajo voltaje. Esto aseguró que todos los niños estuvieran expuestos a la misma cantidad de luz, lo que puede influir en el tiempo y los niveles de melatonina, antes de que se tomaran las muestras.

Esa tarde, los investigadores tomaron muestras periódicas de saliva para evaluar los niveles de melatonina en varias ocasiones. La noche siguiente, después de pasar el día en lo que llamaron juguetonamente “la cueva”, los niños fueron invitados a colorear o jugar con fichas magnéticas en la parte superior de una mesa de luz emitiendo 1.000 lux de luz (aproximadamente el brillo de una habitación brillante) por una hora.

Luego, los investigadores tomaron muestras nuevamente, comparándolas con las tomadas la noche anterior.

Los niveles de melatonina fueron un 88 por ciento más bajos después de la exposición a la luz brillante. Los niveles permanecieron suprimidos al menos 50 minutos después de que se apagó las luces.

Las comparaciones directas entre este estudio y los estudios en adultos deben hacerse con precaución debido a los diferentes protocolos de investigación, subrayan los investigadores. Sin embargo, señalan que, en un estudio, un estímulo de luz de una hora de 10.000 lux (10 veces el del estudio actual) suprimió la melatonina en solo un 39 por ciento en adultos.

“La luz es el cronometrador principal de nuestro reloj cerebral”, explica la autora principal del trabajo, Monique LeBourgeois, profesora asociada en el Departamento de Fisiología Integrativa. “Sabemos que los individuos más jóvenes tienen pupilas más grandes y sus lentes son más transparentes. Esta mayor sensibilidad a la luz los hace aún más susceptibles a la desregulación del sueño y el reloj circadiano”.

Ella explica que cuando la luz golpea la retina en el ojo por la noche, produce una cascada de señales hacia el sistema circadiano para suprimir la melatonina e impulsar la entrada del cuerpo a su “noche biológica”. Para los preescolares, esto puede no solo provocar problemas para conciliar el sueño una noche, sino también problemas crónicos con la sensación de sueño

La melatonina también juega un papel en otros procesos corporales, regulando la temperatura, la presión sanguínea y el metabolismo de la glucosa.

“Los efectos de la luz en la exposición nocturna definitivamente pueden ir más allá del sueño”, asevera Akacem.

El tamaño de muestra del estudio fue pequeño y solo usó una intensidad de luz de 1000 lux, que es mucho mayor que la intensidad de un dispositivo electrónico de mano típico, señala.

Con una nueva subvención de US$ 2,4 millones de los Institutos Nacionales de Salud, LeBourgeois lanzó recientemente un estudio en el que expondrá a 90 niños a la luz de diferentes intensidades para determinar cuánto se necesita para impactar el reloj circadiano.

“Los años preescolares son un momento de desarrollo muy sensible durante el cual el uso de los medios digitales se está volviendo cada vez más omnipresente”, indica Le Bourgeois. Así, el uso de medios electrónicos entre los niños pequeños se ha triplicado desde 2011. Por ello, “esperamos que esta investigación pueda ayudar a los padres y médicos a tomar decisiones informadas sobre la exposición a la luz en los niños”, concluyó.

La lección para los padres de hoy: atenuar las luces en las horas previas a la hora de acostarse.

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