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El agua que llega a las urbes proviene generalmente de los ríos.

Agua para la Urbe

Por las imponentes cataratas del Niágara se precipitan cada día 72.000 millones de litros de agua, caudal que tardaría 17 días en llenar las 21 presas principales de la ciudad de Nueva York. Tan solo la presa Pepacton, la más grande de la urbe, almacena agua suficiente para sumergir Manhattan entera a 12 m de profundidad.

Cada día, Nueva York consume 5.390 millones de litros de agua, contando la utilizada en fábricas y oficinas; o sea, unos 757 litros por habitante. El sistema de abastecimiento de esa ciudad lleva el agua a los consumidores a través de una red de más de 9.000 km de tubería.

En Inglaterra, el requerimiento doméstico diario de la región del Támesis es de 3.200 millones de litros. Cada uno de los 12 millones de habitantes de la zona consume en promedio 158 litros de agua potable al día. Poco más de la tercera parte se emplea en los excusados y otros 57 litros en lavabos y duchas. Los 43 litros restantes se destinan al lavado de ropa, trastos y automóviles, así como para beber, cocinar y otros usos.

El agua que se provee a las urbes proviene generalmente de los ríos; Nueva York, por ejemplo, la obtiene del Hudson y del Delaware. El túnel de abastecimiento Nueva York-Delaware Oeste, de 170 km de extensión, es el acueducto subterráneo más largo del mundo. Más de la mitad de las tomas de agua de la región del Támesis son abastecidas por el propio río, y el resto se obtiene de lagos y ríos subterráneos a través de pozos.

El agua es canalizada a las estaciones de filtrado y bombeo, donde gruesas cribas retienen los desechos sólidos voluminosos y las bombas envían el agua a los depósitos de almacenamiento. En estos se sedimentan los desechos menores y el aire neutraliza otras impurezas.

Después, una red de tuberías conduce el agua de los depósitos a las plantas de tratamiento, donde se efectúa la potabilización. El método usual consiste en filtrar dos veces el agua a través de unas camas de arena, que son limpiadas diariamente. En la primera cama, una arena gruesa retiene las impurezas más grandes del agua y luego esta es depurada por una arena más fina.

Después, el agua se trata con cloro en un tanque cerrado para matar las bacterias, y luego se desclorura para volverla insípida. Entonces se bombea a presión a las tuberías principales, que la llevan a las tomas de los usuarios.

El agua potabilizada se puede usar de inmediato o ser desviada para su almacenamiento en tanques de reserva o en torres de agua; estos se encuentran normalmente en lugares altos, aunque algunos se hallan en el subsuelo, en zonas públicas como los parques.

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