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¿Qué son los ruidos que se escuchan cuando la casa se “asienta” o cruje?

A uno le gusta pensar que su hogar es un baluarte, un refugio de las vicisitudes y caprichos del mundo exterior. La infraestructura de una casa consiste en elementos como vigas, pilares y cimientos, palabras que connotan firmeza, permanencia e inmutabilidad.

Pero los arquitectos consultados para esta nota corrigieron pronto ese error. De hecho, hablarle a un arquitecto de la estabilidad de las casas es algo así como hablarle a Norman Bates de Psicosis, sobre la gran seguridad que nos ofrece estar en una ducha. En particular, uno queda muy sorprendido con el libro Cómo funciona un edificio. Principios elementales, escrito por Edward Allen, prestado por James Cramer, vicepresidente ejecutivo y CEO del Instituto Americano de Arquitectos.

En el capítulo sobre cómo dejar lugar para el movimiento del edificio, Allen detalla las muchas maneras en que éste se mueve; y si uno recurriera a los clichés y a los juegos de palabras, podría decir que esa introducción conmueve hasta los cimientos.

Un edificio, aunque parezca una mole maciza y sólida, nunca está en reposo. Usualmente se trata de movimientos muy pequeños, no detectables a simple vista; pero la mayoría de ellos tiene una fuerza prácticamente irresistible, y harían caer el edificio en pedazos si no se los contempla de alguna manera. 

Allen expresa que en una casa promedio, todos estos componentes pueden moverse y, de hecho, lo hacen: 

1. La tierra que está por debajo de los cimientos se repliega bajo el peso de los cimientos nuevos. 

2. Ciertos materiales que se colocan húmedos, como el mortero, el concreto y el revoque fino, se contraen cuando fraguan. 

3. Algunos materiales secos, como el yeso de terminación, tienden a expandirse y presionan contra los elementos adyacentes. 

4. La mayor parte de la madera usada en obra no está completamente seca cuando se instala. La madera húmeda se encoge al secarse. 

5. Los elementos estructurales que soportan cargas, como las vigas, los pilares y las columnas, se arquean con el peso y el paso del tiempo.

6. El viento y los temblores de tierra son otra causa “natural” de desviación. 

7. La madera y el concreto se comban. 

8. La madera, en particular, tiende a dilatarse cuando se expone a alta humedad, y a contraerse en condiciones secas. Cuando la humedad disminuye notablemente, como ocurre en una habitación calefaccionada en invierno, la madera cruje de manera apreciable. 

9. Cualquier material que esté junto a otro material con características de movimiento diferentes, corre el riesgo de friccionar contra el otro o de separarse cada vez más; todo eso puede causar movimiento y ruidos. 

10. Todos los movimientos mencionados antes pueden generar ruidos, pero el sonido que más comúnmente se asocia con el “trabajo” de los materiales es realmente la dilatación y contracción del edificio. 

Allen lo explica así: los movimientos de ida y vuelta causados por efecto de diferencias térmicas y de humedad se producen continuamente. A veces, a diario.

Un edificio aumenta de tamaño de manera mensurable en un clima cálido, y se achica cuando el clima es frío. Un techo, calentado por el sol, se dilata al mediodía, mientras que las paredes que lo sostienen, más frías, permanecen del mismo tamaño. Por la noche el techo se enfría y se contrae. 

Y se podría seguir indefinidamente. Los cálculos del arquitecto compensan el movimiento inevitable de estos materiales. O, al menos, esperamos que así sea. De lo contrario, el ruido de los crujidos nos podría hacer correr la misma suerte que Janet Leigh en Psicosis.

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