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Un informe reciente del Pew Research Center asegura que para 2025 los robots ocuparán el trabajo de muchos de nosotros. Así se los veía en 1980, cuando Seleccione...

Publicada en 1980

Un norteamericano apodado “PUMA”, en poco tiempo se someterá a prueba como recluta de la legión ambulante de esquiladores bien pagados que anualmente le quitan el abrigo a los 135 millones de ovejas de Australia. A diferencia de los otros 10.000 trasquiladores, PUMA es un autómata, parte de un equipo que va a ser probado en una labor que hasta ahora había desafiado a la mecanización. 

Con la apariencia de un saltamontes, PUMA (siglas en inglés de Máquina Programable de Armado Universal) realiza las funciones de solo una parte del cuerpo humano, el brazo, y generalmente está atornillado al piso, inmóvil. Va a la vanguardia de un ejército de autómatas, pequeños y relativamente baratos que, cada vez más, se hacen cargo de tareas tediosas o peligrosas realizadas antes por el hombre.

Los autómatas se emplean en la industria desde principios del decenio de 1960, pero los primeros modelos eran grandes y torpes. Como sílfides, los de la nueva generación despliegan mucha más inteligencia gracias a la tecnología de la microelectrónica aplicada a las computadoras. Son ágiles y de múltiples habilidades. Pueden ser equipados con una variedad de “manos”: uñas o “pinzas” mecánicas capaces de levantar piezas de repuesto, o con boquillas rociadoras que los convierten en pintores, o con arcos que los trasforman en soldadores. Estos robots ponen y sacan piezas de los hornos, troqueladoras y correas trasportadoras, y algunos lo hacen incluso cuando se mueven llevados por estas últimas. También templan piezas que están al rojo vivo, lubrican matrices de estampadoras, barrenan, colocan tornillos y pulen piezas de repuesto.

Intervienen asimismo en la inspección de productos terminados. En las fábricas de la compañía Texas Instruments, por ejemplo, docenas de pequeños brazos provistos de “ojos” que son cámaras de televisión, enfocan calculadoras de bolsillo que pasan en una correa trasportadora, las levantan y las colocan en un centro automático de inspección electrónica. En algunas fábricas, los robots han empezado a realizar tareas de montaje. Hacia fines de 1980, la General Motors instalará doce PUMAS que montarán parte de las armaduras (partes movibles) de motores eléctricos y enroscarán pequeñas bombillas eléctricas en tableros de instrumentos. 

La industria del robot. Muchas empresas han comenzado a descubrir las posibilidades que ofrecen, y su interés ha alimentado una explosión de ventas en la Unimation Inc. de Danbury (Connecticut), la más grande productora de autómatas y creadora del PUMA. Otros fabricantes de robots informan que la demanda va en aumento.

Joseph Engelberger, el físico que fundó la Unimation en 1958, recuerda que al principio tenía que rogarles a los posibles usuarios que compraran su invento. El creciente interés de la industria por los autómatas está ahora relacionado con la preocupación por la productividad y las ganancias. Los robots están proyectados para trabajar al ritmo de los obreros, por lo cual pueden hacerlo en armonía con las operaciones en marcha en las fábricas. El aumento de la productividad se deriva de la circunstancia de que el autómata trabaja en forma más regular que el humano en tareas monótonas y peligrosas; no sufre resacas y puede cubrir tres turnos y las colocan en un centro automático de inspección electrónica. En algunas fábricas los robots han empezado a realizar tareas de montaje. Hacia fines de 1980, la General Motors instalará doce PUMAS que montarán parte de las armaduras (partes movibles) de motores eléctricos y enroscarán pequeñas bombillas eléctricas en tableros de instrumentos.

Y, más aun, trabajan a un ritmo más estable que el ser humano. En un caso bastante típico, una operación de fundición de matrices, los autómatas que colocan las placas de metal en el horno y recogen las matrices calientes han elevado la producción hasta un 10 por ciento, han reducido los requerimientos de personal en un 70 y las piezas defectuosas hasta un 15. En esta operación con sus emanaciones nocivas y abrumadora humedad, los obreros se sienten felices de dejar sus puestos a los robots.

Quizás el aspecto más atractivo sobre los autómatas que ahorran dinero, desde el punto de vista de la industria, es que su “trabajo” se ha abaratado en términos relativos. Cuestan entre 10.000 y 120.000 dólares (el equipo auxiliar puede fácilmente duplicar el costo de instalación), pero a menudo se logran ahorros sustanciales. En la fábrica de la Goodyear Tire & Rubber Co., en Luckey (Ohio), dos mujeres en cada turno realizaban la tarea de llevar pesados neumáticos de una a otra línea de montaje. Ese trabajo lo hace ahora un autómata que costó 23.000 dólares. El gerente de ingeniería de la fábrica calcula en 28.000 dólares anuales el ahorro directo en salarios. Además, la compañía ha liberado a la mujer de ese trabajo pesado, con sus riesgos de lesiones en la espalda.

Los fabricantes de automóviles son quienes utilizan el mayor número de autómatas. La Ford Motor Co. va a la cabeza con 276 instalados. Se emplean con más frecuencia para soldar, y en segundo término, en tareas de pintura. Un grupo de robots dedicados a soldar la carrocería de un auto en una línea de montaje en marcha, parece un enjambre de insectos de otros mundos que picotearon a un enemigo entre el rechinar de los engranajes y los resoplidos que dan las manos neumáticas cuando dejan escapar el aire comprimido.

Otras industrias empiezan a descubrir que los pueden emplear en forma efectiva. Los fabricantes de muebles proyectan utilizarlos para diseñar, moldear y pulir la madera. Tres de ellos arman cartuchos para cintas de máquinas de escribir en una fábrica de la compañía Olivetti, en Pensilvania.

Con el objeto de difundir el empleo de los robots, la General Electric ha establecido el Robotics Productivity Lab o Laboratorio de Producción de Robots, servicio de exhibición, valuación y entrenamiento en Schenectady (Nueva York), donde están en exhibición 14 robots. Vern Estes, gerente del laboratorio, permite que distintas divisiones de la General Electric prueben las máquinas mediante un programa denominado “alquile un autómata”. La misma empresa estudia también su empleo en el armado de piezas pequeñas de aparatos caseros de menor tamaño. 

Aprender no es fácil. La programación de las computadoras es la clave de la trasformación de los robots en armadores. Es posible instruir a los autómatas más adelantados, como el PUMA, mediante mensajes escritos en el teclado de una computadora, en un vocabulario que incluye 100 palabras del idioma inglés como “here” (aquí), “move” (mover), y otras. Los científicos del Laboratorio Charles Stark Draper, Inc., de Cambridge (Massachusetts), han construido una central de autómatas que arman alternadores de automóvil que constan de 17 piezas. La Westinghouse está construyendo, con la ayuda financiera de la Fundación Nacional para la Ciencia, una línea piloto de montaje de diferentes tipos de motores eléctricos pequeños.

Deberán superarse obstáculos importantes antes de que una línea completa de montaje a cargo de autómatas sea una realidad. El principal es la llamada presentación de piezas. Resulta fácil para un ser humano tomar una pieza de un cajón, pero para un robot es un paso gigantesco. Los sistemas de visión artificial no ofrecen problemas para reconocer objetos que estén aislados, en una superficie plana; pero cuando se trata de piezas amontonadas unas sobre otras, reconocerlas se convierte en un tremendo problema de computación para los autómatas.

Encastrar piezas con márgenes de tolerancia extremadamente reducidos ofrece otro gran problema. En el Laboratorio Draper, la operación más difícil en el armado de alternadores fue la inserción de un cojinete en la caja principal del aparato. Los científicos pasaron años analizando las inserciones de ajuste estrecho y las fuerzas de desviación que pueden causar atascamientos y raspaduras. Esos estudios llevaron a la invención de un ingenioso dispositivo que evita los atascamientos.

Si los robots van a hacerse cargo de más tareas en las fábricas actuales, y van a trabajar junto con los obreros, habrá que dotarlos de una visión mejor y de cierto sentido del tacto. 

víctor Scheinman, el genio de la mecánica, de 37 años, que cons-truyó el PUMA, dice que los robots armadores necesitan, probablemente, una mano de forma humana con dos, tres o más dedos dotados de sensores para medir la fuerza del apretón. El objetivo de Scheinman es construir un autómata con una mano lo suficientemente sensible “para que PUMA sea capaz, en determinado momento, de levantar un huevo sin aplastarlo y al siguiente alzar un lingote de plomo sin dejarlo caer”.

¿Están los robots a punto de desplazar en masa a las personas? Sindicatos como el de los Obreros Unidos del Automóvil en Estados Unidos ya expresan su preocupación. Según James Albus, que trabaja en un proyecto para dotar de visión a los autómatas en la Oficina Nacional de Normas Industriales: “En unos pocos años tendremos fábricas en las que los obreros estarán dedicados principalmente a la vigilancia de los robots”. Albus agrega que, si la industria sigue con los autómatas el camino que siguió con las computadoras, “veremos autómatas capaces de construir autómatas, y el precio de las máquinas, que es hoy de 50.000 dólares, bajará a 2.000 o menos. Esto significaría, en muchas operaciones, una tasa efectiva de salarios de solo 70 centavos por hora”.

Los posibles compradores de robots expresan un punto de vista menos entusiasta. La mayoría de las tareas estará todavía a cargo de seres humanos. Engelberger considera que para fines de siglo los autómatas no van a reemplazar a más del cinco por ciento de la fuerza obrera del mundo. Como lo observa Paul Guy, director de la oficina de sistemas y energía industrial de la empresa Ford: “El robot enfrenta una competencia muy seria: la del ser humano”. 

Robots: ¿amigos o adversarios del hombre?

Esta es una pregunta que aun hoy se formulan los científicos y todavía no han llegado a una conclusión definitiva. Un dato: un informe reciente del Pew Research Center asegura que para 2025 los robots ocuparán el trabajo de muchos de nosotros. El estudio compila las opiniones de 1.800 académicos y expertos en la industria, el trabajo y las nuevas tecnologías, en torno a la Inteligencia Artificial (IA) y la robótica. La mitad de los consultados considera que las máquinas acapararán la mayoría de los trabajos para 2025, y no solo los manuales; mientras que la otra mitad cree que los robots ayudarán a crear más empleos de los que quitará.

Entre ellos, Jerry Michalski, fundador del grupo de expertos Rex, opina que “la automatización ha ganado la carrera al trabajo humano y mientras necesitemos una divisa fiduciaria para pagar el alquiler o la hipoteca los seres humanos serán expulsados del sistema en masa”. Michalski considera que los únicos sectores libres de este auge son los que requieren de mayor trabajo manual, como los jardineros, pintores o niñeras; de esfuerzo humano distante como editores, entrenadores o coordinadores; y finalmente las posiciones directivas más altas. “El resto será sustituido por la automatización”, sentencia.

Del otro lado, el 52 por ciento considera que la tecnología no destruirá empleos, sino que creará más de los que podrá destruir. Se descubrirán nuevos nichos de empleo. En este sentido, el científico del laboratorio de inteligencia artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), David Clark, argumenta que el mayor impacto de los robots será en el sector servicios, pero que no llegará para la próxima década, ya que no considera que “los dispositivos autónomos vayan a ser verdaderamente autónomos. Creo que simplemente nos permitirán ofrecer unos servicios de mayor calidad pero con el mismo nivel de participación humana”. 

Fuente: Universia España 

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